Desde el Hospital Militar Central, el médico y pediatra Gonzalo Pérez Marc dirige el ambicioso ensayo de una vacuna contra el covid-19 a base de plantas. Un proyecto que se afianza cada vez más entre las personas y que podría ser revolucionario en el ámbito de la salud.


“Los nerds biólogos están fascinados con esta vacuna”, apura Gonzalo Pérez Marc, médico pediatra y director del ensayo argentino de la vacuna del laboratorio canadiense Medicago. El eco suena distinto, la oreja se empina rápidamente para agudizar: se trata de la primera vacuna de origen vegetal. Por caso, las investigaciones centradas en la virología vegetal y experimental llevan tiempo desarrollándose. Y, ante la coyuntura generada por el covid-19, estas plataformas llamaron rápidamente la atención de la comunidad científica global. “Eran plataformas que venían lentas y ahora juegan en primera división”, sigue.

Desde el Hospital Militar Central, Pérez Marc dirige el mayor ensayo de la vacuna Medicago en el mundo. Allí, tiempo atrás, se hicieron los ensayos de otras vacunas y allí, también, la experiencia de Pérez Marc en el tema cobró relevancia notoriamente: sobre sus espaldas está el estudio doméstico de la Pfizer, una de las perlitas de la temporada pandémica.

Así las cosas, entre las distintas plataformas (“plataformas”, que refiere a la tecnología asociada a la producción, es una de las palabras que la humanidad incorporó con una naturalidad sorprendente), están las de ARN mensajero (que usan Pfizer, Moderna, Curevac), las del virus inactivado (Sinopharm), las de vectores virales (Astrazeneca, Janssen, Sputnik, Cansino), las de ADN (Bagó) y las de proteínas recombinantes (Novavax).

Trabajando para la vacuna en el invernadero de Medicago.

En ese sentido, la vacuna desarrollada por Medicago utiliza la tecnología del tipo VLP (virus like particle, en inglés), una partícula similar al coronavirus pero que, obviamente, no puede infectar.

¿Cómo? Lo explica Pérez Marc: “Una vacuna es un simulador de la enfermedad. Esta es una tecnología recombinante, sintética. Simula tanto al virus que le hace creer a tu cuerpo que está en contacto con él. Por eso, se generan respuestas inmunológicas. Pero no es el virus, por lo tanto no puede infectar. Se toma el ADN de la proteína espiga, responsable de la respuesta inmunológica, y ese ADN se introduce en una planta que funciona como un biorreactor natural”.

Pionera en terapias derivadas de plantas, la farmacéutica canadiense utiliza la Nicotiana benthamiana, pariente de la planta del tabaco y el hospedador experimental más utilizado en virología vegetal. Así, ante el auspicioso panorama de los primeros estudios, la vacuna de Medicago ya entró en el selecto grupo de las que están en Fase III, la última etapa antes de recibir la aprobación comercial, y actualmente está probando su efectividad en miles de usuarios.

“La partícula de esta vacuna tiene una capacidad de anticuerpos loquísima. Por ejemplo, produce unas 50 veces los anticuerpos neutralizantes de la Sputnik V y unas dos veces más de lo que se genera con un booster (refuerzo) de la Pfizer”, cuenta Pérez Marc.

El Dr. Gonzalo Pérez Marc lidera el proyecto local de la vacuna.

Curiosamente, y ahí el llamativo mote de “vacuna vegetal”, es una partícula que no se crea en un laboratorio, sino que se le introduce el ADN con la información a la planta y es la planta la que permite que se “genere” la partícula dentro de ella. “Metés el ADN recombinante y la planta procesa ese ADN generando una proteína. Y las divide en grupos de tres encastrados en una membrana de grasa o membrana lipídica. Entonces, se toma esa partícula, se introduce en la vacuna junto con un adyuvante (potenciador de la respuesta inmunológica) y genera una respuesta muy robusta”, detalla. “Produce 2.000 anticuerpos neutralizantes”.

