Chita, en clave pop: "Venimos de un par de años en donde lo único que había era reggaetón y trap"
Primero se animó al R&B, por el que entró, cautelosa, en el circuito de la música urbana. Ahora, con Atelier, su segundo álbum, intenta colonizar el complejo mundo del pop nacional. A los 27 años, la artista que sabe escaparles a las etiquetas, amplía su búsqueda con la conciencia de que debajo del riesgo se tensa la red contenedora de su talento.
Cuando empezó, allá por 2017, Francisca Gil, más conocida como Chita, había optado por el R&B, un género al que pocos se le habían animado en la Argentina. Su cautivante voz, su sonido cercano al trap y colaboraciones con Ca7riel –su actual pareja–, Neo Pistea, Cazzu, Lara91k y otras figuras, la acercaron al circuito de la música urbana pero con una impronta muy personal. Con Atelier, su segundo álbum recién salido del horno, metió un giro drástico hacia el pop, un terreno inexplorado hasta ahora y al que dotó de una frescura especial porque lo hizo sin perder su esencia.
Como suele suceder con los artistas, el cambio la llenó de dudas e inseguridades, pero tras esculpir cada una de las nueve canciones, descubrió la sensación de haber alcanzado su madurez musical y estar lista para dar el próximo salto, no sin antes presentar el disco el próximo viernes 7 de junio en el C Complejo Art Media.
Para lograr este nuevo sonido, unió fuerzas con los productores Nico Cotton –sin dudas el más importante de esta nueva generación–, Claudia Brant y Josh Cumbee. Brant, argentina radicada en Los Ángeles, escribió canciones para artistas como Luis Fonsi, Barbra Streisand, Ricky Martin y Enrique Iglesias, y su aporte fue fundamental en Atelier. “La adoro, es una gran compositora, me abrió las puertas de su casa y gracias a ella conocí a Josh”, comenta Chita a El Planeta Urbano. “Él es un productor estadounidense. Nos conocimos cuando empezamos a hacer el disco. Antes no sabíamos nada el uno del otro y eso fue clave para experimentar. Es muy talentoso, tiene mucho oficio y sabe mucho de música, de instrumentos y de acordes, algo que no es tan habitual para un productor hoy en día, y que para mí es fundamental. ¡Encima trabajó con Madonna! Yo no lo sabía y no lo podía creer. Me sentí honrada y muy afortunada de haber trabajado con él”, admite.

–Hay una gran diferencia entre este disco y el resto de tus canciones. ¿Cómo encaraste el proceso creativo?
–Pasó mucho tiempo entre este álbum y el anterior. Cuando empecé tenía 20 años; ahora, con 27, si bien sigo siendo muy joven siento que hubo una experimentación un poco más profunda que se ve reflejada en este nuevo trabajo. Al principio, honestamente, la pasé mal. No tenía idea de qué quería hacer y estaba bastante confundida. Es algo normal en los procesos artísticos. En realidad es así en todos los procesos de la vida, pero me sentía muy conflictuada y no lo disfrutaba.
Se escucha mucho hablar de “zona de confort”, pero es cierto que es difícil salir de lo que uno siente que tiene que hacer. Me mandé igual para adelante pero no me hallaba en este género. Hasta que un día hice un clic y abrí los ojos: “¿Qué son todas estas imposiciones que me estoy poniendo? ¿Qué son estos prejuicios que tengo sobre mí misma?”. Me hacía estas preguntas porque me costaba escucharme en esta faceta. Cuando mostré el material nuevo a mi entorno más cercano, me di cuenta de que yo era la única que se ponía trabas. A partir de ese momento, empecé a hacerme amiga de la contradicción que tenía como artista y como persona, y a sacarme los prejuicios, que no son más que palos en la rueda. Para mí, crecer significó quitarme todas esas ataduras que me había impuesto.

