La Argentina es el primer país en Latinoamérica, y uno de los pocos en el mundo, en reconocer en el DNI a las personas que no se autoperciben masculinas ni femeninas. La resolución genera un nuevo debate en materia de género hacia el interior de los activismos. Cuáles son las repercusiones, las discusiones y las historias por detrás de una X. 


“¡No somos una X!”, reclamó alguien entre el público mientras Valentine Machado recibía su DNI no binario, abría su camisa y mostraba una remera que llevaba por debajo con esa misma leyenda. Segundos antes, la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad le había entregado a Machado su DNI en el que optó por la letra X.

Todas, todes, todos quedaron perplejos con ese acto de rebeldía ambivalente. Desde el presidente Alberto Fernández, que entregaría el suyo a Shanik Lucián Sosa Battisti, hasta la ministra Elizabeth Gómez Alcorta y el ministro del Interior, Wado de Pedro, que entregó el DNI a Gerónimo Carolina González

El reclamo disruptivo, en medio de un evento también disruptivo, rompió con la solemnidad propia de un acto en Casa Rosada, amplificó el debate y visibilizó las tensiones que existen frente a este tema. Más allá de esto, lo cierto es que mediante el decreto presidencial N° 476/21, la Argentina se convirtió en el primer país de Latinoamérica y uno de los pocos en el mundo (entre Canadá, la India, los Estados Unidos y Alemania) en reconocer las identidades no binarias en sus documentos. Es decir, a las personas que no se autoperciben ni como masculinas ni como femeninas. 

Aplausos de Wado de Pedro, Alberto Fernández y Elizabeth Gómez Alcorta para Valentine Machado

Derribando mitos

¿Qué es una identidad no binaria? ¿Por qué la X y no la Y o la Z o la T? ¿Qué implica el reconocimiento? La X, ¿abarca a todes? 

Dentro de una sociedad binaria, al nacer se nos asigna un género que está asociado a nuestro sexo. Pero las identidades van más allá de genitalidades y biologicismos. Cada persona puede autopercibirse de la manera que quiera o sienta. Este es el punto central del debate. 

La serie La fábrica del deseo, una producción estrenada en 2019 que se puede ver en la plataforma Cont.ar, explora diversos recorridos en torno de las identidades. Así, lxs protagonistas reflexionan sobre el valor simbólico de este concepto y expresan diversas posturas: “Es el intento de respuesta a la pregunta ‘quién soy’”, o “la manera en que una persona puede adueñarse de quién es y qué siente más allá de su corporalidad”, así como “lo que uno se gesta o crea en torno a lo que es”, o “una forma de sentirse, autopercibirse, de relacionarse”; incluso “una variedad de posibilidades de ser, como personas existen en el mundo”, según se desprende de los testimonios.

La Ley de Identidad de Género (Nº 26.743), sancionada en 2012, deja en claro que el derecho a esta identidad va más allá de varón y mujer como características biológicas. La decisión de entregar los DNI llega luego de que varias personas obtuvieran por vía administrativa o judicial la rectificación de sus partidas de nacimiento.

Según establece el nuevo decreto, las opciones pueden ser F, M o X, que “comprende las acepciones no binaria, indeterminada, no especificada, indefinida, no informada, autopercibida, no consignada; u otra con la que pudiera identificarse la persona que no se sienta comprendida en el binomio masculino/femenino”. 

F, M, X y +

Desde la asociación Todes con DNI explican a través de un comunicado la postura de Valentine Machado. En primer lugar, expresan que “abrazan” a quienes recibieron su DNI y a les que van a poder recibirlo. Pero argumentan que la X no refleja quiénes son. “Muches de nosotres seguimos quedando afuera. Una tercera categoría, decidida desde el Estado, borra nuestra diversidad y las múltiples vivencias de quienes nos identificamos por fuera del binario masculino o femenino. Al ubicarnos a todos, todas y todes bajo una única categoría se nos margina a la encriptación identitaria, mientras se jerarquiza a la M y la F, que sí acceden al derecho a ser nombradas específicamente. En nuestros documentos no se leerán nuestras identidades.” 

Desde el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, la ministra Elizabeth Gómez Alcorta responde a El Planeta Urbano en torno al decreto y estas diferencias. “Es un cambio trascendental que hace visible lo invisible, reconoce la existencia de otras identidades para pensar la política económica, social y educativa, para repensar los sistemas de información, entre tantas otras cosas.”

