Andrea Rincón: "Sigo queriendo cambiar el mundo. Empiezo conmigo"
En su nuevo rol de conductora, sigue enfrentando desafíos profesionales para alcanzar esa versión propia que siempre quiso ser: “Laburé mucho, por eso hoy tengo orgullo a nivel personal de lo que pude lograr”, confiesa en esta charla sobre exposición, vínculos y salud mental.
“¿Podemos hacer otras fotos? Algo más yo”, pide en el estudio mientras piensa de qué forma puede ser más auténtica después de posar con un elegante vestido rojo o entregarse al destello de la luz que la invita a flotar. Da vuelta una silla, se ensucia el rostro, aprieta las muelas, sostiene la mirada y se muestra más aguerrida que nunca. No necesita aparentar algo que no es, nunca más. No teme decir que el trabajo que más le costó fue el de dejar atrás su antigua versión y que esa Andrea ya no existe más para nadie, menos para ella misma.
Una verdadera mecánica de su propia vida, que no duda en ajustar cada aspecto que ve flojo ni ser vulnerable ante la mirada ajena. Este 2025 la enfrenta al desafío de ser conductora de un clásico de la televisión argentina,Televisión registrada, y de continuar transformando su vida y la de los demás. Así lo cuenta en esta charla con El Planeta Urbano.
–No sé si los nuevos desafíos te van a hacer transpirar como en la sesión, pero que sos una trabajadora de la industria que con sudor y lágrimas lo da todo, lo sos…
–Sí, si miro hacia atrás, desde los 21 que arranqué en el reality (N. de la R.: Gran Hermano, edición 2007), aprendí todo el resto andando y jugando, como en las fotos. Lo que hago, lo hago con pasión, y cuando no lo hice, lo sufrí, se me nota. Al día de hoy, no entiendo cómo trabajé de vedette (se ríe). Eso de bajar la escalera con plumas para que me miraran… dicen que es arte.
–Las vueltas de la vida te llevaron a un lugar totalmente distinto, ahora como conductora, ¿cómo te preparás para este nuevo oficio?
–Estoy lista para ser conductora, y eso es un montón. Vengo trabajando en radio, el año pasado ya estuve más enfocada en estar a cargo de una sección de entrevistas y con este llamado para estar al frente de un programa de TV histórico como Televisión registrada, estoy más que feliz. Vamos a conducir junto a Juan Amorín, espero que no choquemos 25 años de este clásico (se ríe).

También me fui dedicando a la producción de contenidos sobre salud mental: hace algunos años produje de principio a fin un cortometraje para concientizar sobre el bullying. A partir de eso, me junté con dos terapeutas, una de ellas fue la que realmente me salvó la vida en mi primera internación psiquiátrica, y creamos un programa para abordar estos temas.
Por ahora lo único que puedo adelantar es que lo llamamos Con todo respeto, y es un formato dinámico, hacemos entrevistas a personalidades, actuamos, nos sacamos las caretas. Va a estar muy bueno. Para mí el trabajo social es tan o más importante que lo que puedo hacer como persona de los medios; y si puedo combinar ambos con el fin de ayudar, mejor.
–A pesar de todo lo que estás haciendo a nivel profesional, si te googleamos, las últimas noticias dicen algo así como: “Andrea Rincón mostró sus curvas con una microbikini floreada ultraveraniega”. ¿Qué te genera eso?
–Ya no reniego más por eso, entendí que funciona así. Fijate que no es noticia que tres veces al año viajo al Impenetrable, en Chaco, junto a la Fundación Sipas, que es la ONG donde colaboro desde hace bastante. O que no suben fotos en las que estoy adentro de un camión con 40 grados, rodeada de mosquitos y cargando bolsas de mercaderías al hombro para llevarles de comer a los pibes. Las cosas buenas que hacen los artistas nunca son noticias, ni los premios ni los reconocimientos que puedan tener por su labor, pero cualquier separación o infidelidad tiene un lugar asegurado en los medios. Siempre hay un morbo en mostrar lo malo y ni yo ni nadie somos solo lo malo.
–Ni solo un cuerpo hegemónico.
–Ni hablar sobre esa superficialidad. ¡Que usé una bikini floreada es noticia y excusa para mostrar una foto! Eso también contribuye a joderles la cabeza a las pibas, me pasó a mí. Sufrir por mirar esas fotos, pensar que la persona que tenía al lado el día de mañana me iba a cambiar por un modelo nuevo, como si fuera un auto.

