Gimena Accardi, a fondo: "El amor en todas sus facetas es algo que necesitamos sentir como humanos"

Desde chica viene bordando una carrera que es toda prolijidad y trabajo a conciencia. Hoy, esa trayectoria alcanza un punto elevado con su papel en En otras palabras, la obra de la calle Corrientes donde su protagonista, atenazada por una situación límite, desenreda la madeja del amor y el dolor. En esta entrevista, la actriz cuenta cómo construyó ese rol, habla de su camino como intérprete y admite: “Sé que nací para esto”.

Aunque lleva muchos años de carrera, Gimena Accardi nunca perdió la frescura. Le encanta hablar sobre su presente y responde cada pregunta con ligereza y hasta con un tono ingenuo pero que de ningún modo renuncia a la profundidad. Una manera de decir que destila el espíritu de una chica que sabe lo que quiere.

Esta vez, se mete en el cuerpo de Juana, una joven mujer que en el mejor momento de su matrimonio tiene que enfrentar el mayor reto de su vida cuando a su marido, Abel, le diagnostican Alzheimer. ¿Alcanzará con el amor para enfrentar la situación? Esa es la pregunta a la que todas las noches se enfrenta su personaje en "En otras palabras", la obra de Matthew Sagger dirigida por su pareja, Nicolás Vázquez, en la que comparte escena con Andrés Gil.

¿Cómo definirías a la obra?

–Es una historia de amor, con todo lo que eso conlleva: pasión, felicidad, aventura y dramatismo. Se habla de todo lo que una relación de muchos años puede traer: los momentos increíbles de pasión del principio, la etapa del conocimiento, y complicidad a medida que pasan los años. Y después, la vida misma. Que tarde o temprano te da un piñón.

Hay zonas de ese proceso que hoy en día no parecen tan habituales de sobrellevar…

–Lo debés decir por la etapa del acompañamiento. No todo es color de rosa, siempre hay piedras y obstáculos. Es un aprendizaje. Siento que realmente es una historia de amor hecha y derecha que se desarrolla a lo largo de muchos años. Por eso abarca lo bueno y lo malo.

Agregaría lealtad, entrega y compromiso, que son cuestiones que no siempre van de la mano y que en estos tiempos no parecen estar de moda.

En otras palabras llega a la calle Corrientes en un momento donde abundan las comedias. Antes del estreno, se decía que íbamos a tocar un tema difícil. Pero la gente empezó a acercarse y el boca a boca fue demoledor. Esa difusión es la que llena el teatro todas las noches. En cuanto a lo generacional, el setenta por ciento del público es muy joven. Se armó una movida entre ellos, como si la obra fuera una película icónica del estilo Posdata: te amo.

¿Cómo vivís esa repercusión?

–Para mí es un regalo porque la gente joven no va al teatro en cantidad, y mucho menos en este tiempo en el que todo se rige por la velocidad del mundo online. Verlos en las butacas me parece un punto ganado muy interesante. Espero que quieran repetir la experiencia.

¿Por qué pensás que Nicolás eligió la obra?

–Él lee muchas obras por año, veinte o treinta, porque le gusta producir alguna que sea más chiquita mientras tiene en cartel otra de más envergadura, como Tootsie. Por otro lado, hace muchos años que yo quería hacer una obra con solo dos personajes y en la que se pudieran transitar distintos estados de ánimo. Un día entró llorando a nuestra habitación y me dijo: “Acabo de encontrar la obra”. Cuando me leyó la sinopsis me di cuenta de que era el papel que yo quería hacer.

¿No te incomodó que él la dirigiera?

–Para nada. Nosotros trabajamos mucho tiempo juntos. Nos preguntamos mutuamente si estábamos listos para volver a hacerlo, y esta vez sí tuvimos ganas.

Además, él es un tipo romántico.

–Sí, le encantan las películas de amor. Es súper pasional y sensible. Tiene el ascendente en Cáncer y la luna en Tauro –es decir, todo familia, amor y pareja–. Entiendo por qué eligió esta pieza, que además tiene un background internacional: es éxito en Londres y París, hasta el día de hoy. Esta es la tercera vez que se hace en un país distinto.

¿Llevaron el trabajo a casa?

