Tras una alianza con el Grupo Octubre, el espacio que nuclea a los mejores músicos de la época se prepara para lo que viene: un festival al aire libre con la presencia de figuras como Fito Páez.


Cuando Luis Alberto Spinetta caminó por primera vez por los pasillos de este edificio, un ex mercado de frutas devenido en polo artístico, sin darse cuenta torció su destino. Fue justo antes de reunir a sus bandas eternas en aquel mítico recital en Vélez, mientras buscaba un lugar bien alejado de la prensa para ensayar con todos sus músicos. Así, por recomendación de un amigo, el Flaco aterrizó con su guitarra y ocupó durante tres meses una sala que hoy lleva su nombre. “De repente todo el mundo quería venir al Saldías, fue insólito. Este lugar no existiría si no fuera por el chabón, lo tocó con una varita mágica”, asegura Lucas Pombo, quien inició este movimiento hace más de quince años con su hermano Nicolás.

Hasta ese momento, el galpón, que hoy tiene 68 salas de ensayo, estaba repleto de oficinas abandonadas. El gris invadía las paredes y la iluminación no era suficiente para recorrer las instalaciones. “Nosotros hacíamos música, y cuando tomamos la concesión del terreno empezamos a ensayar acá. Estaba todo destruido, y los únicos que se bancaban el lugar eran los artistas. Así que se fue ocupando de a poco, pero no es que un día dijimos: ‘Vamos a hacer un centro cultural’. Ni en pedo”, cuenta Lucas en uno de los sillones de su oficina.

En este oasis artístico –lindero al Barrio 31, 31 Bis y Saldías, y a sólo tres cuadras de una de las zonas más exclusivas de la ciudad– conviven más de 600 músicos, pero además hay fotógrafos, pintores, escultores.

A su alrededor hay cuadros –uno con la bandera argentina, otro con la figura del Gauchito Gil y la lista sigue–, fotos, dedicatorias, distintos modelos de guitarras eléctricas, un piano de madera, un cartel que dice con letras negras: “El que gana es el que da”. Y nada lo representa mejor. “Lucas es como un padrino que te va abriendo puertas y te ofrece todo el abanico de posibilidades que tiene el Saldías: si querés grabar un video, lo podés hacer acá; si querés hacer un evento, lo hacés acá. Siempre pone el espacio a disposición de los artistas”, comenta Iñaki Colombo, guitarrista de Bandalos Chinos.

En este oasis artístico –lindero al Barrio 31, 31 Bis y Saldías, y a sólo tres cuadras de una de las zonas más exclusivas de la ciudad– conviven más de 600 músicos, pero además hay fotógrafos, pintores, escultores, una chica que hace muebles, otro que hace púas. Hay espacios comunes, estudios, dos patios internos, una terraza. Salas que se alquilan mensualmente y a su vez se comparten con otras bandas o disciplinas. “El punto es que esto suene todo el día. Acá se ensaya hasta la noche, los sábados, domingos y feriados, porque el lugar se autosustenta: las bandas que pueden pagar el alquiler, lo hacen, y las que no, vienen sin problema. Sólo tienen que llamar o mandarme un mensaje”, dice su creador. Todos llegan por consejo de algún músico amigo y no hay requisitos para entrar: “Si tu banda suena y hay lugar, vamos para adelante”, asegura.

Una alfombra larguísima recorre de punta a punta la sala principal y traspasa el escenario. En este espacio conviven elementos antiguos (sillones, fotografías, unas pequeñas ventanas rectangulares) con otros de la época: obras de arte que emanan color, un minibar con latitas de Red Bull, una estructura romboidal que cuelga del techo iluminada con luces led. Justo desde la puerta, se abren las alas 1 y 2 del edificio, o Almendra y Spinetta Jade. También los pasillos La La La y Socios del Desierto; todos nombres de bandas o discos del artista fallecido en 2012. “Que el Flaco haya ensayado en este lugar es algo muy histórico, le dio mucho prestigio. Hoy toda la gente copada de la música nacional está acá”, revela la actriz y cantante Malena Villa. Sin repetir y sin soplar, la lista de artistas que integran este espacio va desde figuras consagradas, como Fito Páez, pasando por la primera plana del trap (Duki, Cazzu, Trueno, Nicki Nicole, Ca7riel, Toto Ferro), hasta llegar al indie. “El Saldías tiene eso: la magia de la comunidad. Somos muchos y siempre se arman lindas movidas, lindos festivales, podés pasar de sala en sala y ensayar con otros artistas”, agrega Malena.

“Saldías viene a ampliar culturalmente y desde el lado musical a todos los medios que tiene el Grupo Octubre”, dice la coordinadora de la Sala Caras y Caretas, Florencia Pereiro.

Facu Ballve, uno de los directores y filmmakers más importantes de la generación actual (muchos lo conocen como “el cerebro audiovisual del trap”), empezó a trabajar acá cuando armó su propia productora, Anestesia. Hoy, a la hora de grabar sus videoclips, elige al Saldías por varias razones. “Primero, por la variedad de locaciones que tiene: muchos galpones, una terraza increíble, murales por todos lados. Siempre hay un lugar que no conocés y te puede llegar a servir. Y segundo, porque a pesar de estar oculto, no deja de estar en la ciudad y eso siempre es importante por una cuestión de movilidad de artistas y de equipo.”

El Saldías tiene historia, presente y sobre todo futuro, porque hace menos de dos meses que trabaja en conjunto con el Grupo Octubre; una alianza que se dio en el contexto cultural de una pandemia y tiene todo por delante. “No hay nadie en este país que entienda tanto la cultura como la entiende Víctor Santa María (N. de la R.: el coordinador general del Grupo Octubre). Entonces, cuando nos juntamos a charlar, pensamos en la forma de potenciar este espacio y vimos que estaba buenísimo para las dos partes empezar a trabajar juntos”, asegura Lucas. Para principios de marzo, programaron un festival al aire libre con protocolos sanitarios en el que estarán presentes artistas como Fito Páez, Bandalos Chinos, Indios, Lo’ Pibitos y El Zar. Pero además, tienen entre manos el Ciclo Invierno Saldías-Octubre, una serie de shows acústicos a realizarse en la Sala Caras y Caretas. “Saldías viene a ampliar culturalmente y desde el lado musical a todos los medios que tiene el Grupo”, dice la coordinadora del espacio teatral, Florencia Pereiro. La actividad parece estar garantizada y las razones sobran para que la mística siga creciendo. Con esta unión, la música siempre tendrá un lugar para ser eterna.