–Sucede que el sonido de tus primeros trabajos era muy distinto, incluso de lo que sonaba en la Argentina en esos años. ¿Cuánto influyó en tu formación musical el tiempo que pasaste en Inglaterra?
–Siempre tuve mucha música alrededor, y estudié canto y piano desde chica. Estuve en un montón de lugares, pero en el que más tiempo me quedé fue en Inglaterra. Ahí compuse mis primeras canciones, las grababa en casa y las subía a SoundCloud. La verdad es que tocar en Londres es muy fácil porque está lleno de bares. Vos mandás un e-mail preguntando si podés tocar y en general te dicen sí. No te pagan, y si lo hacen es con un plato de comida. Como me había anotado en una universidad de música, estaba rodeada de gente de mi edad, así que armé mi banda y tocamos en un montón de lugares. Recuerdo que fue una época de mucha libertad.
–¿Cómo fue empezar tu carrera acá tras haber tenido esa experiencia en Europa?
–Yo digo que cuando volví a la Argentina todo se empezó a ensuciar un poco (se ríe). En Londres era una aguja en un pajar; acá, en cambio, esta nueva escena que nació en las batallas de rap estaba por despegar y todo estaba más armado. De repente tuve un manager y había que salir a tocar en festivales y grabar un disco. Fue en ese momento cuando aparecieron los prejuicios y los condicionamientos, porque estaba en un entorno más profesional y obviamente quería estar a la altura. Tuve la suerte de trabajar con gente muy capaz, como Nico Cotton, que fue el productor de mi primer EP.

Estos últimos años fueron los que más aprendí de música gracias a que me relacioné con productores y sesionistas a los que, teniendo de base las clases que tomé, les hacía un montón de preguntas. También les debo mucho a colegas a los que les gustó genuinamente lo que yo hacía, como en su momento fueron Neo Pistea, Cazzu o Ca7riel, que tenían más exposición que yo y que quisieron colaborar conmigo. Ellos vieron algo en mí y me ayudaron a crecer.
–Con el sonido pop en el que incursionaste, ¿sentís que te abriste de la escena?
–Es rara la sensación. Tengo la mejor onda con todos mis colegas, pero obviamente me siento alejada musicalmente, aunque no de mala manera. Creo que hay una diferencia entre cierta música urbana y mis canciones. Desde el año pasado estamos en un momento en el que la gente está un poco cansada del “urbanocentrismo” que había en la Argentina. Venimos de un par de años en donde lo único que había en el mainstream eran el reggaetón y trap. Era como si fuera de eso no eras nadie. Ahora veo una mejor recepción hacia lo que es diferente. Mi disco es de pop, que acá nunca fue tan grande. Lali es pionera porque siempre lo mantuvo en vigencia. Emilia también sacó un álbum superpop y Luz Gaggi también. María Becerra aparentemente también va a ir por ahí, así que el pop está apareciendo más fuerte que antes.

–La carrera de Ca7riel también está en pleno auge, ¿cómo es su relación desde el punto de vista creativo?
–Él es como un libro abierto, no bien hace algo, viene y me lo muestra. Todo el tiempo escuchamos lo que hace el otro y nos damos devoluciones, siempre con amor y el mayor de los respetos. Yo soy un poco más dura, no me gusta mostrar tanto mis cosas hasta que están terminadas (se ríe), pero nos apoyamos un montón y es un placer tener ese intercambio.
–Después de este cambio tan grande, ¿cuál creés que es el próximo paso en tu carrera?
–Ya estoy encarando el tercer álbum porque me siento inspirada; pero ahora lo primordial es volver a los escenarios. El show del viernes 7 de junio va a ser el comienzo de una gira, así que lo que se viene es hacer mucho vivo, lo más que se pueda. Los conciertos van a tener su lado popero, pero me va a acompañar una banda. Tal vez en otros proyectos no sea necesario, pero yo siento que en el mío nunca pueden faltar músicos en escena. Mientras, iré preparando el disco, que es algo que disfruto mucho. ¿Qué voy a hacer desde el punto de vista artístico? La verdad que no tengo idea, pero calculo que cuando esté más adentrada en el proceso lo voy a saber mejor.
Fotos: Iván Resnik

