Roberto Peloni, la pasión en escena: "El arte y la cultura fueron una salvación para mí"

Actor, director y docente, viene construyendo una carrera sólida desde el under, con un recorrido que combina formación, riesgo y oficio. Hoy, con El brote, el unipersonal que agota localidades desde 2022, logra conquistar al público y a la crítica función tras función.

Con una formación sólida en la Escuela Superior Municipal de Teatro de Lanús y un perfeccionamiento con maestros, como Ricky Pashkus y Julio Chávez, la trayectoria de Roberto Peloni es testimonio de una pasión desmesurada por el arte dramático. Si bien estuvo en innumerables obras y musicales, fue con el unipersonal El brote, escrito y dirigido por Emiliano Dionisi, que alcanzó el reconocimiento unánime del público y la crítica. La obra debutó en 2022 en el íntimo Teatro del Pueblo, con capacidad para cien personas, y logró agotar localidades durante toda la temporada en el Auditorio de Mar del Plata, que ofrece mil plazas por función. En ella, Peloni sumerge al público en la historia de Beto, un actor frustrado que confunde realidad y ficción ante la falta de oportunidades, e interpreta a un sinfín de personajes de forma magistral.

Galardonado con múltiples premios, el artista se encuentra de gira por distintas ciudades de España y en mayo regresa al país para reestrenar en el Maipo la obra que tantas alegrías le regaló. Además, protagoniza la tercera temporada de Benito de la boca, el musical sobre el emblemático Quinquela Martín, en el Teatro de La Ribera.

–A pesar de abordar la frustración de un actor, El brote, lejos de ser una obra de nicho, trasciende a espacios populares, ¿a qué le atribuís ese éxito?

–Cuando arrancamos asumimos que actuaríamos para los teatristas, porque entendíamos que el material hacía mucho pie en eso. Ensayamos un año, decidimos tomarnos el tiempo de cocción que la obra requería, saliéndonos del formato tradicional de dos meses de ensayo y estreno que tiene el teatro comercial. Antes de lanzarnos con las funciones, hicimos unas pruebas con alumnos de escuelas y públicos que no eran de teatro y tuvimos una respuesta tremenda. Estrenamos y se nos fue de las manos, tuvimos que agregar funciones y luego trasladarnos al Maipo.

El espectáculo tiene cierta complejidad y distintas capas: el que conoce los clásicos se va a regocijar escuchándolos y el que no, es guiado a comprender a qué pertenece cada cosa, nadie se queda afuera. El mecanismo hermoso que creó Emiliano en la construcción de la trama resulta muy vertiginoso y es muy entretenido para cualquier espectador.

–¿Qué cuestión universal de la obra creés que conecta tan profundamente con el público?

Creo que lo que terminó aterrizando es la honestidad y el amor con la que abordamos la frustración, esa sensación de no alcanzar nunca lo que uno anhela. Puede trasladarse al ámbito laboral, al vincular… En la actualidad, eso está muy a la orden del día, exacerbado por la velocidad con que se manejan las cosas y la falsa promesa de éxito instantáneo que proyectan Instagram o TikTok.

Venimos de una época marcada por programas como los de Tinelli, donde aparecían figuras de la noche a la mañana que las explotaban en todos los medios. Esa ilusión de éxito inmediato hacía que la mayoría no terminara bien, porque no todos están preparados para enfrentar una máquina devoradora de carne como lo es la industria de la televisión, sobre todo. También el tema de la salud mental que aborda el personaje, la distorsión de la realidad, creo que conecta con la gente.

–En un momento tu personaje revela cómo lo marcó en su vida la primera vez que vio teatro, ¿recordás qué te pasó a vos cuando viste una obra por primera vez?

–Comencé en el teatro, sin haber visto nunca teatro. Me enteré de casualidad en la secundaria que había una Escuela Municipal en Lanús, me llamó la atención y me anoté. Ahí encontré un lugar mágico al que le estoy muy agradecido. Estamos a nada del fallecimiento de Antonio Gasalla y para mí él metió el teatro en mi casa, por la televisión, porque yo lo veía desde chiquito y amaba esos personajes, las caracterizaciones, había algo de todo ese universo que me atraía. En estos días me pareció fantástico que las redes sociales se pusieran un poco más bellas, porque por todos lados aparecía algo de Antonio con ese humor ácido que lo caracterizaba.

Después, con el tiempo, vi a mis primeros maestros actuar o al monstruo de Urdapilleta en Mein Kampf. Me acuerdo también de que juntaba los sobrecitos de jugo Tang y los canjeaba por una entrada para ver Drácula. Ahí me volví loco, esas experiencias me ataron para siempre a esta vocación que amo. Hace un tiempo leí algo como que uno no elige su vocación, sino que ella te elije a vos. Sé que es una bendición encontrar algo que de verdad te estimule. El arte y la cultura fueron una salvación para mí.

–Te escuché en alguna entrevista contar tu historia de vida, de haber pasado muchas penurias. ¿Qué se siente hoy, después de todo ese recorrido, poder vivir tranquilo de tu vocación?

–Es que no me imagino otra posibilidad. Cuando empecé con los primeros trabajos de actuación, laburaba con un grupo de animación para fiestas y eso me permitía pagarme mis estudios, porque los actores, generalmente, empezamos a solventar nuestra propia carrera.

La instancia de la niñez hasta la adolescencia fue compleja, mi vieja quedó viuda muy joven, vivíamos con lo justo, pero nunca me faltó nada. Mientras ella trabajaba nueve horas, yo me quedaba solo desde los siete años en casa y para mí era normal, siempre fui un chico responsable, porque veía el esfuerzo de mi mamá. Ella siempre me dijo: “Vos lo único que tenés que hacer es estudiar y recibirte de todo lo que puedas, no quiero que trabajes”. En un momento le dije que quería estudiar teatro, ella confió en mí y me apoyó. Siempre fuimos un gran equipo como familia. La amo y le estoy muy agradecido.

–Vamos a nombrar a tu mamá, Susana Casador, que siempre te alentó, ¿llegó a verte actuar en El brote?

–No, ella se fue con la pandemia, hay un antes y un después para mí de su partida, pero la verdad es que no hay una sola función de la obra en que no sienta que ella está conmigo acompañándome, y que sigue tan orgullosa de mí como siempre. De hecho, te confieso que creo que todo lo que sucedió con El brote fue, de alguna manera, una especie de regalo de su parte.

–¿Puede ser que tu próximo desafío sea junto a tu pareja, la actriz y bailarina Jessica Abouchain?

–Sí, estamos escribiendo y armando algo juntos. Ella va a actuar con cuatro chicos y yo los voy a dirigir. Es un proyecto muy personal y muy importante para nosotros por muchas cosas, pero todavía no te puedo contar demasiado porque está en proceso. Estoy contento de poder hacer esto con Jess que, además de ser talentosísima, es mi gran amor.

Fotos: Germán Romani, Silvi Galdi y gentileza prensa

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