Aprendió a cocinar para tener un oficio que complementara su carrera de bailarina y actriz y hoy está al frente del programa de recetas más reconocido de la televisión argentina. Cómo hizo para reinventarse en pandemia y encontrar la mejor versión de ella misma.


El debut de Sofía Pachano en El Planeta Urbano, tanto en la revista como en el programa de televisión, coincide con un giro en su carrera que la planta donde realmente quiere estar. El universo del lifestyle del bien –consciente, austero, saludable– encuentra una versión perfecta en ella, que se fue alejando de los escándalos de ShowMatch, de las peleas mediáticas de su padre Aníbal y de una vida enteramente dedicada al baile, la actuación y los escenarios para ir de a poco haciéndose un nombre en el mundo gourmet. Allí, a través de la cocina, encontró una faceta desconocida en la conducción de nuevos formatos (hoy está al frente de Cocineros argentinos, de lunes a viernes a las 13.30 por la pantalla de la TV Pública) y en la creación de contenidos relacionados con el estilo de vida en su cuenta de Instagram, de más de 700 mil seguidores. 

Por todo esto, Sofía llega por primera vez –“emocionada”, dice ella– a las páginas de El Planeta Urbano

–Venís de una familia de artistas, de estar muy relacionada con el baile y el teatro musical, y sin embargo tu popularidad llega por la cocina y por reconvertirte en una referente del lifestyle.

–Se fue dando todo de manera muy natural. En las redes siempre traté de mostrar lo que a mí más me gustaba, que era comer rico, viajar y cocinar. Eso me fue despegando un poco de lo que venía haciendo, del baile, del musical, de mi paso por el Bailando en ShowMatch.

–¿Cómo fue esa experiencia?

–Era chiquita en ese momento. Mi papá estaba, me lo ofrecieron y él me dijo que lo tenía que hacer. Yo tenía 20 años y dije: “Sí, obvio”, porque también tenía que ver con la danza. Se abrió la puerta de un laburo más popular. Lo acepté porque estaba bueno, y me di cuenta de que no me gustaba la parte de los escándalos, pero sí la del show. En la Argentina hay pocos shows que producen de esa manera: todos los días bailás algo diferente, hay un superequipo pendiente de todo, una mega puesta en escena. La propuesta es muy atractiva.

–Y, después, llega la cocina. ¿Cuándo surge esa pasión en tu vida?

–Siempre me gustó, desde chica que juego con mi mamá a “la cocinita”, y después lo continué. Para mí es un placer y también una manera de darle amor al otro. Cuando me fui a vivir sola, intensifiqué mucho más el tema.

–Tranquilamente podría haber sido al revés. A veces resulta muy difícil cocinarte, hacer un gran despliegue para uno solo, y terminás cayendo en el delivery.

–No, más vale. Hay veces que llego muy cansada y no tengo ganas de cocinar. Y hoy, con toda la oferta que hay con estas aplicaciones, resulta muy tentador. Pero generalmente trato de hacerlo. Está bueno cocinarse porque uno sabe lo que le pone a su comida. Además, yo lo siento como un momento de corte, de decir “bueno, cocino”. Ya sé que inevitablemente dejo el teléfono, me pongo música, me desconecto. Es como una meditación. 

–Cómo cuesta abandonar el teléfono, dejar de lado las redes sociales… 

–Sí, muchísimo. Pero es muy necesario. Las redes sociales están buenísimas, sirven para mostrar lo que hacés, para millones de cosas positivas. Pero también hay mucho hater, mucha persona que tira a dañar escondiéndose detrás de un perfil. A veces llega gente con un nivel de violencia que te hace replantearte muchas cosas. ¿Para qué las tengo? Mi novio me dice que no lea los mensajes, pero también hay mucha gente que tira buena onda y hasta a veces pueden servir para ayudar a alguien. No está bueno naturalizar la violencia en redes.

–A raíz de esto, hay un debate sobre evitar el anonimato en las redes sociales. Que todos los usuarios sean reales, validados. La mayoría de los haters se esconden detrás de perfiles falsos.

–Estaría buenísimo. Históricamente, hubo mucha violencia y machismo en las redes, pero ahora también noto el nivel de intolerancia entre las mujeres. Es increíble. Parece que no aprendimos nada.

–Te saco un poco de las redes y te pregunto por tu papá. ¿Cómo fue crecer bajo la mirada de alguien tan excéntrico, tan ligado al espectáculo y a la farándula? ¿Te sentiste incómoda en algún momento?

–Incomoda no, pero sí recuerdo que de chiquita no entendía mucho lo que pasaba. No era tan normal en ese momento que tu papá tuviera brillos y usara tacos, por más que fuera una familia de artistas. Entendí que mi papá no entraba en el estereotipo macho argento que juega al fútbol. Nunca me pesó eso. Quizás después, más de grande, sentía que tenía que cargar con eso a todos los lugares que iba. Siempre me preguntaban por él, siempre la mirada del otro. 

–Claro, y el preconcepto de padre gay, hijos, hijas que sufren…

–Lógico, una clara bajada de línea del patriarcado y la Iglesia, que dicen que las únicas familias son las de padres heterosexuales; el único entorno normal para que se desarrolle feliz una familia. De a poco las cosas parecen estar cambiando y el Estado es el que tiene que participar para traer estos temas a nuestras mesas.

–Se te ve muy feliz en pareja junto al actor Santi Ramundo. ¿Cómo se conocieron?

–A Santi lo conozco desde hace un montón, estábamos cada uno en etapas diferentes. Lo que más me enamoró de él es su personalidad. Es muy amoroso y conectamos muy bien. 

–Él es muy famoso en México; de hecho, estuvo hace poquito en el Bailando de allá. ¿Cómo manejan la distancia?

–La verdad es que muy bien. Hoy la vida nos encuentra a mí acá, conduciendo Cocineros argentinos, y a él allá. Y está todo más que bien. Eso de la distancia tiene mucho que ver con los preconceptos de pareja de antes: si lo tenés al lado 24 horas al día es tu pareja, y si no, es otra cosa. Bueno, nada que ver. Por nuestras profesiones a veces nos toca no estar juntos. 

–Igualmente, te re veo haciendo un programa de viajes.

–¡Sí! Yo hice uno así en Tastemade hace muchos años. Me encantó hacerlo y puedo decir que a raíz de eso me metí de lleno en la cocina. Estaba Osvaldo Gross también, ¡no podía no estar informada! (risas). Entonces me puse a estudiar, a perfeccionarme mucho más. No soy profesional gastronómica, empecé como un hobby con una amiga y terminé de darle forma con todo lo que pasó en MasterChef

–Que fue algo increíble, uno de tus sueños: cocinar frente a cámara.

–¡Sí, desde chiquita que quería hacer eso! Y hoy lo disfruto muchísimo cocinando en vivo en Cocineros argentinos. Está buenísimo, no es fácil, te puede pasar cualquier cosa. La otra vez, por ejemplo, se me quemó una tortilla. Bueno, son cosas que pasan, punto. Más realidad que esa no se consigue. Lo mismo que te puede pasar en casa pasa en el programa. Es linda esa naturalidad. 

–Para terminar, ¿cuál creés que fue el momento tapa de tu vida?

–Cuando hice un clic y descubrí lo que quería. El clic fue tener la seguridad y la tranquilidad de que el trabajo no iba a faltar. Esa parte es de mi mamá; mi papá es todo lo contrario. Mi mamá decía: “Va a llegar. Tu trabajo es bueno y vos sos decidida”.