Luz Gaggi: "Nunca encajé en el estereotipo hegemónico"
Saltó a la fama como participante de un reality y se convirtió en una de las voces más potentes de la nueva escena local. Con un segundo álbum respaldado por grandes nombres de la industria, la cantante y compositora de 23 años explora los contrastes entre la tristeza y la felicidad desde una mirada profundamente personal.
El recorrido de Luz Gaggi parece cada vez más cerca de la consagración y más lejos de aquellos días en que irrumpió en la pantalla como la gran revelación del reality La voz argentina. Con una campaña VEVO DSCVR (el ciclo de sesiones de la red de videos Vevo que se ubica entre los más prestigiosos de la industria) y un segundo álbum con Cachorro López como productor discográfico y guía artístico, la cantautora platense se para en un lugar que pocas artistas de su generación conocen: el de la singularidad. El 7 de agosto será la presentación del disco en Vorterix con la promesa de celebración absoluta. Un recorrido emocional donde las letras que duelen conviven con ritmos que invitan a bailar, mostrando una faceta reflexiva y vulnerable de la cantante.
En esta charla exclusiva con El Planeta Urbano, Luz nos abre su corazón: habla de su nuevo trabajo y de qué es, para ella, la gloria de verdad. Spoiler: no tiene nada que ver con la fama.
–El título del álbum, Mientras busco la gloria, es más que sugerente. ¿Qué significa la gloria y por qué elegiste centrarte en el camino previo a alcanzarla?
–Hace un tiempo empecé a hacer un registro en cuadernos –yo escribo mucho, todo el tiempo– y siempre terminaba las frases con algo así como “Gloria a Dios, gracias”. Se lo había escuchado a una mujer cuando hice uno de mis primeros viajes sola a Panamá. La chica que me llevó de madrugada al aeropuerto, cuando estaba amaneciendo, dijo: “Mirá qué lindo el sol. Gloria a Dios, gracias”. Me quedó re impregnada esa frase. Durante todo ese año la gloria estuvo muy presente, incluso en un momento le iba a poner así al disco directamente, pero me pareció apresurado de mi parte, teniendo 23 años (se ríe).

Y entre todo eso llegamos a “Mientras busco la gloria”, porque esa sed, ese hambre de querer llegar a ese éxito sagrado, ilumina cosas en el medio que creo que es donde más ocurre la vida. Yo me crie en un ambiente bastante holístico, por mi madre y por las creencias de mi padre, entonces todo lo espiritual y lo energético estuvo siempre muy presente. La gloria no me la imagino como un éxito mundano, que te vaya bien en el trabajo, cositas materiales que puedan ir apareciendo, sino desde un lugar sagrado e impoluto. Supongo que debe ser la paz, la alegría, la felicidad de sentirse bien con uno mismo.
–¿Recordás el momento puntual cuando apareció el nombre?
–El concepto salió mucho tiempo después de haber finalizado el álbum, unas dos semanas antes de que subiéramos todo a las plataformas, yo me estaba volviendo loca con eso. Terminó cayendo una noche acá en el living de mi casa, con uno de mis mejores amigos, y fue una celebración entre los dos, saltamos, nos abrazamos. Siento que era el nombre correcto, el que más describía mi situación de ese momento.
–¿Cuál era esa situación?
–El año pasado estuve en un pozo bastante heavy de tristeza. Y sin embargo seguía yendo al estudio, seguía haciendo temas. En el momento más triste de todos estaba haciendo “Magic Kit”, que es el tema más funky del disco. Esa dicotomía entre lo que me estaba pasando en la vida y lo que sucedía en el estudio fue también una justificación del nombre: mientras busco eso tan grande que estoy buscando, sucede la vida, sucede que me mudo sola, sucede un disco.

