La cantautora chilena, referente del electropop y activista LGBTIQ+, acaba de sacar un nuevo EP de cinco canciones que dialogan con el pasado y un presente posapocalíptico y reflexiona sobre la actualidad sociopolítica de su país.


“Yo vivo en el pasado y no está bien. Está bueno y no está bien”, canta Javiera Mena en “Flashback”, uno de los singles adelantos de su nuevo disco, y parecería sintetizar el imaginario de los tiempos que corren. El videoclip está inspirado en Akira, aquel filme de animación japonesa surgido de la mente de Katsuhiro Otomo que muestra una realidad posapocalíptica y cyberpunk. Aunque parezca lo contrario, la cantautora chilena, referente del electropop y activista LGBTIQ+ que ya lleva cuatro discos publicados, creó este track mucho antes de la pandemia.

Desde su casa en Madrid, con una remera negra que tiene estampado el rostro de otro personaje de animé, Rei Ayanami, de Evangelion, cuenta el detrás de escena vía Zoom: “La compuse en México con Luis Jiménez. Ahí ni siquiera nos imaginábamos lo que iba a pasar. Pero se sentía en el ambiente una onda medio apocalíptica. Mi música tiene ese toque retrofuturo. Por eso también el concepto de flashback, de acordarse que ya las cosas no son como antes. Nos dio un poco de miedo. ‘Somos brujas’, decíamos”, recuerda entre risas en diálogo con El Planeta Urbano mientras analiza el lanzamiento de Entusiasmo, un EP de cinco canciones que la exponen en un presente que dialoga con la nostalgia, el deseo y la tecnología.

–¿El animé influenció, de algún modo, tu música?

–Creo que mi imaginario musical se topa con el animé en los sintetizadores que aparecen y el retrofuturo. Allí se da un diálogo que lo he llevado a mi arte. El video de “Espada” tiene un montón de influencias de Sailor Moon.

–¿Siempre tuviste una relación fluida con lo tecnológico a la hora de crear?

–Sí. Desde pequeña he tenido algún que otro teclado Casio, lo abría y lo intervenía para que sonara de otra manera. Cuando tuve la primera computadora me pareció todo muy natural. Tuve internet desde muy pequeña y he estado muy conectada.

–¿Cómo nació el interés por lo electrónico?

–Me gustaba mucho y empecé a darme cuenta de que mi influencia estaba ahí, en los 80, porque era la música que me hacía vibrar, porque la descubrí en mi niñez temprana. Cuando tuve internet averigüé sobre aquellos artistas (Diana Ross, Bee Gees), y al momento de hacer música decidí tomar esos referentes. Traté de emular esos sintetizadores de los 80, de encontrar esa melancolía tan rica que mucha gente siente. Fue una época dorada donde la música cambió.

–En el tema “Diva”, de tu nuevo EP, cantás junto a Chico Blanco, un artista que combina lo electrónico con lo urbano, que hoy está en auge. ¿Te interesan estos sonidos?

–Soy muy de estar escuchando como una antena todo lo que sale. He usado ritmos como el dembow y cosas así. A mí también me influenció el reggaetón. El primer disco de Don Omar me encanta. Me trae muchos recuerdos. Hace tiempo que es parte de nuestro pop latino. También me gustan Cazzu y el Duki. Aunque creo que voy más por la electrónica y el pop, y desde ahí voy agarrando influencias. No sé si yo haré un trap. Sería raro. Aunque lo respeto y me gusta. A Chico Blanco lo conocí en una fiesta y lo que me gusta de él es que, además de ser urbano, está dentro de la electrónica. Siento que es de una generación muy joven pero que vuelve a traer la misma música que yo.

–En tus canciones se mezcla lo electrónico con lo folklórico sin pruritos.

–Soy una melómana absoluta. Me muevo por muchos lugares. Me encantan las baladas antiguas de los 80 y 90. Las escucho por la mañana y canto. Soy muy versátil. Puedo hacerte una balada y también una canción como “Diva”, que está muy arriba. Eso me gusta a mí. Me gusta descolocar a la gente, sorprenderla e ir variando. Soy géminis también; me puedo casar con cualquier estilo.

