Impulsada especialmente por las generaciones más jóvenes, la industria textil se renueva en las formas de pensar el vestir, enfatiza los conceptos de libertades individuales y celebra la pluralidad de perfiles, cuerpos, gustos e intereses.


Quienes comulgan con esta filosofía convierten cada prenda en un instrumento de comunicación. Esta nueva trama de comportamientos y visiones es impulsada especialmente por las generaciones más jóvenes, que entienden sus consumos como la traducción de sus valores. Diversidad, inclusión, autenticidad, horizontalidad, comunidad, cuidado ambiental y autogestión son, junto con la representatividad, los valores más vigentes en las marcas que eligen.

¿Cómo son las marcas que reúnen estas condiciones? ¿Desde qué lugar encaran la producción de prendas? Se caracterizan, principalmente, por crear universos estético-comunicacionales originales y distintivos. Sus colecciones (series cortas a baja escala) suelen combinar técnicas artesanales con otras semiindustriales. Incluso hay lugar para ítems únicos.

Además, comparten una concepción actualizada de éxito. Para estas marcas, la verdadera trascendencia está en generar un impacto positivo en sus comunidades y en el medioambiente, y no sólo en producir ganancias.

La transparencia es otro aspecto diferenciador. Quienes están detrás de cada proyecto ponderan la interacción con sus comunidades digitales, dando a conocer el paso a paso del proceso creativo, a la par de sus anhelos, opiniones críticas, amores y desencantos.

Aquí, cuatro marcas locales en sintonía con este paradigma.

Therapy Recycle & Exorcise

Una marca de moda upcycling, sin géneros, sin temporadas y sin tendencias, con sede en Berlín (Alemania) y Córdoba (Argentina), dirigida desde 2012 por las hermanas cordobesas Mariángeles (41) y Paula Aguirre (36).

A partir del suprarreciclaje –técnica que reutiliza prendas preexistentes para crear nuevas–, esta propuesta busca cuestionar el ritmo de consumo contemporáneo, quebrando, al mismo tiempo, la unilateralidad en la función de un producto. “Desde un principio nos dimos cuenta de que es terapéutico crear cosas, en lugar de comprarlas y consumirlas. Cuando reciclamos una prenda la exorcizamos, le sacamos todo lo negativo y la traemos de vuelta a la vida”,cuentan las chicas.

Lo interesante de este proyecto radica en cuestionar el sistema lineal de la moda, al trabajar desde el enfoque zero waste y DIY. Pero también, en desarticular la concepción elitista que este promueve. Conscientes del poder del indumento como herramienta para explorar y expresar identidades individuales y colectivas, las Therapy desarrollan un universo estético abundante en referencias de subculturas urbanas como el punk, el glam rock y el gótico, entre otros, tamizado bajo “el espíritu de libertad que se respira en Berlín”.

El resultado se traduce en diseños auténticos, trabajados a partir del material y en función de dos ejes: multifuncionalidad y adaptabilidad. “Trabajamos con drapeados y elásticos ajustables para tratar de hacer caber todos los talles posibles en una misma prenda y que así quepan a diferentes cuerpos. También, creamos ecosistemas de ganchos y ataduras para diseñar piezas desmontables. La idea es generar sets que puedan utilizarse por separado.”Jugar, probar y cuidar los recursos del planeta, un cambio de mindset para el futuro que viene.

Diversidad, inclusión, autenticidad, horizontalidad, comunidad, cuidado ambiental y autogestión son, junto con la representatividad, los valores más vigentes en las marcas que eligen las generaciones más jóvenes.

Kijjji

Los diseños creados por Antonella Bruni (30) son una verdadera celebración visual: combinan cultura japonesa y bordado artesanal con colores vibrantes. Buzos, camperas, calzas y remeras se transforman en lienzos donde se imprimen las estampas que ella misma dibuja a mano alzada, sobre una hoja o una pantalla. A partir del juego con paletas, formas y pinceles, brotan jardines repletos de florecitas. Otras veces, la resignificación de un manga (historieta japonesa) da vida a imágenes con acento animé que luego son sublimadas en las prendas con tintas ecológicas. Pero, sin duda, lo que vuelve irresistibles a las piezas Kijjji es el bordado artesanal, hecho con mostacillas, canutillos, hilos de seda y algodón.