–En una nota dijiste que entrar al estudio con Cachorro López te “curaba el espíritu”. Entiendo que tiene que ver con esto que mencionás. ¿Cómo operaba eso mientras estabas pasándola tan mal?
–Cachorro tenía sus dinámicas para sacarme de ahí sin saber que yo estaba ahí. Y musicalmente pudimos generar obras que no empataban con lo que me estaba sucediendo a nivel personal. Eso me despejó y me sanó bastante, fue un proceso de mucho aprendizaje. En algunos temas las letras no eran del todo alegres, pero el ritmo generaba un contraste muy interesante, estuvo muy pensado.
Con este álbum crecí mucho como compositora y se me abrió ese juego: el contraste entre lo que decía y el ritmo con el que lo decía. “Piernas fascinantes”, por ejemplo, habla de la estructura sistemática de lo estético, del consumo, de a qué estamos idolatrando en cuanto a los cuerpos. Yo nunca fui ni la representación de eso, ni nunca encajé en el estereotipo hegemónico (se ríe). Me he encontrado en el lugar del consumidor anhelando algo que no me pertenecía y la canción lo lleva desde un lugar sarcástico, irónico: “Quiero ser como ella, fina, débil y adorada”. Igual con “Magic Kit”, que habla del consumo de sustancias en las fiestas y sigue siendo una canción re funk, re para bailar.
–Estás en un momento muy personal, de vivir sola por primera vez, encontrarte a vos misma, mientras el afuera te señala como una de las artistas con mayor proyección internacional. ¿Cómo equilibrás esa contradicción?
–Es algo que me lo he planteado mucho. Hay un choque total entre lo personal y lo artístico. Las ambiciones o la visión que tengo de mí misma a nivel persona a veces no congenian mucho con la de la artista global. Trato de entrenar lo más posible el hecho de estar en mi eje y tener las metas claras, abriéndome también a la posibilidad de transformarme, porque eso forma parte de la evolución. Siento que mientras haya música y arte y yo siga cantando, lo que haga va a ser sincero. Y el día que no lo sea, se va a notar. Mientras tenga convicción en lo que pienso y canto, la búsqueda de gloria va a seguir siendo auténtica.

–¿Tenés herramientas o hacés alguna práctica de algo que te ayude a sostenerte en ese equilibrio?
–Mi madre es terapeuta holística, así que estoy analizada desde que soy una niña (se ríe). Siempre recomiendo hacer terapia –cognitivo conductual, psicoanálisis, lo que cada uno quiera–, siento que es muy importante, más hoy en día que todo es una locura. También la biodecodificación, el reiki y otras prácticas me abrieron un campo en el que me exploro y me siento segura. Confío en que hay algo más grande que nos contiene, ya sea un Dios o en lo que cada uno quiera creer. El solo hecho de creer en algo ya te deja más tranquilo en la vida.
–Hay una onda retro en este álbum, especialmente en el tema “No fui yo”, que cuenta con la producción de Ale Sergi. ¿Es una búsqueda adrede o surgió de la sinergia natural al trabajar con él?
–A Ale lo buscamos porque me crie escuchándolo. Miranda estuvo muy presente en mi vida y su forma de plantear la música me parece excelente. Fuimos al estudio con Cachorro en blanco total y dijimos: “Veamos qué sucede”. Fue tan natural que empezamos a agarrar referencias y la cosa fluyó sola. Ale no solo produce, sino que sabe muchísimo de música. A mí, que me dedico a esto, sentarme a escuchar historias o datos de los años 70 me vuelve loca. Con él también fue con quien más libre me sentí a la hora de escribir la letra. “No fui yo” soy, básicamente, yo levantándome un día en una casa ajena –algo que puede pasar tranquilamente a mi edad– llevándolo a lo divertido: era mi fantasma. Tenía ganas de contar eso, tipo “no me hago cargo, chau, me voy” (se ríe). Él lo entendió al toque, nunca criticó el concepto. Por suerte coincidimos mucho todo el tiempo.

–Ya habías lanzado algunos adelantos como “Avión a Madrid” y “Flores”. ¿Sentís que el público ya estaba listo para esta faceta más madura?
–Sí, creo que sí. Tengo mucha gente que crece conmigo todo el tiempo, hay personas que me siguen desde el programa, desde siempre y han visto todo el recorrido. Siento que había ganas de escuchar algo diferente, algo más maduro que representara mi crecimiento. Dejé de tener 19 y pasé a tener 23 años, era bastante inevitable que sucediera una madurez musical también. Y seguramente en cuatro años voy a hacer otro tipo de disco que va a sonar diferente.