En lo formal, se trata de dos aplicaciones con una interdosis de 21 días, como las vacunas de Pfizer o Sinopharm. “Tenemos una expectativa enorme”, se ensancha el investigador. Hasta el momento, Medicago logró una notable inmunidad humoral, con anticuerpos que neutralizan el virus. Y una potente memoria celular, que es –según dicen los especialistas– “la más importante” porque “es la memoria que te queda y hace que, ante una amenaza, las células actúen y produzcan anticuerpos”.

Por lo demás, hubo una confusión que terminó llamando la atención de muchos pero que, en rigor de verdad, bien vale despejar: no, esta no es una vacuna vegana.

Por dos razones: la primera tiene que ver con el desarrollo de la Fase I y el testeo en animales. “Las fases preclínicas son con pruebas con animales, aunque cada vez menos: sólo lo mínimo e indispensable, igual que en medicamentos importantes”, aclara el experto.

Y la segunda: la sustancia del adyuvante, que definitivamente no es vegano. “Pero la vacuna en sí no tiene un componente animal, como no lo tiene tampoco ninguna otra.”

A la sazón, ¿por qué la vacuna de Medicago entusiasma a los vegetarianos? Pérez Marc deduce una respuesta: “Porque, al ser parte de un proceso natural, sirvió para interesarlos. En los ensayos llegó mucha gente que habitualmente no toma medicamentos. Y que no suele darse vacunas que no sean obligatorias. Entonces, el miedo al coronavirus conjugó para que llegara gente joven con una visión natural de la vida”.

El laboratorio de Medicago en Canadá, junto al invernadero de plantas.

Por estos días, el estudio que está llevando adelante Medicago junto a centros de investigación de todo el mundo comprende a unas 30 mil personas de todas las edades. En nuestro país, Anmat lo autorizó para mayores de 18 y hasta adultos de 59. Y solamente en el Hospital Militar ya hay unos 7.000 compatriotas que forman parte del estudio. Es decir, un tercio del estudio mundial.

“Los estudios de Fase III duran entre uno y dos años, pero con los análisis interinos y las aprobaciones de emergencia, los ciegos de los ensayos se abren cuando se superan los 160 casos positivos. Y ahí se ve cómo funciona la vacuna y cuál es su respuesta. Por eso, en estas instancias, las vacunas sólo pueden ser manejadas por estados nacionales y no las puede comprar cualquiera.”

Entre las ventajas notorias que cuenta la vacuna de Medicago está la conservación en heladera, lo que facilitaría no sólo el almacenamiento, sino también la logística y la producción. Además, al ser de origen vegetal, la producción puede escalarse fácilmente. Y, hasta el momento, no generó efectos adversos.

“Parecería tener muy poca reacción”, suma Pérez Marc. Y lo más importante: hasta el momento produjo una potente inmunogenicidad. “Es decir, tiene una capacidad de generar antivirus muy buena.” Asimismo, como es una vacuna con participación estatal, posiblemente se enliste en el grupo de las “vacunas económicas”.

Las plantas de Nicotiana benthamiana suelen ser las más usadas en materia de virología vegetal.

Por estos días, el Estado canadiense y el laboratorio Medicago consiguieron que la Administración de Medicamentos y Alimentos estadounidense (FDA) se comprometa a darle fast track, un mecanismo de vía rápida para autorizar la comercialización de la vacuna.

Entretanto, si efectivamente resultara eficaz, la autorización de la FDA servirá para darle luz verde a que otros países, incluida la Argentina (con su rol central en el estudio, como lo tuvo con Pfizer), tengan la posibilidad de negociar.

“Es importante destacar el nivel de seguridad de toda la investigación clínica. Y el nivel de respeto por la autonomía del sujeto y del cuidado, la vigilancia sobre la persona. Acá no se saltean pasos, sino que se redujeron los tiempos burocráticos. Básicamente, por la voluntad de los gobiernos, por la urgencia y por la plata para los desarrollos. No tenía sentido que las autorizaciones tardaran tanto”, concluye Pérez Marc.