–Estamos muy acostumbrados porque hicimos mucho teatro y televisión juntos. Este año cumplimos 17 años de relación. Es una cotidianeidad que tenemos en lo profesional y en lo personal. De todos modos, la prioridad siempre es la pareja: el día que el trabajo pese más, dejaremos de laburar en los mismos proyectos. En este caso, fue muy lindo el proceso de ensayo. Hubo mucha intimidad porque éramos muy poquitos y las energías estuvieron niveladas. Y Nicolás sabe marcar con mucha sensibilidad lo que quiere que pase en el escenario. Yo digo que tiene una mirada necesaria.

En mi caso, conoce mis puntos débiles y pudo darme las indicaciones que consideró necesarias sin ningún pudor. Yo las recibí confiando plenamente en su criterio, no sé si eso hubiera pasado con otro director.

En la obra hay momentos en los que parte del auditorio se ríe. ¿Es un efecto buscado?

–Sí, es una herramienta de descompresión. Pero también es un recurso para mostrar cómo en la vida la tragedia convive con la comedia. Lo digo desde mi experiencia de haber atravesado momentos tristes y trágicos; siempre encontré el espacio para hacer un chiste y romper un poco con el drama. Si la gente se ríe en ciertos pasajes, me alegro, porque después vendrá otra piña.

–¿Cuál dirías que es tu sello como actriz?

–Es una pregunta difícil de responder. Quizás haya un público nuevo que me conoció en Olga [el canal de streaming de Migue Granados] y se copó con esa onda. Hago mucho esfuerzo para hacerlo lo más natural posible y creerme lo que estoy haciendo. Eso es lo que más me cuesta encontrar, sobre todo en teatro.

–A pesar de estar haciendo una carrera en teatro, ¿te considerás una chica de la tele?

–Sí. Empecé muy chica, en la época de las novelas. Me pasaba diez horas dentro de un estudio. Es un medio muy exigente sobre todo en velocidad de resolución; se pasa por todos los estados de ánimo en muy poco tiempo. Quizás tengas que hacer treinta escenas donde llorás, otras donde rompés una puerta y otras en la que te estás enamorando, porque en un día se hacen diez capítulos distintos. Ni hablar del cine, donde se puede repetir una escena varias veces.

Quizás por eso no existan tantos actores todo terreno. De todos modos, creo que el teatro es único. La energía que se mueve en tiempo presente es mágica. Creo que en eso reside lo esencial, no se puede reemplazar con otra vivencia dramática.

¿Cómo sería la continuidad ideal de tu carrera?

–Soy una persona muy poco ambiciosa. Empecé a trabajar cuando era muy joven y fui avanzando paso por paso. Jamás pretendí ser protagonista, todo se fue dando solo. Quizás me gustaría incursionar en otro país y ver qué pasa. Pero no es algo que me quite el sueño en lo más mínimo. Cuando cumplo años y soplo las velitas, ese deseo no está incluido (se ríe).

¿Nunca quisiste bajarte de la locura que por momentos tiene la carrera del actor?

–No. Incluso iba aceptando todo lo que me ofrecían para seguir. Ahora ya tengo una edad en la que empecé a elegir los proyectos. Este es un ambiente en donde muy pocos llegan a tener notoriedad, y, a veces, no por tener talento. Por eso digo que tuve la suerte de estar en el lugar indicado en el momento indicado. Yo sé que nací para esto.

–Ya que estamos transitando la Copa América, te pregunto: ¿te cambia en algo la vida tener en tu agenda el número de la familia Messi?

–A pesar de que Lionel es una estrella, la relación de amistad la vivo con naturalidad. No soy para nada cholula. Creo que él observa quién está tranqui con él y le da confianza. Además, es una relación que viene de muchos años, cuando acá todavía se lo cuestionaba. Él valora todo eso. Para nosotros siempre fue un ídolo.

¿Sos de las personas que creen que el amor nos puede salvar?

–Cuando a uno le pasa algo increíble, lo primero que quiere hacer es contárselo a un ser querido. Por más que puedas disfrutar de la soledad, en algún momento hay algo de la vida que querés compartir. Siempre llego a la misma conclusión: nada es más lindo que estar acompañados. El amor en todas sus facetas es algo que necesitamos sentir como humanos. Sin dudas, es el sentimiento más lindo. Y, como se ve en la obra, compartir el dolor también es parte de eso.

Créditos de producción

Fotos: Alejandro Calderone Caviglia

Coordinación general: Gimena Bugallo

Styling: @marianoradetichok

Make up: @verofioravanti

Pelo: @magbeyfeld

Agradecimientos: @jitric_jc @unloboblanco @fabianzittaofficial @muchabrand @mono.fuk @cocotdufour

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