En 2006, Gustavo Cerati publicó su álbum solista más rockero. Después de experimentar con la música electrónica, volvió a sus raíces con una placa cuyo éxito la convirtió en un clásico que aún hoy sigue sorprendiendo por la contundencia y la calidad de sus canciones.


Como solista, a Gustavo Cerati le llevó casi una década lograr la masividad que había obtenido con Soda Stereo. Tras un largo período haciendo su propio camino sin las ataduras que implicaba estar al frente de la banda más grande de Latinoamérica, en 2006 volvió a sus raíces y grabó Ahí vamos, el álbum más rockero de su carrera. De la mano de éxitos como “Crimen”, “La excepción”, “Lago en el cielo” y “Adiós” conquistó al público otra vez, que volvió a reconocerlo como uno de los más grandes artistas del continente. El rock nacional ha cosechado pocos clásicos en los 2000, y el cuarto álbum de Cerati es uno de ellos. Después de quince años, la frescura de Ahí vamos sigue intacta.

Cerati empezó a mostrar su interés por la música electrónica en los 90, cuando editó Colores santos, junto a Daniel Melero, y Amor amarillo, su debut en solitario, una inmersión en los sonidos alternativos que se estaban desarrollando en ese momento en Europa. Parte de esa influencia llegó a Soda Stereo en sus últimos álbumes, Dynamo, Sueño stereo y Comfort y música para volar. Cuando el trío se separó, el cantante siguió una dirección un tanto más alejada del rock tradicional y canalizó sus nuevas inquietudes musicales en proyectos de electrónica pura, como Plan V, un grupo integrado por músicos chilenos, y Ocio, dúo que formó con su amigo Flavio Etcheto, quien también lo acompañó en numerosas grabaciones y en Roken, un trío que completaba Leandro Fresco y que apenas tuvo algunas fugaces presentaciones en vivo.

Bocanada, el primer álbum que grabó luego del final de Soda Stereo, en 1999, desconcertó a los fanáticos. Sí, había un hit (“Puente”), pero el resto de las composiciones estaban construidas sobre samples y muchas consistían en paisajes electrónicos poco usuales para un artista de rock argentino. Su sucesor, Siempre es hoy (2002), se sumergió aún más en el pop hecho con sintetizadores y programaciones y, a pesar de la alta rotación de canciones como “Cosas imposibles” y “Karaoke”, no logró convencer a los seguidores de Soda. ¿Loops? ¿Un DJ haciendo scratching? ¿Rap? Nada de esto terminaba de cautivar a los fans de su antigua banda.

Ahí vamos, en cambio, tuvo una contundencia comparable a la de Canción animal, aunque en menor escala (sólo porque el impacto de ese álbum de Soda Stereo es insuperable). Abre con “Al fin sucede”, que desde el título expresa lo que muchos habían estado esperando: mucha distorsión y una batería arrolladora. Gustavo había regresado a los estribillos potentes, de esos que cuando suenan en la radio hacen detener el tiempo, y el público cayó rendido a sus pies: antes de llegar a las disquerías ya se había convertido en Disco de Platino, con 40 mil copias vendidas de forma anticipada.

Fue “Crimen” la canción que marcó el regreso de Cerati a lo más alto de los rankings. Es una balada de piano, algo inédito en su música, que va creciendo en intensidad hasta quedar envuelta en unas guitarras que reflejan el dolor por una relación que llegó a su fin. Estuvo a punto de quedar afuera del álbum y el compositor pensó en dársela a Shakira, pero Tweety González, que ofició de coproductor, lo convenció de que debía ser parte de su cuarto trabajo, aunque desentonara un poco con las demás canciones, en las que predomina el rock clásico a lo Queen o Led Zeppelin. Por suerte, fue la decisión correcta.

El rock nacional ha cosechado pocos clásicos en los 2000, y el cuarto álbum de Cerati es uno de ellos.

“La excepción” es otra muestra del poderío de la banda que acompañó a Gustavo en Ahí vamos, integrada por viejos conocidos, como Richard Coleman, Fernando Nalé, Flavio Etcheto, Leandro Fresco, y cuatro bateristas: Fernando Samalea, Emmanuel Cauvet, Pedro Moscuzza y Gustavo “Bolsa” González. Esta canción, en retrospectiva, tiene una frase que hoy suena premonitoria: “Y que durar sea mejor que arder”. Poco después del lanzamiento del disco, Cerati sufrió una trombosis que lo hizo consciente de su mortalidad. Lamentablemente, fue el antecedente del ACV que lo dejó en coma en 2010 y que llevó a su fallecimiento, cuatro años más tarde.

El sencillo que siguió fue “Adiós”, escrita junto a su hijo, Benito, que en ese momento tenía doce años. Después vino “Lago en el cielo”, que el propio músico definió como la perla del álbum. Fue un número puesto en todas sus presentaciones, también en el tour de Fuerza natural, y la última que tocó antes de sufrir el accidente cerebrovascular.

“Me quedo aquí”, el quinto corte de difusión, es una canción pop en la que, trazando un paralelismo con el tsunami que azotó al continente asiático en 2004, Gustavo se refiere al torbellino de emociones que sacuden las estructuras, pero también a la decisión de quedarse quieto frente a todo eso.

La gira de presentación del disco tuvo 76 shows, varios de ellos históricos, como su primer recital en Londres; un encuentro en el escenario de Obras con Ricardo Mollo para dar por terminada la rivalidad entre Soda y Sumo inventada por algunos seguidores, y un concierto gratuito en la plaza de avenida Figueroa Alcorta y La Pampa, donde 200 mil personas fueron testigos de una reunión cumbre con Luis Alberto Spinetta.

Como señala Juan Morris en la biografía que escribió del músico, con Ahí vamos Gustavo Cerati “había ido en busca de la consagración definitiva de su carrera solista”. El álbum obtuvo múltiples premios: Grammy Latinos, Rock & Pop Awards, MTV Video Music Awards, Antorchas de Oro y Plata y Gaviota de Plata en Viña del Mar, y premios Gardel, en cuya edición 2007 arrasó en las principales categorías, entre ellas la de Álbum del Año. Además, en Chile y México llegó a ser Disco de Oro.

Todo este reconocimiento hizo posible el regreso de Soda Stereo, a diez años de su separación. Cerati no quería dar la imagen de que aceptaba volver a tocar con Zeta Bosio y Charly Alberti porque sus discos como solista no despegaban. La reunión de su antigua banda, finalmente, se dio cuando se convirtió en uno de los máximos exponentes del rock nacional.

A quince años de su lanzamiento, su álbum consagratorio sigue siendo el más escuchado de su discografía. En Spotify tiene más de 351 millones de reproducciones, mientras que el video de “Crimen” acumula más de 114 millones de vistas en YouTube. Bajo la dirección de Joaquín Cambre, recrea la estética del cine policial negro de la década del 40 y muestra a un Cerati con pelo engominado en la piel de un detective privado que es seducido y asesinado por la mujer que debía investigar, interpretada por la actriz Mónica Antonópulos.

Ahí vamos representó el regreso de Gustavo Cerati al rock más puro, pero sin dejar de lado el sonido moderno que tanto había buscado en sus trabajos anteriores. Fue su forma de hacer las paces con su pasado y volver a la música que lo llevó a lo más alto del rock latinoamericano. El resultado fue un álbum inoxidable, de esos que nunca dejarán de sonar. En definitiva, un verdadero clásico del siglo XXI.