Benito Cerati: "Es la primera vez que Argentina tiene artistas de pop mainstream que llenan lugares"
Con ¡Viva la devolución!, su álbum más reciente, el artista se aleja de la experimentación de sus primeros trabajos para abrazar un sonido más directo y personal. En esta entrevista, habla de su proceso creativo, su mirada crítica sobre la tecnología y las redes sociales, y de cómo está forjando su identidad artística a través de una trilogía de discos y un documental ficticio.
Benito Cerati acaba de entrar en una nueva etapa de su carrera. Tras liderar su propia banda, Zero Kill, se lanzó como solista en 2022 con Shasei, un álbum atravesado por diversos climas y con un claro sello experimental. El año pasado editó ¡Viva la devolución!, un disco urgente y directo en el que, explorando su faceta de productor, se animó a incursionar en el pop electrónico y logró desarrollar un sonido que, según él, es el que mejor lo define. Por si fuera poco, en febrero lanzó el lado B de este nuevo trabajo, que incluye remixes, reversiones, un tema nuevo y, siempre asumiendo riesgos, un cover de Massive Attack que, como dice, representa su personalidad. Fue tanta la inspiración que para los próximos meses promete una trilogía y hasta un documental ficticio.
–Desde el vamos estas nuevas canciones van directo al grano y suenan muy distintas a lo que habías hecho antes. ¿Qué tan diferente fue tu proceso creativo esta vez?
–Algo que siempre me costó mucho es la síntesis, sobre todo porque yo siempre tuve muchas ideas a la vez. Entonces, en mi catálogo solían haber canciones que duraban diez minutos, que pasaban de una a otra y que no respetaban ningún tipo de métrica ni de escalas. Simplemente hacía lo que a mí me surgía, lo cual estaba bueno, pero me faltaban temas que sirvieran de puerta de entrada.

Mi primer disco fue un camino hacia eso, pero estaba lleno de información. A veces también me ganaba el snobismo de sentir que algo era demasiado simple, fácil o pegadizo y que no tenía nada más que ofrecer. Me quedaba en ese lugar, pero luego me daba cuenta de que la música que me gusta es así. Así que descubrí que lo que en realidad quería hacer era esto: todo armado por mí en mi estudio, una batería, algunas guitarras y listo, no hay nada más. Un detalle no menor: es la primera vez que produzco un álbum yo solo.
–¿Qué creés que cambió?
–Siento que en ¡Viva la devolución! pude hacer algo que me representa, pero que también es perceptible para el afuera. Parece muy obvio, pero a veces sacaba discos que los entendía solo yo. Ahora creo que llegué a un nivel en el que puedo hacer todas las cosas que siempre quise, mientras que antes, quizás por ser más joven o por no tener las herramientas, terminaba estando a mitad de camino o creando algo diferente. Esta vez logré armar algo que puede sonar junto con otras propuestas musicales que están sucediendo hoy.
–Todo este desarrollo que describís tiene que ver con tu formación musical y toda la música que escuchaste de chico, ¿no?
–Todo lo que mamé hasta acá siento que se sintetiza en este álbum. Arranqué en 2013, pero te diría que hasta la pandemia hacer música fue una cuestión inconsciente de querer cantar y componer, no había mucho más detrás de eso. O sea, yo no quería ser el mejor cantante ni el mejor compositor, ni tenía metas como llegar a tocar en River. Yo fui un chico muy para dentro mucho tiempo y, si bien estaba publicando, lo hacía para mí. Yo creaba música porque soy fanático de ella y, durante toda mi adolescencia y principios de mis 20 años, fui una esponja donde absorbí muchos discos de bandas que no conoce nadie. En ese sentido, era muy nerd, entonces escribía lo que sentía, aunque no sabía ni cómo hacerlo.

