Federico Rabinovich, el director argentino que triunfa en Nueva York: "Esto me apasiona"

A meses del estreno de “Who is Linda?”, el cineasta habla sobre el proceso creativo de su último cortometraje filmado en pandemia, que ya fue premiado en Los Ángeles y Berlín.

Para rememorar lo que puja por salir del interior, primero hay que tener la valentía de mirar a los sueños de frente. Y eso fue justamente lo que hizo Federico Rabinovich, contra todos los pronósticos. “En mi familia, el único artista soy yo, así que imaginate lo que me costó abrir este camino. Todos estaban acostumbrados a carreras más tradicionales y yo fui el rebelde. Empecé con Relaciones Públicas, luego siguió Publicidad, de ahí las campañas con marcas como Natalia Antolin, Tramando, Allo Martínez; y una vez acá, en los Estados Unidos, cursé cine y me di cuenta de que contar historias, crear personajes atravesados por emociones y generar mundos, es lo que realmente me apasiona”, confiesa el director de 32 años.

Estar en consonancia con el camino que dicta el corazón, es una tarea ardua. Pero si a eso se le suma estar en sintonía con la ciudad que nunca duerme, es casi una odisea lo que hay por delante. Aunque eso no parece ser un obstáculo para Federico que, después de casarse en plena pandemia con su compañero Matías, adoptar un perro al que llamaron Kovi, cursar cine en el New York Film Academy, y filmar y editar distintos comerciales, estrenó con gran éxito el thriller psicológico “Who is Linda?”: una pieza que mantiene la tensión del espectador hasta el último minuto, con un final que invita a reconciliarse con uno mismo. 

–¿De qué se trata “Who is Linda?” y qué te llevó a escribirlo?

Cuando me mudé a Nueva York, me compré una línea de teléfono y apenas puse el chip en el celular, me empezaron a llamar periódicamente de un instituto psiquiátrico, preguntándome por una tal Linda. Yo respondía que no era ella, que no la conocía, y me volvían a llamar una y otra vez. Ese fue el puntapié para generar esta historia en donde el protagonista, que es un investigador privado, empieza a obsesionarse compulsivamente con Linda y vemos cómo su vida comienza a caerse a pedazos hasta el límite de perder la cordura. No voy a spoilear nada, pero el final es revelador.

–Da para muchas cosas esta historia. ¿No pensaste en transformarla en un largo?

Sí, de hecho, lo que estamos haciendo ahora con la persona que me ayudó a escribir el cortometraje, es transferir el concepto a una serie. Estamos trabajando en lo que serían los primeros siete episodios; y una vez que tengamos eso, la idea es salir a venderlo.

“No hay que olvidarse nunca de quién es uno, de dónde viene, porque es ahí donde está la diferencia con el resto. El desafío está en contar tus historias y expandirlas al mundo.”

–En muy pocos meses el corto fue multipremiado. ¿Cómo estás viviendo la repercusión?

Para serte sincero, no lo puedo creer, la aceptación que tuvo y sigue teniendo es una locura. Ganamos como “Mejor guión” y “Mejor corto de misterio” en el IndieX Film Fest de Los Ángeles y también como “Mejor corto de misterio” en el Berlín Indie Film Festival. El protagonista, Alex Day, ganó el premio Golden Hollywood a “Mejor actor” y también nos dieron una estatuilla por mejor edición. Estoy feliz, porque todo esto nos abre puertas para que los grandes productores nos conozcan.

–¿Cuáles fueron los pro y los contra de filmar en pandemia?

Ir a un set con gente americana, en un idioma que no era el mío y tener que comandar a un equipo, ya era todo un desafío. Eso, sumado a que había un encargado de salud que controlaba el tema de las máscaras, la temperatura y los test, fue de una complejidad importante. Todo llevó más tiempo de lo habitual, los costos se incrementaron mucho también. Y después, el casting: al principio lo hice todo por Zoom y en la última instancia ya nos juntamos con protocolos en un parque. Uno de los beneficios geniales fue que, al estar paradas las grandes producciones, tuve la suerte de que uno de los directores de fotografía de la película Joker estuviera libre y aceptara trabajar conmigo. Cuando vi el resultado final, no lo podía creer, es un lujo.

–Entiendo que las diferencias de filmar en un país y en otro deben ser abismales, pero, ¿sentís que la Argentina fue una escuela para hacer lo que sea en cualquier lado?

Totalmente, fue una mega escuela. Acá me dicen que no pueden creer que atienda tantos frentes a la vez y no sucumba en el camino. Pensá que yo en mi corto fui productor, director, asistente, compraba la comida para el equipo, hacía todo. Estoy agradecido a la escuela que fue y es la Argentina. De hecho, mi sueño es poder hacer una película allá.

–¿Qué te gustaría contar? 

No lo tengo definido, pero te puedo decir que Almodóvar es uno de mis directores preferidos. Creo que España y la Argentina tienen algo muy parecido, que son las historias familiares, con las abuelas, las tías, todo vivido con mucha intensidad. Me gustaría hacer algo como Esperando la carroza, pero moderna. Yo vengo de una rama de mi familia judía, y la otra católica: una abuela me enseñaba a rezar el padre nuestro, mientras la otra me cocinaba knishes (se ríe). Te podrás imaginar que tengo infinidad de historias ahí. 

–¿Te gusta la idea de adentrarte en tus vivencias personales para filmar? 

Sí, creo que ahí está la clave. En el curso que hice acá, hicieron mucho hincapié en el hecho de que no hay que olvidarse nunca de quién es uno, de dónde viene, porque es ahí donde está la diferencia con el resto. El desafío está en contar tus historias y expandirlas al mundo.

–El famoso “Pinta tu aldea y serás universal”.

Exacto. Vos podés hacer tu carrera haciendo cosas atractivas o que están de moda, pero lo que hace que un director sobresalga o marque una diferencia, es trazar un camino genuino de lo que uno es verdaderamente, con tu óptica particular e irrepetible.

“Estoy agradecido a la escuela que fue y es la Argentina. De hecho, mi sueño es poder hacer una película allá.”

AGRADECIMIENTOS

Make up: Raquel Quintans

Créditos

Fotos: Hernán Burset

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