Antonella se entusiasmó con esta técnica milenaria cuando hacía su tesis para recibirse en la Licenciatura de Diseño Textil. “Me interesaba lo que se generaba a partir de bordar géneros livianos casi transparentes, como la seda, el tul y las organzas”, cuenta desde sus vacaciones en El Bolsón (Río Negro). Cuando terminó, tenía un muestrario de piezas únicas, que subió a Instagram, y enseguida generó admiración. Así, de manera orgánica y a partir de una búsqueda personal, en 2015 nació Kijjji.

Hoy, con local en Palermo, nuevos colaboradores en el equipo y más soportes donde proyectar sus manifestaciones artísticas (cerámicas, cuadros, stickers, etcétera), el universo Kijjji sigue creciendo hacia un modelo sostenible.

Con la mirada puesta en el futuro, su intensión es transformar a Kijjji en un espacio creativo, donde la comunidad se encuentre a tomar un café, disfrutar del arte e intercambiar conocimientos. Los talleres de bordado ya son un hecho (y un éxito).

Pr0testa

Pr0testa es un proyecto que fusiona el diseño textil y la comunicación social. Dirigida por Antonio Lazalde (28), diseñador de indumentaria, y Santiago Goicoechea (34), periodista y fotógrafo, esta propuesta trasciende a la moda en su sentido estético, al emplear su masividad como herramienta política. Ellos entienden la transgresión como un acto de evolución. Su universo representa un impulso por cuestionar paradigmas obsoletos, en los que históricamente pierden los oprimidos. “Un proyecto como el nuestro es un pequeño espacio entre tantos, numerosos, que buscan erosionar de alguna forma una gigante estructura que sostiene privilegios exclusivos, que produce desigualdad, niega la diversidad y destruye al planeta”, afirman Toni y Santi.

“Industria Nacional: La ropa es el discurso” (2019) fue su primera colección. En un desfile realizado en la fábrica textil cooperativa CITA presentaron una serie de prendas sublimadas con las fotografías que Santiago había tomado en la calle desde 2015 y que relataban, desde su ojo, la crisis político-económica del país.

“Desde nuestra última colección empezamos a necesitar simplificar esta familia de ideas (lo colectivo, lo autogestivo, lo colaborativo, lo cooperativo) y llegamos a la imagen de un círculo, uno que viene a suplantar otra figura, la del triángulo o la pirámide”,explican sobre “Ascenso Social” (2020), una puesta en valor traducida en quince trajes confeccionados en conjunto con los trabajadores de CITA y Red Textil Cooperativa. “Deseamos una moda que persiga la sostenibilidad política, dialogando desde la estética, pero que además se inserte en el sistema productivo de las comunidades.” Y están dispuestos a seguir creando para alcanzarlo.

Limay Denim

Nació en 2017, en Buenos Aires, con una misión: vestir cuerpos diversos con básicos de calidad perdurable, creados a partir de procesos productivos más justos y horizontales. “Yo quería trabajar con las cooperativas y con las industrias para demostrar que se puede generar un producto de calidad hecho de una manera honesta”, explica Mercedes Korm (34), diseñadora de indumentaria, oriunda de Cutral Co, Neuquén.

Teniendo en cuenta las limitantes existentes en las marcas de jeans tradicionales, Mercedes se propuso crear la propia y cubrir una necesidad que los consumidores todavía piden a gritos: variedad de talles. Así, cada temporada, Limay Denim reedita jeans, shorts y jardineros en una curva de quince talles, además de bodies, buzos y camperas.

Con el foco puesto en visibilizar el trabajo colaborativo, fomentar la industria nacional y estimular el consumo responsable, Mercedes se asoció a distintas cooperativas textiles para asegurar que “el desarrollo de las prendas fortaleciera el trabajo digno, las economías locales y la división horizontal de las ganancias entre quienes producen”.

Asimismo, el 90 por ciento de las prendas Limay están hechas con materia prima local y desde la perspectiva sostenible: “Tratamos de que todo sea con telas que sean fáciles de degradarse, usamos algodón o algodón más elastano. Por otro lado, incorporamos packaging compostable y una mensajería de triple impacto para los envíos”,afirma con entusiasmo.

Además, Limay entendió como ninguna otra marca el impacto positivo de crear redes dentro y fuera de su comunidad. El año pasado, el quince por ciento de las ventas del Día de la Madre fueron donadas a Casa Fusa, una organización civil que brinda atención integral a jóvenes y adolescentes sobre salud sexual. Y, recientemente, se asoció a Handy, la primera marca de ropa de la Argentina pensada para personas con movilidad reducida, de la tercera edad y en rehabilitación, para crear una línea inclusiva. No quedan dudas: el paradigma de consumo está cambiando, y el de éxito también.