Mateo Sujatovich: "Cuando recibís halagos y medallas en tan poco tiempo, te empezás a preguntar cómo se sostiene lo que lograste"
El cantante y líder de Conociendo Rusia acaba de lanzar Jet Love, su cuarto álbum de estudio. En esta entrevista con EPU, comparte la experiencia de vivir en una familia de músicos, y cuenta cómo aprendió a lidiar con un éxito que le llegó antes de lo que imaginaba.
Encontrar a Mateo Sujatovich en Buenos Aires durante estos meses es toda una proeza. Desde agosto que está en plena gira mundial presentando Jet Love, el cuarto álbum de estudio de Conociendo Rusia. Una clara referencia a sus viajes llevando sus canciones alrededor del mundo.
Este nuevo trabajo abre una nueva etapa en el sonido de su proyecto solista, con nuevas influencias del rock de los 80 y letras más personales que hablan sobre el amor, el éxito y la vida en movimiento de un joven prolífico que en apenas seis años grabó cuatro discos y se convirtió en uno de los máximos exponentes del nuevo rock nacional.
En esta charla con El Planeta Urbano rememora sus comienzos y cuenta cómo es vivir en una familia de músicos, con un padre que tocó con Luis Alberto Spinetta, una abuela que le enseñó a tocar el piano a Charly García, y una hermana que tiene una carrera solista con vuelo propio.
–Dijiste que "Jet Love" es la crónica de lo que viviste en estos últimos años. ¿Cómo fueron exactamente?
–El disco empieza contando que hay un flaco viajando en avión que está un poco perdido y al que, de algún modo, lo salva el amor. Es una parodia, pero a la vez hay un poco de verdad. Para mí todo fue muy rápido y hubo momentos en donde me pregunté a dónde voy con todo esto y si lo estoy disfrutando o no. Cuando recibís halagos y medallas en tan poco tiempo, te empezás a preguntar cómo se sostiene esto que lograste y si hay que sostenerlo o no.

Soy bastante existencialista y me hago muchas preguntas de ese estilo. Creo que hay algo de eso en este disco, que describe versiones de Mateo atravesando algunas crisis mientras está en escenarios y en aviones, pero que también se divierte y la pasa bien, que es un poco la vida, ¿no? No es ni una cosa ni la otra, sino que a veces son las dos.
–¿Y cómo te sentís después de haber pasado por esa crisis existencial?
–La verdad es que estoy muy bien, o sea, tengo una vida linda, llena de proyectos, de gente que admiro que está al lado mío, y hoy puedo grabar en lugares que me gustan mucho, con los músicos que quiero. Gracias a mis canciones puedo irme de vacaciones, comer comida rica y tener tiempo para escribir nueva música, que es lo que más disfruto hacer.
–Es comprensible lo que te pasó. Mientras que a muchos artistas les lleva años hacerse conocidos, tu primer álbum captó el interés del público enseguida.
–Fue algo bastante inesperado. A mí todo el mundo me decía que, cuando arrancás un proyecto, hay que esperar al menos diez años hasta que empiezan a pasar cosas. Por eso yo no tenía ninguna expectativa de que todo esto sucediera. Mi primer disco tuvo un muy buen recibimiento por parte de la industria y me hizo entrar en las orejas de mucha gente. Después, Cabildo y Juramento fue como una trompada más para decir: “Conociendo Rusia ya es parte de una escena”. Las cosas salieron con mucha naturalidad y se dieron de forma orgánica.