–¿Cuán difícil es aceptar todas esas exigencias de la industria en medio de un intento de ser, como dijiste en varias ocasiones, una Andrea Rincón totalmente distinta a la de hace algunos años?
–Laburé mucho, por eso hoy tengo orgullo a nivel personal de lo que pude lograr. Me miro y digo: “¡Fa, piba! ¡Qué manera de evolucionar!”. ¿Sabés lo que es ir contra la corriente y decir “Che, pará, estoy repitiendo y me prometí que no iba a volver a ser así”? Es muy difícil caminar distinto cuando antes hacías todo como el culo. Cambiar te hace doler el cuerpo, un dolor en serio que día a día me esfuerzo en soportar para no caer en esa otra versión mía.
Hay situaciones que se repiten y mis respuestas o reacciones son otras aunque me duela de la misma manera. Porque, además, Dios te pone las mismas situaciones o traiciones para ver si obrás distinto, para ver si cambiaste y… yo me muerdo los labios, aprieto los dientes pero no caigo. Repito: “La justicia la hace Dios, la justicia la hace Dios…”. Está todo bien, pero no me mandes todas las pruebas juntas.
–Estoy cansado, jefe.
–Claro (se ríe), pero hay recompensa, te aseguro. Y me cuesta muchísimo mirar hacia adentro y mirar mi propia mierda, pero yo me zambullo ahí y me digo “Yo a esta Andrea no la quiero más, pero con esa Andrea se va mucha gente”.
–¿Es verdad entonces ese dicho que dice: “Los amigos no son los que están en las buenas, sino lo que están en las malas”?
–Totalmente. Me ha pasado de que me dijeran que antes era más divertida. Y yo digo “¿Antes cuándo? ¿Cuando me drogaba? ¿Cuándo tuve tres internaciones psiquiátricas?”. Hoy tengo una estantería con estatuillas de reconocimientos y hasta un Martín Fierro donde antes acovachaba droga porque era más “divertida” (hace el gesto de comillas con las manos). Me duele el corazón dejar gente atrás, soltar, pero tengo que hacerlo por mí, por esa Andrea que quiero ser.

–¿Qué Andrea querés ser?
–Una que sea compasiva, misericordiosa, que mire al de al lado y no quiera solamente su evolución. Que no se pierda, que se ame bien a ella misma para poder amar a un otro. Amé a muchas personas y las amé como el culo. ¡No sabés lo mal que amé! Hoy digo: “Pobre tipo, lo amé tan mal que nos destruimos”.
–¿Es clave primero reparar el amor propio para luego poder compartir?
–Sí, y asumir también que los vínculos, cualquiera de ellos, tienen que ser recíprocos. Ayudar a otras personas me cambió mucho más de todo lo que los demás hicieron por mí, hay un amor ahí que no lo puedo explicar, una necesidad que me interpela, que es un ida y vuelta que te transforma. Y en las relaciones también, es recontra necesario que sea mutuo, porque si vos das, das y das, te quedás vacío. Siempre me pasa que me enamoro de la persona que más me ama, con una intensidad que no siempre es buena pero que evidentemente necesito, no sé cómo explicarlo.
–¿Cómo te llevás con la exposición en redes sociales?
–(Piensa) Por momentos, hay haters que me dan mucha compasión, siento que hay tanta cosa por resolver que eligen tirar la mierda para afuera y me hacen dar cuenta de que estamos parados en un mundo superlastimado. A veces me da mucha risa, pero cuando estoy más vulnerable, la bala entra. Antes entraban todas, eh (se ríe). Me hacían enojar y yo respondía de forma tan ocurrente que nos terminábamos riendo. Y esto me sucedía también antes, cuando vivía en la plaza, me hacía amiga de los que me picanteaban, como cuando en la escuela el varoncito que gustaba de vos te tiraba el pelo para llamar la atención. Pero no, nunca más, “los que se pelean, se aman” no va más.
–Hace algunos días se conmemoró el Día de la lucha contra la depresión, que es un trastorno que atravesaste a lo largo de tu vida y que con tu experiencia también elegís visibilizar. En una era de sobreinformación en pantallas y redes sociales, ¿cómo ves que se aborda la temática?
–Muchas veces con desinformación. Por ejemplo, en los medios es fundamental que haya profesionales de la salud mental hablando de esto, no que cualquiera de nosotros cuente su experiencia y nada más. ¿Querés hablar de salud mental porque garpa? Perfecto, pero hacelo bien. O también está el otro extremo que es la banalización de lo que puede ser un trastorno como la depresión, no es “estoy triste” y ya. Pasa que la televisión y los medios de comunicación no se hacen cargo, se desligan del rol como formadores de opinión, eso sucedió siempre.

Hasta hace algunos años, el acoso y el hostigamiento que veíamos en las pantallas era infernal, pero era todo risas y apodos, nada de distinguir que era violencia y bullying. A los 25, uno me dijo en vivo que yo solo servía para almanaque de gomería. ¿Sabés cómo te marcan esas cosas?
–En la última charla que tuviste con EPU dijiste que querías cambiar el mundo, ¿seguís deseando lo mismo?
–Sigo queriendo cambiar el mundo. Empiezo conmigo.
CRÉDITOS DE PRODUCCIÓN
Fotos: Guido Adler
Styling: @caromarafioti
Make up & pelo: @nacha_gama
Video: @chchcarisma
Agradecimientos: @cynthiamartos @mono.fuk

