Lali Espósito: más que una diva

La embajadora de PUMA y protagonista de la campaña Mayze Glow tiene más de diez millones de seguidores en Instagram, llena estadios y con cada lanzamiento consolida su título de reina del pop. Pero lo que más resuena de este ícono es su capacidad de liderazgo, porque solo ella logra que su equipo brille a la par. La chica detrás del fenómeno, en manos y palabras de una verdadera amiga y admiradora entrañable.

Por: Erika Halvorsen

Este no es un perfil de Lali Espósito. No voy a contar cómo llegó desde Parque Patricios hasta los carteles luminosos de Times Square en Nueva York ni cómo se las rebuscó para audicionar en el primer casting de Cris Morena con la complicidad de su hermana. No voy a hacer un repaso por la cantidad de horas de televisión que lleva acumuladas desde los ocho años, ni por la cantidad de funciones de teatro, ni por los discos, ni por los premios. Yo no puedo escribir sobre el fenómeno Lali, yo a esta mujer solo le puedo dedicar una carta de amor.

Hace unos años me llamó Majo Riera, su mamá. Majo tenía una idea para una serie y Lali le aconsejó que hablara conmigo, que yo la podía ayudar a darle forma. Majo y su socia tenían una premisa superpotente y trabajamos juntas en un tráiler de venta para una feria de contenidos audiovisuales. Escribí ese tráiler y Lali lo dirigió. Vi a Majo producir, a Lali dirigir y a Anita, su hermana, hacerse cargo del vestuario.

Convocamos a Mónica Antonópulos para que fuera la protagonista y armamos un equipo de mujeres que abrazó y empujó el sueño de Majo y Loli Miraglia, las creadoras de la idea original. En esa experiencia, corta pero intensa, entendí que Lali viene de un linaje de mujeres fuertes, comprometidas, laburantes. Y, sobre todo, que Lali no avanza sola. Lali tiene conciencia de red, del poder de lo colectivo. Ese proyecto se vendió como pan caliente en la feria de Miami.

Majo y su socia Loli llevaron su deseo al prime time de Telemundo y ganaron varios premios internacionales. Tengo algunos momentos grabados de aquel set. La veía a Lali con los auriculares frente al monitor, pidiéndole detalles al director de fotografía, ajustando planos, consultándome por frases del guion, buscando la vuelta para mejorar cada segundo de ese tráiler. Era una mujer poniéndole todo al deseo de otras. Lali sabía que su nombre en los créditos hacía más atractivo el material, pero su rol no fue simbólico. Ella no pone el nombre. Ella pone el cuerpo, el corazón y las tripas. Y es tan poderosa su presencia que contagia y, sin quererlo, exige. Lali es mucho más que una diva, Lali es líder porque solo una líder puede hacer que todos los demás brillen.

Meses después de esa experiencia leí el libro El fin del amor, de Tamara Tenenbaum, y sentí el impulso irrefrenable de convertirlo en serie. Le pedí los derechos a Tamara con la condición de escribir juntas la adaptación y convoqué a Lali. No la llamé, le mandé un audio de ocho minutos. En el mensaje le hablaba sobre Tamara y su libro pero también hacía una catarsis personal sobre el proyecto que me tenía ocupada en ese entonces.

Era una tira de televisión producto de una idea original mía que había caído en manos torpes, y yo sufría día tras día viendo cómo se lastimaban escenas, personajes y se pulverizaba la potencia de esa historia que había soñado. Le dije a Lali que la próxima serie tenía que ser nuestra, chiquita pero nuestra. “Es largo, escuchalo cuando te sobre tiempo”, escribí antes de mandar el audio de WhatsApp. Lali lo escuchó al toque y me grabó enseguida: “Hagámosla. Hagámosla. Pero no la vamos a hacer chiquita, la vamos a hacer a todo culo”.

Y, en esa frase, Lali otra vez me estaba enseñando algo. Porque también es político apuntar a un presupuesto a la medida de las series premium. Porque ella entendió que el salto que teníamos que dar era para muchas más. Hacer una serie de una filósofa punk ex judía ortodoxa no necesariamente tenía que ser una serie de nicho. Al nicho nos mandan cuando nos quieren bajar el precio y cuando buscan que no ofendamos a nadie. En el nicho se hablan y se escuchan siempre los mismos. En el nicho cuesta mucho generar un diálogo interesante porque solo llegan ecos de la propia voz.

Lali es la más punk de todas, porque Lali es pop y es queer. Y porque no tiene prejuicios ni tiene miedo, o sí los tiene, todas los tenemos, pero a ella el miedo no la paraliza. A ella el miedo la enciende, la empuja.

Lali me dio la mano y sabía que me estaba dando una llave. Logramos vender nuestro proyecto y conseguimos el voto de confianza de compañías enormes, como MGM, K&S y Amazon. Y dentro de cada una de esas compañías encontramos aliadas y aliados que pusieron su talento y su pasión al servicio de contar esta historia.