Yo laburaba haciendo música con mi viejo, hacía jingles y comerciales y ya vivía de la música, pero de pronto estaba haciendo mis propios temas y tocando la guitarra en vivo, que eran las cosas que a mí me gustaban, y me pareció muy loco que tuviera demanda como para poder tomar este camino.
–Antes de empezar Conociendo Rusia tuviste otra banda, Detonantes, con Joaquín Carámbula, hijo de Berugo. ¿Cómo fue la transición de un proyecto a otro?
–Yo empecé a tocar con Joaco cuando estaba en quinto año del colegio. El disco que hicimos con Detonantes estuvo buenísimo porque aprendimos mucho. Lo grabamos cuatro años después de haber armado el grupo, pero empecé a sentirme un poco afuera de esa música, con la necesidad de hacer otra cosa, sin saber bien qué. Ahí sencillamente me corrí del proyecto porque sentía que ya no tenía nada para aportar y me puse a laburar a full con mi viejo produciendo artistas. Pasó bastante tiempo hasta que empezaron a aparecer mis canciones, y cuando salí con Conociendo Rusia fue como un renacimiento, porque, además de que extrañaba mucho tocar en vivo, era mi primer proyecto como frontman.
–¿Cómo fue trabajar con tu papá, Leo Sujatovich?
–Empecé a trabajar en su estudio a los 21 y habré estado ahí entre seis y siete años. Aprendí muchísimo. Él es muy talentoso y es muy bueno enseñando. Disfruté mucho de compartir tanto con él. La relación padre e hijo se puede lograr, aunque también tuvimos peleas. A veces yo sostenía una idea con la que él no estaba de acuerdo, y yo como hijo me volvía loco cuando él, mi mentor, me la criticaba.
–Tu papá hizo los arreglos en "Cabildo y Juramento" y "La dirección". ¿Qué te pasó cuando trabajaste con él tu propio material?
–Vi a mi papá muchas veces hacer los arreglos de cuerdas y vientos para otros artistas, como Coti, Dante Spinetta o Andrés Calamaro; y él, que siempre fue muy generoso, me invitaba a las grabaciones. Cuando hicimos Cabildo y Juramento, no tenía ninguna duda de que quería que los arreglos los hiciera él conmigo al lado. Finalmente llegó el día en que era yo quien necesitaba arreglos y pude llamar a Leo Sujatovich (se ríe). Fue delicioso.
–¿Cómo fue tu acercamiento al rock nacional teniendo un padre que tocó con grandes artistas, como Luis Alberto Spinetta, con quien formó Spinetta Jade?
–Cuando yo era chico, en los 90, mi viejo hacía más de diez años que no tocaba con Luis. Estaba en un momento en el que trabajaba mucho haciendo música de películas, comerciales, obras de teatro, proyectos dentro del estudio, así que no se cruzaban por mi casa músicos de rock, que es algo que muchos piensan.

Recién con la reunión de Spinetta y las Bandas Eternas hubo un renacimiento de los vínculos de mi papá con todo ese universo de gente. Yo iba al colegio con mi hermana y mis padres se acostaban temprano, éramos una familia bastante normal. Ese mundo empezó a volver cuando arranqué mi propio camino en la música. Me cruzaba con artistas que decían que habían tocado con mi papá o que habían estudiado con mi abuela. Cuando vivimos en Madrid, entre 2003 y 2005, yo no paré de escuchar Invisible, Serú Girán y La Máquina de Hacer Pájaros. Fue un momento en donde empecé a descubrir toda la música argentina, porque estar lejos te hace buscar modos de querer reconectar con tu país. También estuve en contacto con el pop español, que sonaba un montón en la tele y las radios de allá, incluyendo a Leiva, que años después lo conocí e hicimos música juntos.
–Contame sobre la experiencia de vivir en el exterior.
–Estuvimos poco tiempo en España, entre mis 13 y 15 años, en plena adolescencia, que es un momento bastante fundacional porque forja tu identidad. Lo viví como una revolución personal porque me sentía un poco mareado por no estar en mi lugar, en mi casa, con mi familia y amigos. Fue un período de soledad que me dio una personalidad bastante particular. No es casualidad que haya escrito una canción que habla de las cinco horas de diferencia que hay entre la Argentina y España. Es algo que me marcó desde muy chico y que ahora me vuelve a marcar porque voy muy seguido.
–Hablando de tu familia, Luna, tu hermana, también es una música talentosa. ¿Cómo es tu relación con ella?
–La transmisión musical que hubo en mi casa fue muy buena y bastante inconsciente, aunque en el caso de mi hermana no tanto. Ella estudió piano con mi abuela desde los cinco años, así que Luna es una música hecha y derecha que tiene una formación muy completa desde siempre, a diferencia de mí, que me empecé a enganchar más con la música en la adolescencia. Con ella nos mandamos maquetas, composiciones y discos para escuchar. La opinión del otro siempre fue importante.

–Conociendo Rusia recuperó un cierto tipo de rock nacional que se había perdido. ¿Creés que el rock está muerto, como se dice habitualmente, y que el trap lo superó ampliamente?
–Yo no sé si hay más artistas de trap que de rock, pero tal vez hoy hay más figuras del trap que ganan plata, que les va bien y que tienen más reproducciones. Quizás es una música que a la gente joven le impacta y le gusta más, pero el rock de algún modo siempre está. Acá siempre hubo buenas bandas y siempre las va a haber. Creo que con los revivals, como la vuelta de Los Piojos y Oasis, o lo que pasó con Fito en este tiempo, hay chicos que tienen ganas de aprender a tocar la guitarra y cantar. Siento que vuelve a ser cool tener una banda y de hecho hay un montón. Están pasando muchas cosas y hay una camada de pibes y pibas de 20 años que van a despegar. Veo mucho fuego ahí.
Fotos: Victoria Del Sel, @soulisfilms

