En una charla íntima con El Planeta Urbano, los embajadores de General Motors reflexionan sobre el presente de los artistas y revelan el secreto para sostener una relación de más de diez años en un ambiente repleto de egos.


Florencia Otero y Germán Tripel se conocieron en 2008 mientras trabajaban juntos en un musical de Ciudad Cultural Konex, y desde entonces jamás se separaron. A los pocos meses de noviazgo, los artistas apostaron por la convivencia, y ocho años más tarde sellaron su amor con el nacimiento de su primera y única hija. Hoy Flor y Tripa son una de las pocas parejas del medio que se mantiene unida con el paso del tiempo, a pesar de compartir escenario en cada nuevo proyecto. “Saber que el otro siempre va a estar ahí para atajarte es impagable”, aseguran en esta charla con El Planeta Urbano.

–En medio de la pandemia, protagonizaron Los últimos cinco años en el teatro Picadero y fueron los primeros artistas de América en volver a pisar un escenario para hacer comedia musical. ¿Qué los impulsó?

Florencia Otero: –Bueno, un poco lo que nos impulsa siempre: la rebeldía, pero no por el hecho de ir en contra de algo, sino por no frenar. No podemos frenar.

Germán Tripel: –Sí, estar en la primera línea de batalla. Decir: el arte no le tiene miedo a nada. Fue levantar la mano para que vean que estamos acá, que no tenemos miedo. Eso fue lo que nos movilizó a hacerlo, y también demostrar que en un lugar como la Argentina, que está en el culo del mundo, lo podíamos hacer primero. A Broadway se le prendió una luz.

Hace un tiempo, Mauricio Kartun dijo: “Creo que lo más interesante no es el momento, sino lo que dejará”. ¿Qué creen que va a dejar este momento a nivel artístico?

G. T.: –Hay una canción que hacía Enrique Pinti: “Quedan los artistas”. Los artistas vamos a quedar, porque somos una especie de cucaracha que va sobreviviendo a las guerras atómicas, a las represiones.

F. O.: –El arte, tanto como la educación, es cultura y es esencial. Por eso necesita tener distintas formas para poder seguir adelante. Vos preguntabas qué va a dejar este momento, y yo decía: “Bueno, siendo un canal expresivo, no puede ser silenciado”. El arte no puede tener un tapaboca. Por supuesto, tiene que tener cuidados y protocolos, eso no está en discusión. El tema es que no puede tener un freno. Yo creo que este momento va a dejar nuevos canales de expresión y menos prejuicios entre esos canales expresivos. Hoy podés ver un streaming de una obra de teatro que se vuelve medio cinematográfica, y está buenísimo. El teatro en vivo es el teatro en vivo y nada lo reemplaza, pero todavía tengo el optimismo de pensar que va a dejar cosas copadas si sabemos aprovecharlas.

¿El arte nos está ayudando a pasar este momento?

G. T.: Vos fijate que durante la cuarentena nos la pasamos viendo series y mirando la tele. Yo creo que el arte, la música, nos ha salvado la cabeza a todos. No digo que siempre sea un escape, pero sí nos ha generado ese recreo dentro de este bombardeo de información.

–Ahora están grabando una película juntos, Conurbano. ¿Qué desafíos les trae trabajar en pareja?

G. T.: –Sí, pero esta vez no hacemos de pareja y no nos cruzamos en toda la película (se ríen).

F. O.:Bueno, son distintos los procesos según los proyectos. Cuando hacemos obras en las que nuestros personajes están vinculados, nos encontramos con que laburamos muy distinto. Yo soy más caballito, y él es más de improvisar. Pero, de pronto, en otros proyectos en donde nuestros personajes no están tan relacionados, tenemos la posibilidad de ayudarnos mucho más. Con nuestra banda sí hay tensiones enormes (se ríen), porque estamos los dos a la cabeza. Pero lo bueno es que nos subimos al escenario y sucede, incluso a veces nos ayuda a limar asperezas. Si no funcionara, diríamos: “Che, prefiero trabajar con otra persona. Te amo pero te espero en casa”.