Al mismo tiempo, reconoce los reclamos y asegura que no le parece ilógico el planteo. “La Argentina es el primer país de Latinoamérica en reconocer este derecho. Es motivo de orgullo. Es importante pensar en estos hitos de la historia como parte de procesos, de caminos mucho más largos. Son pasos que damos en favor de la visibilidad, del reconocimiento y, sobre todo, contra siglos de invisibilidad e injusticias. La situación ideal, el horizonte hacia el que vamos, es que no existan marcas de género para el ejercicio de derechos.”

La ministra argumenta que los documentos de viaje responden a reglamentaciones internacionales y que hay pocos países que avanzaron en políticas de género respecto de los documentos identificatorios. “Hoy, la normativa internacional permite la inclusión de una X como una tercera categoría. Muchas, muches y muchos podrán sentir que no es ideal, pero hay que ver el hecho político en el marco de un camino muy firme hacia el reconocimiento de derechos que venimos andando sin pausa.”

Shanil Lucián y Sasa, historias detrás de la X

Shanik Lucián Sosa Battisti atiende el celular desde su Ushuaia natal con mucho entusiasmo. “Fue muy inesperado, muy mágico. Llegamos a la madrugada a Buenos Aires y no dormimos de los nervios. Cuando me dijeron en la Casa Rosada que el DNI me lo iba a entregar el Presidente, dije: ‘¡Guau! No te mueras, Shanik, no te desmayes, no respires. ¡No digas nada!’.” Shanik cree que este es un gran paso. “La X representa todos los géneros en sí, es buenísimo. Vamos a ser un país y una sociedad mejores”, resume esta joven no binaria, que dice que es importante preguntar los pronombres a las personas con estas identidades. 

En 2019 presentó un amparo por discriminación junto con la ayuda de la organización Red Diversa Positiva y logró un fallo favorable. El Registro Civil de Tierra del Fuego rectificó su partida de nacimiento y le pusieron “género no binario/igualitario”. 

Luego, mientras tomaba mate con un amigo, recibió la noticia de que debería viajar a Buenos Aires a recibir su DNI. “Obviamente, no soy una X, no me representa, pero nos da la posibilidad de tener el DNI. Es un gran avance para la comunidad LGBTIQ+ y para la sociedad argentina. Para que sepan que existimos, que no nos escondemos y también valemos”, enfatiza Shanik, que tiene 27 años, un hijo, y trabaja en una cooperativa de estacionamiento medido.

Recuerda que en la adolescencia se sentía diferente pero no sabía cómo ponerlo en palabras, y no quería salir del clóset por miedo. “No tenía idea, no había información, no se hablaba del tema. Seguí mi camino, pero cuando sentí que me estaba afectando y conocí otros casos, me di cuenta de que no estaba sola. Ahí dije: ‘Me siento de esa comunidad, soy no binarie’.” 

Sasa Testa tiene 35 años, se define como una persona trans no binaria y prefiere que lo nombren en género masculino neutro. Es profesor de Castellano, Literatura y Latín, magister en Estudios y Políticas de Género, está cursando el doctorado en Ciencias Sociales en la UBA y trabaja en la gerencia de Género, Diversidad y Derechos Humanos del Banco Nación. Sasa usa el pelo corto y peinado con gel, es largo y flaco y lleva puesto un gabán y pantalón oscuros. Estuvo en el acto en Casa Rosada y se lo ve exultante.

“La posibilidad de correrse del género binario es el fruto del reclamo de nuestra población. La decisión política de dar este paso adelante da cuenta de que las cuestiones referidas a la identidad no son estrictamente binarias, lo cual invita a repensar todo un sistema hasta ahora regido por esa lógica. Es un avance para celebrar en la medida en que garantiza el pleno ejercicio del derecho humano a la identidad y mejora el proyecto de vida”, explica en el atardecer de un martes helado en una plaza de Villa Lugano. 

Para resumir su historia, narrada en el libro Soy Sabrina soy Santiago (Editorial Ariel), cuenta que su transición fue un proceso de descubrimiento: “Siempre tuve la sensación dentro de mí de que ese género asignado al nacer no era tal. Cuando pude ponerle nombre a esta incomodidad, vino una suerte de alivio y una nueva manera de ver el mundo. Cómo nos percibamos cada une es una vivencia interna. Es un proceso que nunca termina, la transición es un gerundio. O la idea de que finalmente no hay nada estático, todo es un constante devenir”, concluye, para dejar en claro que estamos en el camino correcto hacia un hecho clave para existir: formar parte de la inclusión.