Con la bendición del Indio, el guitarrista de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado continúa desandando el camino de la banda del ex Redondos y se sube al motorhome para salir de gira con La Mono, el power trío que rompe con los límites de la distorsión.


A temprana edad, Gaspar Benegas se subió al tren de la música y nunca más se bajó. Se crio en El Bolsón, aquel recinto patagónico signado por el hippismo del siglo anterior, y cultivó una vida silvestre, al margen de las luces de la ciudad. Hijo de Jaime Benegas y María José Cantilo, cantante de folk rock y sobrino de Miguel Cantilo, acompañó a su madre a shows y ensayos.

A los nueve años tocó el piano junto a Oscar Moro y Kubero Díaz, y a los doce, cuando decidió que su instrumento iba a ser la guitarra, se metió en jams de blues. El espíritu de B. B. King se apoderó de sus manos y anduvo por los mismos escenarios que Pappo y el Negro García López, entre otros. 

Durante su adolescencia, un amigo en común lo puso en contacto con Baltasar Comotto, con quien se fundieron en una amistad. Bajo el código en común de la guitarra y el sonido de Jimi Hendrix, esa relación musical terminó de afianzarse en un proyecto de alto calibre: Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, o lo que muchos nombran como “la banda del Indio”.

“Siempre jodemos con que es mi hijo putativo. Tiene una foto donde levanta las cejas como yo”, dijo el Indio Solari acerca del guitarrista. Benegas también integró Las Manos de Filippi y se puso al mando de la producción de varios de sus discos. Junto al grupo liderado por Hernán “el Cabra” de Vega, recorrió gran parte de Latinoamérica y dejó la huella de su pulso estridente. 

En la actualidad asume las voces en varios temas de Los Fundamentalistas, estuvo al frente, junto a Pablo Sbaraglia, del show histórico que realizaron por streaming desde Epecuén, y desde 2015 lleva adelante su proyecto musical La Mono, acompañado de Lucas Argomedo en bajo y Ramiro López Naguil en batería.

El Indio fue un gran mentor. Me escribía e-mails decidiéndome que tenía que hacer mi música, que lo más importante era eso. Era insistidor. Siempre que me veía tocando en algún lado, me decía: ‘Dejá de perder tiempo. Vos tenés que hacer tu música. Jugátela’. Lo recuerdo siempre eso”, cuenta BenegasEl Planeta Urbano, recostado sobre uno de los sillones que adorna la sala de ensayo que tienen instalada en la zona de La Paternal.

El trío que integra rompe con los sonidos bucólicos que se escuchan en la actualidad y se funde en la potencia de las distorsiones. El viaje que proponen no tiene un solo destino sensorial. Experimento (2016)Anomalía (2019) –este último cuenta con ilustraciones del ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota– son sus dos discos de estudio, y ayudados por el parate al que obligó la cuarentena, ya tienen elaboradas algunas ideas para un tercero.

Lo que viene es subirse a un motorhome para iniciar el Anomalía tour, una gira que arranca con los shows del Roxy, continúa por Córdoba, San Luis, San Juan, Mendoza y finaliza en La Plata. “Las bandas grandes no están pudiendo girar, porque los aforos no se lo permiten. Para nosotros este aforo está bien. Hoy en día estamos todos con la necesidad de trabajar y es un buen momento para hacerlo”, dice Benegas.

–¿Qué estrategias implementaron para sobrellevar el tiempo de inacción al que obligó la pandemia?

Lucas Argomedo:–Intenté hacer algunos Zoom, pero no hubo quorum. Aprovechamos bastante no bien pudimos juntarnos y empezamos a producir ideas para el próximo disco.

Ramiro López Naguil:–Igual, cada uno en su casa estuvo tocando y tirando ideas.

Gaspar Benegas:–Estamos muy sorprendidos porque la banda creció en pandemia. Dejamos de tocar un año y medio y la banda creció en público. Será que no tenemos que tocar más (risas). Si paramos diez años somos Los Beatles

Las risas se interrumpen por un breve silencio y Benegas retoma la palabra.

G. B.:–A lo largo del año pasado estuvimos a la espera, como todo el mundo. Era ver si dentro de quince días, si en un mes, todo volvía a ser como antes. Recién habíamos sacado nuestro segundo disco y no lo pudimos presentar. Estábamos a la espera de que habilitaran tocar para empezar a ensayar ese disco y salir a defenderlo bien.