–¿Notaste cierta evolución en tu música?

–Sí, siempre voy cambiando. Nunca una obra es igual a la otra. Hablo desde mi experiencia también. Me siento una trovadora. Escribo para mí, por mí, es bien de autor lo que hago. Eso va mutando. Este es un disco superpasional. Vuelvo a meterme en la cuestión del deseo, uno de los temas más manoseados en la música pop, pero desde otro lado. Para mí es riesgoso volver a los lugares de siempre. Volver al deseo es un gran riesgo porque puede aburrir. Pero ahí está la astucia: volver a encontrarte con el deseo, la pasión, el entusiasmo y que sea fresco, algo nuevo también.

–En varias de tus canciones, como en “Corazón astral”, narrás el goce femenino de una mujer a otra.

–La canción viene de un romanticismo, entonces, si yo voy a hablar de eso y soy lesbiana, voy a dedicarles la música a musas mujeres. Nunca quise mentir. Por ahí nació mi activismo, de la música y la poesía. Poco a poco me fui transformando en una referente de la comunidad homosexual, porque no había muchas –sobre todo mujeres–; en alguien más comprometida. Ahora tengo cada vez más conciencia de que hay que reivindicar que estamos en un buen momento gracias a muchas personas que se han atrevido. También muchas siguen escondidas en el clóset, viviendo dobles vidas. Hay que tener cuidado con eso. Tuve la suerte de que mi familia me apoyara. Desde ese lugar, he podido decirle al mundo quién soy. Eso ha ayudado a mucha gente.

–¿Cómo estás viviendo la revuelta social que hay en Chile desde octubre de 2019, que decantó en la reforma constitucional que buscará reemplazar la Constitución sancionada por el dictador Pinochet?

–Chile está atravesando un momento muy impactante. Está supercargado. Todo nació del estallido social y, también, vino un feminismo súper-power. Todavía no tenemos ley de aborto ni matrimonio homosexual. En ese sentido, estamos un paso atrás de la Argentina, pero por eso mismo creo que hay tanto movimiento. Salió la canción “Un violador en tu camino”, de Las Tesis, que dio la vuelta al mundo y viene de un beat electrónico también. Todos estos años los van a estudiar en las futuras generaciones porque son muy importantes. Hubo un levantamiento popular que ahora está haciendo que redactemos una nueva Constitución de cero. Es muy heavy.

–En tus comienzos musicales, compartiste escenarios con Rosario Bléfari, a quien, fatídicamente, le tocó partir de este mundo muy joven, en 2020. ¿Cómo la recordás?

–Fue la primera persona famosa que conocí porque las teloneé a ella y a la María Fernanda [Aldana] en un proyecto que compartían, Capricornio. Era la primera vez que tocaba en un concierto más grande. Después fui a Buenos Aires y me invitó a su casa a tomar la merienda. Comimos queso y dulce. Nunca lo olvidaré. Su lírica me parecía muy especial. Me influenció mucho, sobre todo para mi primer disco (Esquemas juveniles, 2006). Su mensaje fue: “Sé libre para escribir”. El no estar tan pendiente de que el otro te entienda sino en transmitir cosas. También la fonética de las palabras, muy ligada a la poesía. Canciones que, más allá de la música, si tú sacas solamente la letra y la escuchas sola, ya te va a dar musicalidad. Era una gran poeta. Una lástima haberla perdido, pero sigue presente en todos nosotros.

–¿Cuáles son tus expectativas con este nuevo EP?

–Que le guste a la gente. Crecer, volver a tocar, ir a la Argentina, también a México. Teníamos muchas presentaciones y todas se cayeron por la pandemia. Espero poder seguir produciendo a otros artistas, que es algo que también estoy haciendo actualmente, sacando canciones y reinventándome, que es la famosa palabra que tanto cuesta. Ahora ya voy por mi quinto disco y es como seguir encontrando la inspiración. Seguir maravillándome con lo mismo de siempre y con lo que todos quisiéramos: encontrar la fuente inagotable de inspiración.