Nacidos y criados en Salta, sus primeros recuerdos fueron arriba de una moto y aceleraron hasta convertirse en referentes del enduro de toda una generación.


Kevin Benavides aprendió a pedalear y al otro día le regalaron una moto para andar con los primos y amigos, pasarla bien, divertirse, marcarle las ruedas al asfalto, acelerar hacia la pista de sus sueños. A los nueve tuvo la primera carrera regional de enduro, y a los 32 acumula más de 300 victorias. La vida es eso que pasa mientras el piloto nacido en Salta gana carreras subido a su nave. Diez títulos regionales, cuatro veces campeón argentino, tres veces campeón sudamericano, cinco medallas de oro en el Six Days y leyenda del Dakar: es el primer campeón latinoamericano. Después de una extensa sociedad con Honda, acaba de firmar con KTM para ser el primero, también, en ganar el Dakar con dos marcas distintas. “Me gusta ganar, no me gusta perder, y eso me hizo buscar mejorar, ir hacia más. Es ganar y automáticamente plantearme nuevas cosas.”

Luciano Benavides, también salteño, siete años más chico, heredó motitos que coleaban y pegaban saltos en el cantero del patio de la casa, pero a los cinco ya pisaba fuerte y corría carreras zonales por la provincia. Por pulsión, audacia y mandato ganó dos títulos junior, dos en la categoría mayor y una medalla de oro en el Six Days. En su segunda participación en el Rally Dakar salió octavo y al año siguiente se quedó con el sexto puesto, lo que lo perfila a repetir la gesta e ilusionarse con la obtención del primer puesto en el certamen más arduo y complejo de todos. Pero como las motos tienen una fecha límite y el riesgo es tan alto, proyecta y visualiza, para el final de la travesía, relacionarse con su vocación desde otro lugar: “El día que no pueda seguir corriendo por equis motivo me gustaría seguir ligado al mundo de las carreras y probar con los autos. Mientras sea arriba de algo que tenga motor y compitiendo, voy a ser feliz, así que sería un lindo paso”.

Humildes, luchadores, exigentes, familieros, obsesivos, sacrificados, motoqueros, ganadores y campeones desde la cuna: los hermanos Benavides prometen nuevas hazañas a toda velocidad.

–¿Cómo describirían lo que se siente salir campeón?

Kevin Benavides: –Salir campeón es mérito de todos los entrenamientos, sacrificios y lo que se deja de lado para estar en lo más alto; es la coronación de todo eso, una sensación de saber que el trabajo que hiciste se logró.

Luciano Benavides: –Es algo único, una sensación de superación, relajación y satisfacción de saber que te lo propusiste, que fuiste el mejor, el más rápido y el más constante. Ser campeón no es ganar una carrera, son muchas cosas que se tienen que dar. La última sensación que tengo es en 2019, cuando salí campeón mundial junior de rally. Salir campeón es como una droga, después de eso vas en busca de volver a sentir lo mismo.

–¿Para ganar el Dakar son imprescindibles el tiempo y la experiencia?

L. B.: –Por la complejidad, el Rally Dakar requiere más experiencia para salir campeón. Para ganarlo tenés que haber sufrido antes. De todos los que ganaron el Dakar, no hay uno que no haya pasado por momentos de sufrimiento. Son dos etapas seguidas en las que no sólo tenés que ser el mejor en velocidad, técnica o navegación, sino que son un montón de factores externos que por ahí uno no controla. Todo se tiene que alinear para que se dé el resultado. Son muchos pilotos que están en un muy buen nivel y es una vez al año. Tenés que pasar por muchas situaciones previas de aprendizaje. El sufrimiento de los golpes y las caídas te hacen volver a intentarlo con más ganas.

–¿Cuando ganaste el Dakar, sentías que podías hacerlo?

K. B.: –El Dakar lo vas trabajando etapa por etapa, pero yo sabía que lo podía ganar desde el año que debuté, sentí que lo podía hacer. Me llevó cinco años pero desde un principio siempre tuve la esperanza y la sensación de que lo podía lograr. Pero el Dakar es el Dakar y puede pasar cualquier cosa en cualquier momento.

–¿Qué hace falta para ganarlo?

K. B.: –Muchas cosas. Hay que entrenarse, tener constancia y perseverancia, estar enfocado en el objetivo, no rendirse. Después, cada una de las etapas te presenta oportunidades diferentes, riesgos. Es difícil decir qué tenés que tener para ganar el Dakar, es un conjunto de muchísimas cosas. Yo siempre sentí que había nacido para lograr algo grande, quería dejar mi nombre en lo más alto, por lo cual ser el primer latinoamericano en dejar mi nombre en el Dakar ha sido lo mejor de mi carrera deportiva, porque es la carrera más difícil del mundo, sin duda. Hicimos historia, que era lo que yo quería. Estoy muy feliz y contento por ese triunfo.

–¿Cómo manejaste la ansiedad y la adrenalina? ¿Se puede pensar con el vértigo de la competencia?

K. B.: –Yo traté de enfocarme siempre en el momento y no pensar nada. Hacia adelante y enfocado en lo que estaba haciendo hasta el último kilómetro, que pude relajarme por completo y disfrutar la que había sido la victoria.

–¿Cuánto tiempo se prepara una competencia como el Dakar?

L. B.: –Para el Dakar nos preparamos todo el año. El entrenamiento que hice hoy fue pensando en eso. El Dakar es una vez al año, pero la preparación es todo el año porque es difícil prepararse en un mes. Es un proceso de entrenamiento y navegación en el desierto. Las carreras del Mundial, si bien son muy importantes, son entrenamientos para el Dakar. Es la carrera reina de lo que hacemos. Todo lo que hacemos es pensando en el Dakar. Nos entrenamos para ese objetivo.

–¿Qué les apasiona de las motos?

L. B.: –Sin duda, lo que nos gusta es la sensación de riesgo de ir arriba de una moto siempre dando el máximo. Querés ganarles a todos los que están ahí y superarte a vos mismo. Es una competencia contra los demás y contra vos mismo. Nosotros somos competitivos hasta en ver quién se levanta antes que el otro. La sensación que te dan el Dakar y el rally es totalmente distinta a las otras disciplinas que corrimos antes. La sensación de libertad que te da el desierto, yendo solo por tanto tiempo, es única. En el momento la odiás y te preguntás qué hacés ahí, pero después te das cuenta de que es lo que te hace sentir más vivo que nunca.

K. B.: –La adrenalina, el motor y descubrir lugares a los que únicamente podés llegar con la moto.

–Cuando se es muy apasionado se celebra y festeja mucho ganar pero también se sufre mucho perder, ¿cómo sobrellevaron sus momentos complicados y las derrotas?

L. B.: –Sin duda, en la vida de un deportista, y sobre todo en el Dakar, es más sufrimiento y derrota que ganar. Cuando las cosas van mal hay que aprender y que te dé más fuerza. Siempre que me caí supe volver más fuerte. Detrás de las caídas están las inseguridades y miedos, un montón de cosas que uno siente y no las expresa. Pero siempre lo vuelvo a intentar y peleo para dar lo mejor. En mi debut en el Dakar me accidenté fuerte, me quebré cinco vertebras y volví mejor. Al año siguiente salí octavo, y en 2020 salí sexto. Este Dakar me caí pero hay que volver a mejorar.

K. B.: –A medida que uno es más grande y va madurando aprende a ver la vida, los triunfos y las derrotas de otra manera. Eso te lo van dando la experiencia, la madurez y el tiempo.