G. T.: –Siempre en los proyectos queremos que esté el otro, porque sabemos que, más allá de las diferencias, somos efectivos a la hora de laburar juntos. No es que somos cantantes, músicos o actores, somos todo eso y además trabajamos con marcas, grabamos comerciales, jingles, voces… Hacemos de todo, nos encontramos todo el tiempo empapados de laburo.

–Recién mencionaron a las marcas. ¿Cómo eligen con cuáles van a trabajar?

F. O.: –Con muchas marcas nos pasa que solamente hacemos las publicidades, y con otras elegimos tener un vínculo a largo plazo. EnChevrolet, por ejemplo, somos embajadores de la marca. Eso es distinto, nos involucramos desde otro lugar, proponemos ideas, somos parte del proceso creativo de las acciones. Está buenísimo, porque te encontrás siendo parte de una familia y contás las cosas desde tu lugar.

–¿Cuándo empezaron su vínculo con Chevrolet?

F. O.:Hace tres años nos mandaron la primera camioneta, en el mes del Día de la Madre, y así empezó el vínculo. Empezamos a armar shows arriba de la Tracker, entrevistas, videos divertidos, todo lo que hacemos en nuestra vida pero ahí arriba.

G. T.: –Lo que Chevrolet tiene con nosotros es que nos da la posibilidad de crear. Obviamente, todo es consensuado, pero saben que nuestras redes las manejamos nosotros y sabemos qué es lo que más funciona. Hay muchas marcas que se ponen esta cosa de rigidez y te dicen: “Quiero que salga esto”. Pero trabajar en Chevroletes como estar en Disney. Tiene esta cosa de mimo de una marca grande, conocida mundialmente, que hace lo que sabe hacer: cuidarnos a nosotros, a sus productos y a sus clientes.

–Hoy están usando la nueva Chevrolet Tracker. ¿Qué recomiendan del vehículo?

F. O.: –Es automática, estaciona sola, apretás un botón y le preguntás si llueve y te contesta, es una locura.

G. T.:La Tracker nos asiste a nosotros, básicamente, porque tiene una inteligencia que nunca habíamos visto.


Ping-pong Chevrolet Tracker

–¿Un viaje que les haya marcado la vida?

F. O.: –Hicimos un viaje increíble a Nueva York y después a Marruecos. Estábamos en un momento rarísimo a nivel económico, laboral, y de repente nos cayó una beca para ir a estudiar comedia musical a Broadway. No lo dudamos. Ya estando allá, me llama un amigo y me dice: “Voy a festejar mi cumpleaños en Marruecos y quiero que cantes, venite con tu familia”. Así que nos fuimos de la nieve al desierto, literalmente, a un oasis al lado del desierto del Sahara. Fue lo más loco que hemos vivido.

G. T.: –Hasta lo vimos a Ricky Martin en vivo, el show sorpresa era Ricky Martin (se ríen).

–¿Qué no puede faltar en la guantera?

F. O.: –Pañuelitos para Nina, alcohol en gel, algún maquillaje, él siempre se lleva perfumes, agua y nuestro burbujero para hacer ejercicios y vocalizar antes de los shows.

–¿Una canción para viajar en la Tracker?

G. T.: –“Welcome to the Jungle”, de los Guns, o algún tema de Velvet Revolver.

F. O.: –Yo, sin duda, algo de Aerosmith.

–¿Un toc dentro de la camioneta?

G. T.: –Entro y tengo que bajar las ventanas, acomodo las llaves de casa, pongo a cargar el teléfono, porque la Tracker tiene cargador inalámbrico, y recién ahí empiezo a manejar.

–¿Conductor o copiloto?

F. O.: –Copiloto, pero soy de las que te llevan el sándwichito, te va cebando mate, pongo música… No soy buena con el GPS porque me distraigo, pero lo tomo con calma (se ríen).

G. T.: –Conductor. Pero ella es muy buena copiloto, debo decirlo.

–¿Un destino para recorrer con la Tracker?

G. T.: –El último que hicimos a Carlos Paz, por las sierras, fue impresionante. Pasar entre las montañas con la Tracker fue hermoso.

F. O.: –El próximo viaje que tenemos ganas de hacer con la Tracker es al sur.

G. T.: –La Argentina es hermosa para recorrerla en auto.