Los discos empiezan a sonar cuando tocás en vivo, pero no pudimos tener esa experiencia. Estuvimos a la expectativa todo el año pasado, y este año como que continuó el aislamiento y ahí decidimos empezar con el disco nuevo.

–En una entrevista dijiste que La Mono arrancó como un experimento de amigos, ¿sigue siendo esa la iniciativa de la banda? 

G. B.:–Siempre estamos experimentando y yendo a buscar cosas nuevas. Los primeros discos fueron hechos sin clic y ahora estamos tocando con clic porque queremos implementar una tecnología con las luces programadas en sincro con la música. No tenemos miedo a progresar, probar e incursionar en nuevas tecnologías.

Desde hace un tiempo que no tocamos con amplificadores y tocamos con simuladores de amplificadores y con In Ears. Si me llegabas a proponer eso hace diez años me tiraba por la ventana, pero hoy eso hace que podamos girar por todos lados y que demos un show de estadio sin necesidad de llevar equipos enormes. 

–El segundo álbum salió sólo en formato virtual, ¿tienen planes de hacerlo físico o en estos tiempos que vivimos pensar eso es anacrónico?

G. B.:–Cuando voy a mi pueblito natal, El Bolsón, nadie escuchó el segundo disco. Ahí no hay internet. Hacés dos cuadras y no tenés ni teléfono. Todo el mundo escucha CD, en los autos, en las casas. Así que vamos a fabricar el disco físico, vamos a terminar las gráficas que tienen unas ilustraciones que nos dio el Indio Solari. Nosotros usamos una para la portada, pero faltan algunas que son más tremendas todavía. La más suave es la de la tapa, así que el interior va a ser tremendo. El que tenga un problema que vaya a reclamarle a Solari (risas).

–¿Se plantearon la posibilidad de sacar de a una canción o siempre piensan en discos de más de diez temas?

G. B.:–Es difícil que los rockeros puedan sacar un single y apostar todo a una sola canción. Por ahí pibes de las nuevas generaciones, que hacen otra música, agarran un tema y le apuestan con todo a eso. En el rock medio progresivo, alternativo, que hacemos nosotros, no podés abarcar la banda en una sola canción. Tenés que sacar un grupo de canciones que la puedan representar.

Pensaría que se puede volver al EP como álbum conceptual más chico. Y ahí quizás te ahorrás los tres o cuatro años que te lleva hacer un disco. Ahora los tiempos tienen que ser un poco más rápidos. Sacando EP uno puede concentrar la energía en tres o cuatro canciones. Eso sí puede ser.

–¿Cómo surgió la participación del Indio Solari en Anomalía?

G. B.:–Nunca le pedía nada y en un momento se me ocurrió que podía colaborar de la manera que fuera. Le dije que cualquier cosa que haga artísticamente le iba a sumar al disco y nos iba a servir un montón. Al principio me había dicho que iba a cantar, pero al otro día me mandó dibujos. Está bueno porque es un artista que hace todas las gráficas de sus discos y no había hecho nunca el arte de tapa para otra banda. Conseguimos algo que no tiene nadie.

–¿Qué cosas aprendiste en todos estos años a su lado?

G. B.:Se aprende constantemente con el Indio. La forma en la cual hago las melodías, pero no porque se parezcan sino por la forma de crearlas. O de no tener miedo a laburar con una sola canción hasta no estar conforme. No abandonar el material, ser el que decide y ser el director artístico de mi música.

Nosotros decidimos todo, no trabajamos con un productor porque preferimos hacer las cosas mal a nuestro gusto y no que venga otro, las haga bien, pero que no nos represente. Eso lo aprendí de él. A defender el arte propio. Que otro decida los sonidos es como que un pintor mandase a hacer los colores de su cuadro. Es tu vida la que está en juego cuando hacés una obra, como para dejarla en manos de otros.

Fotos: Alejandro Calderone Caviglia

(DESTACADOS)

“Los discos empiezan a sonar cuando tocás en vivo, pero por la pandemia todavía no pudimos tener esa experiencia.”

“El Indio me enseñó a defender el arte propio. Que otro decida tus sonidos es como que un pintor mandase a hacer los colores de su cuadro.”