Ese primer deseo que empujamos con Tamara y Lali creció exponencialmente, y yo, una showrunner debutante, pude ponerle el cuerpo a un rodaje intenso y agotador porque los ojos de Lali estaban ahí, siempre atentos, y me sostenían en el set. Alguna vez pensé: “Esto debe de sentir un director técnico que tiene a Maradona o a Messi en su equipo”. Se siente alivio y presión a la vez, porque hay que estar a la altura. Confianza y responsabilidad, porque si nos va bien con esta serie sentamos un precedente para las compañeras que vienen detrás.

Porque hay cosas que a las series de varones no les pasa. Una vez me dijeron que en una telenovela brasileña dos mujeres se dieron un beso y después de eso el rating se desplomó. Me lo dijo un ejecutivo de televisión intentando justificar su resistencia a una trama lésbica. Por una escena de una novela, él daba por muertas todas las historias de amor entre mujeres de la televisión abierta.

Lali, que buceó todas las aguas que una actriz puede bucear en la ficción, sabe bien que necesitamos más libertad. Y para tener libertad hace falta confianza. Lali sabía que para que yo pudiera moverme con soltura en un rol tan demandante como el que tengo en esta serie necesitaba de su fe. Digo fe porque es lo que te empuja a la acción en medio de la incertidumbre. Todo hecho creativo es un acto de fe. Tratamos de inventar algo que no existe. Es un salto al vacío. Y en ese salto, Lali no me dejó sola.

Ella sabe que cuando las mujeres ocupamos ciertos roles necesitamos todavía más apoyo y compañía. Mil veces fui a su motorhome o la llamé para decirle: “Lala, se me ocurrió algo”, “Lala, no pude dormir, no me cierra tal cosa”, “Lala, ¿qué te parece si probamos esto?”. Y sus respuestas eran: “Probemos, veamos qué pasa, juguémonosla, ¿por qué no?”. Así, siempre disponible para el riesgo, a pura prueba y error, sin prejuicios, receptiva a cualquier propuesta.

Lali no rifa nada ni da nada por hecho. Y no es condescendiente, nada más lejos de Lali que ser complaciente. Lali es creadora y entiende que el acto creativo necesita fricción, debate, conflicto y calentura. Pero también entiende que esto que hacemos nos pide artesanía y mística de grupo.

Ella registra a cada persona del equipo porque ella es equipo. Lali todo lo ve, dentro y fuera del set. Pero no cae en juegos de poder ni de control. Ella observa, atenta como una perra guardiana. Con su hambre y su rabia al servicio de la máquina poética y humana que se pone en funcionamiento cuando se está creando algo. Lali no asfixia con su perfeccionismo, Lali inspira desde su pasión y te da aire para que bailes a tu ritmo y expreses tu propia voz.

Lali todo lo siente. Lo siente en el cuerpo, en la piel, en las tripas. Pero Lali no nació para ser tibia. Lali ilumina porque arde.

Esto no es un perfil ni un ensayo sobre el fenómeno Lali Espósito. Esta es una carta de agradecimiento porque Lali me hizo creer que yo podía. Y ese es un gesto bastante extraordinario en una industria mezquina donde la mayoría de las veces te dicen que no vas a poder. Ese gesto es amor y es feminismo.

Gracias para siempre, Lala.

Soy tuya.

Keka.

*Guionista y directora de teatro. Showrunner y coautora de la serie El fin del amor, que se estrenará este año por Amazon Prime Video.

Fotos by: Puma

La moda a sus pies

Fuerza, energía y luz. Con todo el poder que genera el brillo, PUMA lanzó una nueva colección llamada Mayze Glow, una línea que ofrece una versatilidad única a la hora de adaptarse a los diferentes outfits, tanto de día como de noche, formal o trendy urbano.

Inspirada en la esencia de los iconos musicales y, como no podía ser de otra manera, una de las embajadoras de marca y protagonista de la campaña es la talentosa y multifacética Lali Espósito. Sus looks camaleónicos y sus melodías que amalgaman diversos estilos musicales forman parte de un estilo en perfecto movimiento, generando una tendencia constante que envuelve a todo el planeta.

Lali elige el modelo Mayze Glow en sus pies para que la acompañe al andar y bailar, tanto en su vida cotidiana como sobre el escenario. Las zapatillas tienen una entresuela apilada con una construcción derby dividida, una pieza de TPU en el talón y un detalle que las hace únicas: el brillo perlado iridiscente que se encuentra en el formstrip distintivo de la marca.

Las Mayze Glow son el resultado perfecto de una serie de inspiraciones de archivo y clásicos contemporáneos de PUMA, con los cimientos apuntados a una resignificación, dándole un nuevo sentido a aquello que querés. Y esto es lo que Lali encarna, no sólo en su música, sino también en la industria de la moda.

La colección Mayze Glow, que además incluye una colección urbana ideal para la mujer actual y multifacética, un look completo con la colección T7, un clásico de PUMA que incluye una campera negra y unos flare pants en color negro con detalles en blanco, ya está disponible en PUMA.COM, PUMA Stores y MOOV.

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