Adolescencia, psicofármacos, depresión, romance, oscuridad y mucho glitter instagramero. La trama que conquistó al nuevo público tiene como protagonista a Zendaya, una ex chica Disney que se convirtió en la actriz más joven en ganar el premio Emmy como mejor intérprete en el rubro “Drama”.


El útero, la caída de las Torres Gemelas y luego el atontamiento sin fondo. Un pantano donde la ansiedad te arrastra y juega con tu cabeza aunque te la cubras con una capucha. Déficit de atención, ataques de pánico, falta de amor; todo tiene su pastilla. Y si no, está el corte, la merca, las apps de levante, el sexo como exploración pero también como castigo, el vértigo que se convierte en glitter, traje de patinadora, detective paranoicx, máscara y rostro.

Todo eso está en Euphoria, la serie que HBO estrenó en 2019 y sigue más viva que nunca en las redes, con millones de fanáticos que esperan una segunda temporada demorada por la pandemia.

Mientras revisito Euphoria tengo la extraña sensación que te sacude cuando volvés a algún lugar que habitaste pero sentís ajeno. Si Euphoria es una radiografía de la generación Z, esos pibes subyugados por redes cada vez más efímeras, consumos youtuberos y el “ya fue todo” como bandera de su búsqueda frenética dentro de un barril sin fondo, el retrato está dibujado con trazos robados a otra época, referencias ineludibles de generaciones anteriores.

Viene a mi cabeza la última alianza del diseñador Hedi Slimane con el artista plástico David Kramer para Celine y sus remeras estampadas con la frase “Siento nostalgia por cosas que probablemente nunca he conocido”. Reconozco algo similar en el clip del último capítulo de Euphoria, con esa despedida tan Joe Gideon en All That Jazz, una fiesta de egresados más cercana a la pesadilla de Carrie que a un dulce sueño adolescente y chicxs disfrazadxs como el personaje de Jodie Foster en Taxi Driver. El consumo pop es transversal.

La generación Z, criada en un mundo donde se tocan más las pantallas que los cuerpos, hija de un universo regido por el fantasy y Pornhub bajo la luz de aros led, tutoriales de make up y feeds de la felicidad instagramera, no es huérfana.

Ellxs también somos nosotros, y no podemos dejar de mirarlxs.

Romex y Jules

“Conocí a una chica que es igual a Sailor Moon, seguro te va a gustar”, le dicen a Rue, encarnada por Zendaya, en el primer episodio. La referencia no es casual ni liviana: el animé siempre fue un espacio donde los géneros fluyeron y se licuaron en personajes que evadieron todas las etiquetas. Y Jules, altísimx, con su melena rubia y mirada de dibujito japonés, salió de un manga diversx. Quien lx interpreta es Hunter Schafer, actorx, modelx de Dior, Miu Miu, Rick Owens, Maison Margiela, Marc Jacobs y todas las marcas aspiracionales que se te ocurran. Tapa de Teen Vogue en su número “Los 21 sub-21 que cambiarán el mundo” y entrevistadx por Hillary Clinton en su condición de activista por los derechos LGBTIQ+.

Antes de ser la estrella de Euphoria, Hunter fue unx estudiante de Arte que formó parte de cierta demanda para obtener la derogación de la Ley de Baños, una norma mediante la cual las personas sólo podían utilizar los baños públicos que correspondieran al género asignado en su nacimiento. El debate visibilizó las voces acalladas de la comunidad trans, y Hunter, que se autopercibió como niñx desde los 12, fue unx de sus principales referentes. “Lxs activistas de la juventud trans estamos haciendo caer el binarismo social hombre/mujer a través del poder que ganamos gracias, en parte, a las polémicas generadas por nuestra opresión”, escribió para la revista i-D.

La ley se derogó, Hunter fue descubiertx por los medios y convertidx en ícono generacional. O, si queremos rebobinar la historia con esa birome que usábamos para volver atrás un casete, después de años buscando su identidad en videos de YouTube, sintiendo que su cuerpo no le era propio y que la transición sacudía su cabeza, logró encontrarse. Un poco como su personaje.

Porque Jules, muñequitx animé, chicx en tránsito que tiene sexo anónimo con hombres grandes mientras busca su destino, amor de Rue, hérox de Marte, sostén de su amiga adicta, es uno de los roles más complejos y libres de la serie.

Rue y Jules (R y J, como Romeo y Julieta) encarnan su amor en ese disfraz de angelito que usaba Claire Danes en la película de Baz Luhrmann y que Hunter porta en una escena fundamental de Euphoria.

El amor como gloria y también como un veneno envuelto en purpurina.

“Sólo posteo porquerías lindas porque la verdad no le gusta a nadie”, dice el personaje de Zendaya.

Rue des Martyrs

En París, la Rue des Martyrs en una calle que lleva al barrio de Montmartre. Se llama así en honor a Denis de Paris, primer obispo de la ciudad, mártir que murió decapitado. Cuenta la leyenda que marchó con su cabeza bajo el brazo hasta desmayarse justo en el punto donde se levantó la Basílica de Saint-Denis.

Rue, calle, camino, viaje, es el nombre de la protagonista de Euphoria, una chica que perdió la cabeza entre nubes de psicofármacos a la cual Zendaya le regala su mirada inconfundible. Rue busca encontrar ese momento de silencio suspendido en el vacío. Y cuando vuelve de rehabilitación, sólo quiere ir hasta el fondo, caminar todas las cornisas, explorar los confines del amor aunque deba salir de su burbuja.

Algo parecido le pasa a Zendaya: fue chica Disney, favorita de las niñas, noviecita del último Spiderman, cantante hitera representada por su papá, hermanita menor de una familia ensamblada y diversa, modelo de Tommy Hilfiger e imagen de la nueva muñequita Barbie. Ponerle el cuerpo a la serie no debe de haber sido fácil.

En ese arrojo, Zendaya es la flecha de Rue: sabe, al igual que ella, que si no se juega quedará cristalizada en la imagen de eterna adolescente edulcorada, como esas actrices de series juveniles que de vez en cuando son noticia para recordarnos que la vida nos pasó por encima.

Con 24 años y un coprotagónico junto a Timotheé Chalamet y multiestelar elenco en la nueva versión de Dune, dirigida por Denis Villeneuve, Zendaya parece bien encaminada hacia su propia remake, de estrella infantil a actriz total. Además, acaba de ganarle un Emmy a Jennifer Aniston en el rubro «Mejor actriz en serie dramática», convirtiéndose en la figura más joven de la historia en obtener ese galardón.

En Euphoria nada es tan bello como aparenta. Me detengo en un cuadradito que dice: “Sólo posteo porquerías lindas porque la verdad no le gusta a nadie”. Pienso en la foto de las zapatillas con las que Zendaya deslizó que retomarán las grabaciones de la segunda temporada y toda la parafernalia visual se cae enredada en sus cordones.

Te amo, te odio, dame una selfie más.