El pibe que rompió todas las reglas acaba de sacar su segundo LP, Desde el fin del mundo, su trabajo más ecléctico, de transición hacia nuevos horizontes musicales, redondo, en sintonía con un presente maduro y la consolidación definitiva de un artista global. Mano a mano con el niño mimado del trap de estas latitudes.


“¿Cuál es el paso para llegar al siguiente nivel?”, se pregunta Mauro Lombardo, alias Duki, el golden boy del trap sudamericano y uno de los artistas más escuchados de Spotify Argentina. Es abril, hay solcito, hay pandemia. No está fresco pero Duki lleva bufanda. Y si bien no suele dar notas, prende mecha y se lo ve cómodo, confiado, alegre: en su salsa. Por estos días, Duki está por lanzar Desde el fin del mundo, su segundo álbum de larga duración tras Súper sangre joven, editado en 2019. “Hoy, un disco te permite seguir evolucionando y creciendo”, continúa el rapero.

A esta altura de la soirée, Duki es un artista que no necesita demasiada presentación, pero acá –porque su historia tiene bastantes ribetes cinematográficos y su fábula no para de crecer– va más o menos de nuevo: cuando apenas era un pibito, su fama comenzó a hincharse como freestyler mientras llamaba la atención de todos en El Quinto Escalón, la competencia de improvisación callejera más importante en la historia.

Cinco minutos antes, el joven Mauro había abandonado la escuela (“No me interesa terminarla”) y se había metido a trabajar en una farmacia. Con su primer sueldo, se compró una campera del AC Milan. Al toque, en un raid que fue in crescendo, se obsesionó con los camperones, con el freestyle, con quedar grabado a fuego en la historia de la música latina.

En aquel entonces, Duki irrumpió en la escena con un flow de estirpe musical y, mientras su cotización como freestyler subía y subía, sorprendió a todos con “No vendo trap”, su primera canción homemade que rápidamente cosechó millones de views. “Yo no estoy trap, no vendo drugs/ Yo no estoy trap, no nací en Detroit”, cantaba en referencia a su naturaleza argenta y a lo lejos, lejísimos, que le quedaba la mueca gringa.

Así las cosas, con el foco en las melodías, dejó el freestyle competitivo, se pasó a la música y armó un convoy trapero junto a sus amigos Ysy A y Neo Pistea, dos de los más grandes exponentes de la movida nac & pop. Con #ModoDiablo, tal fue el bautismo de aquel trío, recorrieron la costa atlántica de punta a punta en una gira pagada por una marca de ropa. Shows agotados, un hype inmenso, un furor que no paraba de crecer.

“Hay una responsabilidad. Me siento responsable de todo lo que pasó. La gente empezó a idealizar. Les di la posibilidad de ver y entender el trap.”

Y, en su pasaporte sin escalas al mainstream, sacó “Loca”, junto a Khea y Cazzu, la canción inaugural del poderoso fenómeno del trap argentino, que hoy tiene 560 millones de reproducciones. Como tormenta de verano, llegaron colaboraciones con artistas reconocidos (del estadounidense Fuego al español C. Tangana, pasando por el puertorriqueño Bad Bunny), acumuló algunas polémicas (popularizó y jubiló el “skere” después de su llegada a Marcelo Tinelli y a la TV masiva; se trompeó a la salida de un boliche), tuvo su propia mansión (cita en Antezana 247, inspiración del álbum homónimo de Ysy A y trap house oficial de la escena doméstica), brindó shows históricos (un Luna Park en solitario, dos ediciones de Buenos Aires Trap) y se lució en su gira europea (tocó hasta en el famoso Razzmatazz de Barcelona). Hubo millones de reproducciones, de fans, de seguidores, de todo, mucho, muchísimo. Todo, mucho, muchísimo.

“Hay una responsabilidad. Me siento responsable de todo lo que pasó. La gente empezó a idealizar. Les di la posibilidad de ver y entender el trap”, sentencia Duki, asumiéndose (con justicia) como referente de la movida. “Paulo Londra, Khea y Cazzu también la rompieron siempre”, suma. Hoy por hoy, con la foto consumada, resulta más nítido reconocer la labor y la impronta de los artistas argentinos del género que terminaron configurando la nueva ola del trap. Sin la Argentina y su usina de talentos constante, muy posiblemente el trap en español gravitaría diferente.

Por caso, en este nuevo disco, que sale después del EP 24, Duki recorre géneros como la electrónica (“Es un curado digital de Asan y Yesan”) y el trap. Además, suenan algunos ecos a Linkin Park (“Muero de fiesta este finde”) y aparecen la balada romanticona y el reggaetón. “Si bien los temas son distintos entre sí, el disco está unido por la búsqueda de sonidos”, desgrana Duki. “Estoy en la búsqueda del progreso, de esa obra maestra. ¿Por qué Desde el fin del mundo? Porque estamos en el culo del mundo.”

Entre las colaboraciones del disco, figuran Ca7riel, J Rei, Lara91k, Ysy A, Khea, Lucho SSJ, Obie Wan Shot, el chileno Pablo Chill-E y los uruguayos Mesita y Peke 77, entre otros artistas de estas latitudes. “Me llevo mucho por la energía”, cuenta Duko a propósito de cómo elige a sus colaboradores. Gracias a su popularidad, Duki está en situación de conseguir prácticamente el feat que quiera. Sin embargo, para Desde el fin del mundo decidió perseguir un postulado: todos los artistas deberían ser del “culo del mundo”. De su boca: “Los pibes me enseñan y yo les enseño a ellos. Quería a todos artistas sudamericanos”.

