Además de compartir junto a su padre la pasión por el yachting, el deportista dedica su vida a generar conciencia sobre el peligro de la contaminación con residuos en los océanos, mares y ríos. 


Como si fuera obra del destino, Yago Lange llegó al mundo un 22 de marzo de 1988, fecha en la que se celebra el Día Mundial del Agua. Lo hizo bajo el ala de su padre, el regatista olímpico –y medalla de oro– Santiago Lange, por eso creció entre barcos, y a los 20 años comenzó a competir en disciplinas náuticas de alto rendimiento. 

Fue en diciembre de 2018, mientras navegaba junto a su hermano Klaus en el Río de la Plata, cuando chocó contra una bolsa de residuos y se encendió la primera alarma. No era la primera vez que veía basura a su alrededor, pero nunca había analizado la gravedad. Decidido, publicó en Instagram una foto del paisaje y convocó a sus seguidores a una limpieza del río bajo el hashtag #Limpiemos: a los pocos días estaba concretando su primera limpieza con toda la Escuela de Vela del Club Náutico de San Isidro. 

“Yo nunca había reflexionado sobre el cuidado del medioambiente, pero ese día algo se despertó en mí. Ya no me cerraba la idea de competir sin cuidar el lugar donde practicaba el deporte que tanto amaba”, dice. En la segunda convocatoria, que contó con la participación de 45 clubes náuticos de todo el país, un representante de la organización global Parley for the Oceans se contactó con Yago. Así se convirtió en el director local de una fundación ambiental presente en más de 30 países, que lleva a cabo limpiezas que combinan concientización, educación y acción en toda la Argentina. “El mes pasado, por ejemplo, hicimos quince limpiezas en distintas regiones de Bariloche, Buenos Aires y Córdoba. Juntamos seis mil kilos de basura en una isla en donde habitan pingüinos, en el Parque Austral”, cuenta. 

Hoy Yago disfruta del agua de una manera distinta: la cuida y se asegura de que cada vez más jóvenes lo acompañen en este viaje que no otorga medallas, sino la recompensa de aportar un granito de arena para salvar al planeta.

–En marzo de 2019 hiciste la primera limpieza internacional en España. ¿Cómo fue eso?

–Para que te des una idea, es como que antes de Roland Garros los propios tenistas estén limpiando las canchas. Pudimos sostener las limpiezas durante una serie de eventos del circuito mundial. Es que, a diferencia de lo que nos pasa a nosotros, los jugadores de rugby, de fútbol, de tenis, tienen sus canchas limpias todos los días. Hay alguien que se encarga de cortar el pasto, de que no haya basura. En el caso del agua, nosotros nos encontramos navegando en lugares que pueden estar supercontaminados y no hay nadie que esté limpiando eso. Entonces, en este movimiento que creamos junto a amigos de todo el mundo, la premisa fue cuidar el lugar donde competimos. 

–El broche de oro fue en Nueva Zelanda, con un evento mundial plastic free. 

–Exacto, en diciembre de 2019, durante el campeonato mundial. Ese día había dispensers de agua para recargar las botellas, no se podía entrar al recinto donde estaban los barcos con ningún ítem de plástico descartable, tenías que llevar tu propio táper, tus cubiertos, tu bolsa reutilizable. Las limpiezas ayudan muchísimo a tomar dimensión de todo lo que consumimos. A veces creemos que es sólo una botella de plástico, pero ver toda la basura junta te hace reflexionar sobre qué más se puede hacer por el cuidado del medioambiente. 

–Es importantísimo que la comunidad náutica se involucre con este tipo de actividades, ¿no?

–Es fundamental, nosotros somos los que vemos el problema. Cuando hablo de la comunidad náutica, me refiero a la comunidad del agua, porque los deportistas que hacemos vela, surf, kayak o natación somos los primeros que tenemos que dar ese paso. No va a venir nadie a decirnos que el río está sucio si nosotros, que nadamos en el río, no lo estamos limpiando. A mí se me había hecho normal navegar entre basura, no me daba cuenta de que eso estaba mal. 

