Colaboró con Cardi B, Madonna, Diplo y Maluma, va contra Jair Bolsonaro y alza su voz en las redes para hablar de igualdad derechos, segura de que todo es político, incluso la fama. Quién es la artista que usa la potencia de su arte como vehículo para concientizar. 


Fue nombrada entre los quince músicos más influyentes del mundo en las redes sociales, suele salir en las tapas de Vogue GQ, trabajó con Madonna, Diplo, J Balvin y Maluma, pero lejos de dejarse arrollar por el marketing venenoso y homogeneizante, la que habla, la que cuenta su verdad, es todo el tiempo esa Anitta que no se la cree, no presume y no finge.

Dice que resguarda perfectamente su vida privada y que por eso preserva su realidad como Larisa –su verdadero nombre–, aunque haya lanzado su propia serie en YouTube Originals o Netflix haya estrenado un documental sobre su vida. 

Hace un tiempo que presentó “Girl from Rio”, single que evoca al clásico “Garota de Ipanema”, y los medios de todo el mundo tienen la mirada puesta en ella. Pero los millones de reproducciones no la obnubilan. Lejos de mostrarse inalcanzable, la ganadora en la categoría Mejor Artista Femenina en los Latin American Music Awards practica una sencillez casi zen y rompe paradigmas en cada respuesta.

Como cuando habla de “Me gusta”, su colaboración con Cardi B en 2020: “Hay pocos artistas tan generosos como ella”. Es que en relación con esa estrategia titánica de los sellos, que cada vez parece más digitada y menos genuina, ella pone su perspectiva y muestra una verdad que no muchos son capaces de filtrar. 

“Haber hecho ‘A Girl from Rio’ fue una manera de que conozcan otro Brasil, de resaltar que no todo es oscuridad. Ojalá que ayude a la industria del entretenimiento y a la economía de mi país.”

Con una sonrisa y como quien no te saca la vista cuando habla (eso en un Zoom es más difícil de lograr, pero no deja de mirar fijamente a la cámara, sin distraerse, como si lográramos romper la cuarta y quinta pared de las pantallas), dispara: “La verdad es que cuando quien colabora con vos tiene más popularidad, no siempre tiene el gesto de difundirte, subirte a su feed y promocionarte. Y ella lo ha hecho conmigo de una manera muy conmovedora”. 

Cuando hablamos de la creciente sororidad entre artistas, avala y celebra la hermandad pero inmediatamente vuelve a ejemplificar con Cardi B: “Está tan segura de sí misma que no necesita nada más”. Quien lo dice utiliza su Instagram para que sus 58 millones de seguidores conozcan el trabajo y el arte de sus pares, como el de la cantante carioca Fernanda Abreu, la actriz Carolina Dieckmann o la periodista e influencer Tainá Araujo de Oliveira. Usar su red al servicio del potencial de otras mujeres en lugar de dejarse enmascarar en el narcisismo de las selfies habla del activismo para el que pone el cuerpo. 

Consciente de la realidad de su país y apesadumbrada por la imagen que Jair Bolsonaro proyecta hacia el mundo, es de las que señala, sin temblar: “Bolsonaro es una persona muy inestable que está haciendo un gobierno terrible”. Además de su gestión pandémica, lo ha levantado en peso por su nula política con el medioambiente (“está acabando con él”) y por sus desafortunados dichos contra la comunicad LGBTIQ+. Es por eso que, reconoce, con sus canciones pretende “proyectar al mundo una mejor imagen como país”. 

TimeForbes la consideran “la mujer más poderosa de Brasil”. Sin duda, usar su voz y su tremendo alcance es uno de sus superpoderes: “Necesito subir las escaleras en un nivel de entretenimiento para luego poner todo eso en mi música”. A propósito, dice que haber hecho “A Girl from Rio” fue una manera de que se conozca otro Brasil, de resaltar que “no todo es oscuridad”. “Ojalá que ayude a la industria del entretenimiento y a la economía de mi país.” 

Sin embargo, su postura activa también le resulta muy complicada. “La gente tiene muchas expectativas. Cuanto más grande seas, más expectativas generás. Todo el mundo está pendiente de qué vas a decir o hacer”, dice la mujer que reconoce ser catalizadora de lo que pasa a nivel político.

Es por eso que, mientras hace un stop de la grabación de su quinto álbum, explica: “Cada vez que hay que comunicar trato de ver cómo van a reaccionar el público y aquellos a quienes el mensaje no está dirigido”. 

Sin filtro, admite ser honesta (“me hable quien me hable”). Es por eso que es clara derribando prejuicios: “La gente tiene expectativas distintas con las mujeres. Te dicen ‘vas a ser así’, ‘vas a tener novio’, ‘tenés que comportarte así’. Y yo sólo quiero hacer lo que quiero hacer”. Y ahí debate sobre el machismo y se recorta: “¿Por qué los hombres pueden hacer lo que quieran y las mujeres no?”

“Subestimaron mi talento o mi inteligencia sólo por el ritmo. Eso hizo que me sintiera mal, pero empecé a esforzarme y a estudiar para comprender la cultura del otro lado del país, que nunca había conocido porque no tenía dinero.”

La historia de la niña que nació en una favela, sufrió una experiencia sexual violenta a los 14 y en 2012 impactó en la música de su país con su atrevida mezcla de raíces funk cariocas y sensualidad arrolladora no fue fácil. Sus comienzos en la música los decretó en 2009, cuando, desodorante en mano –como micrófono, claro–, grabó un video que subió a sus redes sociales para llamar la atención de un pequeño canal de tele en Río de Janeiro.

“Lo puse para ver si ellos lo miraban y así sucedió. Enseguida me llamaron”, rememora la cantante, que se considera una adicta a los detalles y está involucrada desde el management hasta los detalles del marketing del gran emporio en el que se convirtió. 

“Tenía una vida simple y necesitaba ser creativa para hacer las cosas. Nacer en una favela me hizo crear mis oportunidades. Cuando era pobre no tenía las oportunidades ni la estructura para hacer lo que quería. Entonces me concentré para crearlas”, cuenta quien creció escuchando “todo”. “La música elegante y la música de barrio”, describe.

Es por eso que la artista que habla cinco idiomas, contando francés, explica: “Si voy a una fiesta en una favela sé cómo comportarme porque vengo de ese lugar. Y si voy a la parte elegante de la ciudad sé cómo cambiar. Hay dos personas, dos Anittas dentro de mí”. 

Asegura que su interés por la música urbana y el funk (“era considerada para freaks”) hizo que debiera pasar por muchas situaciones malas. Romper los prejuicios fue vital para ser quien es hoy: “Subestimaron mi talento o mi inteligencia sólo por el ritmo. Eso hizo que me sintiera mal, pero empecé a esforzarme y a estudiar para comprender la cultura del otro lado del país, que nunca había conocido porque no tenía dinero”. 

Bastaron diez años de ese primer arranque para que las cifras exorbitantes generadas con su música en las plataformas digitales consolidaran su imperio. Tiene casi 18 millones de oyentes mensuales en Spotify y 15,3 millones de suscriptores en YouTube.

La elegida dentro de los cien líderes emergentes del mundo extiende el tiempo acordado en el Zoom para decir con la misma modestia: “No soy la mejor voz, no creo que sea la mejor bailarina ni la más guapa, pero sí creo que tengo un poco de cada una de estas cosas”. Y aún le llama la atención estar en las revistas que leía de chica. “Básicamente, aún no lo puedo creer”, cierra, con los ojos chispeantes y llenos de ambición. 

Fotos: Gentileza Warner Music Argentina