En su historia como músico, Duki ya lleva grabadas más de 160 canciones. “Ahora el equipo está calmándome un poco”, bromea. “Últimamente empecé a bajar la cantidad, pero debo tener unos 30 o 40 temas dando vueltas por ahí, sin salir”. Esta hiperproductividad está condicionada por un método de trabajo singular: Duki no escribe, sólo improvisa. “Llegué al punto en el que me pongo delante del micrófono y me van saliendo las letras. No anoto nada, ni siquiera en el celular”.

Por estos días, Duki también grabó un freestyle exclusivo para las cuentas oficiales de la NBA Latinoamérica. “Yo le decía a mi vieja: ‘Má, voy a llegar a la NBA’”, tira en chiste. Fanático del deporte desde siempre, el encierro pandémico lo volvió a acercar con su gran amor: el básquet. De hecho, pocos lo saben pero el mismísimo Duki estuvo federado y hasta los trece años jugó en Almagro y Villa Mitre. Si bien de grande enfrió su relación, siempre estuvo entre sus inspiraciones (hasta le hizo un tema a LeBron James). Y ahora, inspirado por los Denver Nuggets del argentino Facundo Campazzo, volvió con todo. “Tengo ganas de ver en vivo un partido de la NBA, un Chicago vs. Denver, ¿sabés lo que debe de ser eso?”, flashea.

Y, fruto de toda la bulla generada por Bizarrap y sus populares sessions junto a L-Gante, Nicki Nicole y Nathy Peluso, la pregunta es constante: “¿Para cuándo la Music Session con Duki?”. Sin embargo, Duko es tajante al respecto: “No la voy a hacer. No es algo que haría por gusto, no tengo la necesidad. No me daría un público nuevo y ya hicimos un tema juntos para el disco. No me gusta correr con las pretensiones de la gente”, detalla. De hecho, en Desde el fin del mundo, Duki y Bizarrap se despacharon con “Malbec”, un trapcito que grabaron en los Estados Unidos.

Sin embargo, una de las cosas a las que sí se animaría es a volver eventualmente al mundo del freestyle competitivo. A la sazón, en 2020 le prometió este regreso a Dtoke, la leyenda del freestyle argentino, con el que coqueteó en una batalla online del Movistar FriStyle. “Estoy manija de hacerlo”, sorprende. “La re rapeo, me la paso rapeando todo el día.” Pero ahora, ya, en este instante, su cabeza está en su último álbum y, de puro movedizo, está pensando en qué hará luego. “Después me voy a poder mover por otros horizontes. Quiero experimentar con el reggaetón más comercial.”

“Nunca había frenado, nunca había parado para nada. Ahora me tomé un descanso, tomé otra perspectiva y mi ex pareja tuvo que ver en eso. Brenda [Asnicar] me permitió entender mis actos y ver otras cosas con más claridad.”

Se ve de lejos: con 24 años y unas mil vidas juntas, el Duko está más grande, más maduro y en su mejor versión. “Nunca había frenado, nunca había parado para nada”, revuelve. Cada vez más tiene una versión holística y worldwide del asunto. “Es que me tomé un descanso, tomé otra perspectiva y mi ex pareja tuvo que ver en eso”, sostiene sin titubear. En sus palabras, se comprime un agradecimiento sensato a la actriz Brenda Asnicar, quien hasta muy poco fue su compañera sentimental: “Ella me permitió entender mis actos y ver otras cosas con más claridad”.

En esta instancia de su carrera, Duki planea seguir creciendo musicalmente, incorporando nuevas habilidades, desarrollando su tono “neutro”, coqueteando con soltura con distintos géneros. “Duki ya existe. Vaya adonde vaya, voy a seguir sonando igual. Eso no va a cambiar nunca, pero el futuro es multigénero”, señala.

Asimismo, aprovecha para enaltecer el trabajo de su colega y amigo C. Tangana (lo llama “Puchito”, el apodo de los íntimos), quien se destacó con El madrileño. En su último trabajo, C. Tangana convocó a figuras rutilantes, como el argentino Andrés Calamaro, el uruguayo Jorge Drexler (“Lo puso a Drexler a hacer lo que él quiso”), el brasileño Toquinho, el puertorriqueño José Feliciano, el cubano Eliades Ochoa, los mexicanos Ed Maverick, Omar Apollo y Carín León, los franceses Gipsy Kings y los españoles Niño de Elche y Kiko Veneno, et al. Y hasta al fallecido Pepe Blanco, ícono de la copla española. “Puchito es la mejor referencia. Pasa por el funky brasileño, el folclore, las mezclas análogas y digitales.”

“Estoy en la búsqueda del progreso, de esa obra maestra. ¿Por qué Desde el fin del mundo? Porque estamos en el culo del mundo.”

Y después de esta experiencia con Desde el fin del mundo, que supone un álbum de transición, ¿con quién le gustaría colaborar? “Con Justin Quiles, que es mi favorito y el reguetonero más completo. También soy fan de De La Ghetto, de Sech, de Plan B y de Jowell & Randy”. ¿Y con Daddy Yankee? “Por ahí, después de 400 reggaetones encima, le puedo pedir algo a Daddy Yankee”, responde con humildad. “Todavía me falta nafta para eso.”

Entretanto, Duki sueña con presentar Desde el fin del mundo en un lugar trascendental, en un espacio que esté a la altura de su búsqueda. Tal vez será en un punto austral, tal vez tenga naturaleza, tal vez sea lejos, tal vez sea literalmente en el fin del mundo. Por cómo viene la mano, sin duda será icónico. Duki se tiene fe, sigue teniendo hambre de gloria y quiere conquistar el planeta entero. “Quiero llevar esa masterpiece, ese concepto, a un lugar tangible”, concluye Duki.