–¿Qué hábitos diarios cambiaste desde que te involucraste en el tema?

El primero fue comprar mi propia botella reutilizable. El segundo fue armar mi compost y ver con mis propios ojos cómo todo lo que consumía orgánicamente se convertía en tierra. Hoy en día, composto todos mis residuos orgánicos, y todo lo que puedo reciclar, lo separo y lo llevo a una planta de reciclaje: el vidrio, el plástico, el cartón. Hace más de seis meses que no tengo un tacho de basura en mi casa, no tiro una bolsa de basura a la calle. Además, armé mi propia huerta para producir vegetales. 

–En Instagram tenés una foto que muestra varias botellas de plástico sobre una cama formando el signo de “pare”. ¿Me contás la historia?

–Eso fue en los Juegos Panamericanos 2019, porque me llamó la atención la cantidad de plástico que teníamos como única opción de consumo. Como deportista, uno tiene que consumir mucha agua, yo calculé 50 botellas por persona durante una semana de competencia, pero la cantidad era mayor. Entonces acumulé todas mis botellas, le pedí a un par de amigos que hicieran lo mismo, y sólo en la sede de vela juntamos 16 mil botellas plásticas. Aproveché el impacto de la medalla para demostrar que en un evento deportivo también podemos ser parte de una solución ambiental. De repente, todas las cámaras están puestas en los resultados y no nos damos cuenta del impacto negativo que tiene ese evento en el medioambiente, por la generación de residuos y la mala gestión. 

–Hablando de deporte, fuiste tres veces campeón sudamericano, cuatro veces campeón argentino… ¿Cómo es tu relación con la disciplina hoy? 

–A mí me costó mucho no clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio, y sé que una de las razones fue haberme metido de lleno en el cuidado del medioambiente. Antes me enfocaba únicamente en los resultados, pero hoy mi camino cambió. Podés tener todas las medallas que quieras, pero si el agua está contaminada, nadie va a poder navegar en un futuro. Además, tengo la suerte de seguir vinculado con la náutica porque me nombraron dentro del comité de sustentabilidad a nivel mundial. 

–¿Ya están trabajando para París 2024?

–Sí, de hecho, en Tokio hubo varios avances: las medallas fueron hechas con materiales reciclados, las camas también. Si te digo cómo veo París 2024, es con la oportunidad de seguir revolucionando el cuidado de nuestras aguas. Esto conlleva eventos sustentables, educación, que un juvenil pueda aprender sobre táctica, estrategia, vientos y también sobre cuidado ambiental. 

–Este año estuviste entrenando al equipo olímpico alemán de la categoría femenina de yachting y tuviste una tarea importante en ese sentido. 

–Sí, me llamaron con la intención de tecnificar algunas áreas náuticas y le dimos una vuelta al coaching desde la educación ambiental. El trabajo fue muy bueno y el equipo logró la medalla de plata en Tokio. Este año también tuve la oportunidad de que me llamaran las Naciones Unidas en la Argentina. Estoy en un programa que se llama “Actúa ahora”, dando charlas en colegios, hablando de la importancia del cuidado del medioambiente.

–No parás. También fuiste elegido como jurado de Red Bull Basement, un programa que convoca a jóvenes universitarios a presentar sus ideas para cambiar el mundo. 

–Sí, es un evento que sucede desde hace cuatro años a nivel mundial y es la primera vez que se realiza en el país. Ya hubo ideas vinculadas con el reciclaje, el tratamiento de las aguas, las energías renovables. Hay tiempo de anotarse hasta el 24 de octubre a través de la página basement.redbull.com, y el proyecto ganador va a poder viajar a Austria para hacer la presentación junto con los demás proyectos ganadores a nivel global. Ser parte de ese proceso, de identificar esas ideas que van a revolucionar el mañana a través de la tecnología y la sustentabilidad, me pone muy contento.