Por suerte crecí sin prejuicios con la música, en una casa que estaba súper alternativa. Era en un momento en el que mi papá no era el rockero que agarraba la guitarra todo el tiempo, sino que estaba más con los samplers y con las máquinas de ritmo. Yo me crié en ese entorno, no en un ambiente de rock.
–Dijiste que este álbum es una crítica al mundo hipertecnologizado.
–Es una especie de sátira porque en realidad yo estoy tan inserto en la tecnología y en las redes como cualquier otra persona, pero siento que hay un hartazgo a causa de la sobrecarga de información y de noticias contrarias. Hoy con la inteligencia artificial todo se puede manipular y no se sabe qué es verdad y que es fake. Cuando salió internet, parecía una herramienta anárquica que prometía ser revolucionaria o que iba a acercar a la gente, pero en cierto punto terminó siendo utilizada como herramienta política para dividir y confrontar, generando mucha violencia y trastornos mentales.
Veo que de mi generación para abajo estamos un poco complicados con este tema, viviendo en un mundo que no es real, aunque, en realidad, los discursos en las redes son los que terminan dictando la realidad en la que vivimos. No estoy diciendo que abandonemos la tecnología y nos vayamos a vivir al Amazonas, pero sí considero que estamos cruzando el límite de lo tolerable y que es un momento en el que hay que volver a los afectos, al cara a cara, que es una experiencia que no se puede manipular.
–¿Por qué el disco se llama "¡Viva la devolución!"?
–El título es algo irónico. Toda esta revolución tan de los 2000, de cuando arrancó el siglo –con las computadoras Mac de colores, el iPod que te daba la posibilidad de escuchar música donde sea–, hoy nos llevó a este lugar más oscuro, así que te la devuelvo. De hecho, después de haber pasado por tantas causas progresistas donde parecía que íbamos hacia algún lugar, de repente veo que los jóvenes están volviendo a los valores tradicionales. De todas formas, no es un disco que baja línea. Mi intención no es hacer una crítica social, sino describir lo que observo.

También es una crítica a mí mismo, que desde que me pusieron una pantalla de chico nunca más la pude soltar. En las redes, cuando tenés un poco de exposición y te lee mucha gente, en algún momento te comés el cuento de que estás siendo un divulgador y, cuando sos joven y sentís que tenés ese poder, en cierto punto te envalentona, aunque después me di cuenta de que hubo un momento en el que me pasé con todo eso.
–Hace poco sacaste el lado B de este nuevo álbum. ¿Cuál era la idea de esta edición?
–Mi idea es sacar este año o año y medio una trilogía de discos con seis o siete temas, y que cada uno esté criticando distintas cosas de la era moderna. En este le tocó a la tecnología, pero la segunda parte va a ser más sobre el hedonismo. Pero también quería que tuvieran su cara B, así que, en cierto sentido, es como el lado oscuro de la luna.
A mí me encanta ir a fiestas y sentir que la música me seduce. Siempre que voy a escuchar música house a boliches me pregunto por qué yo no hago una música así, más para arriba. A mí ese estilo no me sale orgánicamente. Mis canciones, en general, son más como baladas porque tengo otro background más rockero, en el sentido de que me gusta más tocar con una banda. Entonces, como quería dejar a un lado el costado sombrío que tiene mi estilo, convoqué a varios DJ y a artistas de la música electrónica que me gustan para que los temas también puedan escucharse desde ese lugar más bailable.
Creo que este disco establece bastante mi identidad, por lo que ahora lo que quiero es forjarla para que se entienda bien cuál es el núcleo. Lo que viene va en esta dirección y con los remixes y el documental ficticio que estoy haciendo, lo que busco es asentar este universo.

–¿Creés que tu música por fin encaja con la música que está de moda hoy en día?
-Es la primera vez que Argentina tiene artistas de pop mainstream que llenan lugares. Antes era algo que le pertenecía únicamente al rock. Me refiero a lo que se entiende por pop azucarado, porque desde mi punto de vista todo lo que suena en la radio, cualquier canción que tenga estrofa y estribillo, por más guitarras que le pongas, es pop. Hay cosas muy buenas y otras que siento que todavía le falta una vuelta de tuerca para que sea original. A mí me cuesta un poco escucharlo cuando es muy cuadrado, pero hay proyectos muy genuinos que rescato. Sin embargo, con respecto a mi música, no sé si la puedo encajar en una escena que esté pasando particularmente en la Argentina, sino que veo que estoy por ahí rondando. Creo que, al final, todo es una cuestión de confianza y de creer en lo que estás haciendo.
Fotos: Sony Music

