Las florerías se convirtieron en unas de las tiendas más populares durante la pandemia. Novedosos hábitos de consumo se hacen oír en este contexto de aislamiento. ¿Es esta una respuesta a la primavera o responde a la incorporación de nuevas formas de vivir?


La pandemia cambió los hábitos de consumo. Permanecer tanto en casa a raíz del aislamiento hizo que, paulatinamente, los hogares se fueran convirtiendo en santuarios. Entraron velas, nuevos muebles, objetos decorativos y flores. Sí, las flores dejaron de ser un lujo de revistas de decoración y se instalaron en los hogares de los mortales en forma de centros de mesa, arreglos y regalos. La pregunta es: ¿son una nueva necesidad o una moda pasajera?

Camila Gassiebayle, creadora de Blumm Flowers Co. (@blummflowerco), empresa de ramos, diseño floral y ambientación, cuenta que durante este período de aislamiento hubo un incremento notable de las ventas. Si bien desde sus inicios, allá por 2015, Blumm fue desarrollando una comunidad virtual, también se destacó por la atención personalizada en el local de Casa Cavia. Mucho antes de la pandemia, Camila ya insistía con la idea de educar el hábito de decorar con flores. “Cuando hay flores, una casa se convierte en un hogar”, explica.

“Las flores transforman a las personas y los lugares y construyen de una manera sutil la atmósfera de los espacios. Hablamos mucho con mis clientes de cómo nos alegran, nos cambian el ánimo y pueden influir sobre la depresión y la ansiedad. Te cambian la percepción de un espacio.” Teniendo en cuenta que, de un día para el otro, la casa se convirtió en una oficina, en un gimnasio, en un colegio, en el lugar por donde pasan todas las actividades, recrear el hogar se volvió un ítem de vital importancia. Hoy por hoy, las experiencias se generan adentro.

La historia de Lucía Colombatti, de Lucía Flores y Verdes (@luciafloresyverdes), fue distinta. Ella trabajaba haciendo ambientaciones y ramos para eventos corporativos, negocios y oficinas. También armaba arreglos florales para locales gastronómicos, como Aldo’s, Tora o La Malbequería. Su pasión está en armar ramos con la identidad de cada lugar y brindar una propuesta basada en la estética de cada espacio. Cuando comenzaron a cerrar los locales, su trabajo disminuyó a gran escala y se vio obligada a encontrar una salida a su situación. Entonces decidió armar ramos y venderlos a través de WhatsApp e Instagram, haciendo entregas a domicilio.

“La verdad es que quedé muy sorprendida con la recepción de la propuesta. Recibí miles de mensajes, como ‘el mejor autorregalo’ o ‘me alegran la casa’. La intención es llevar un poco de naturaleza a cada lugar, porque estoy convencida de que tener flores verdes y plantas en tu casa cambia el estado de ánimo”, dice Lucía.

Además, decidió usar activamente las redes sociales para acercarse mostrando información sobre cómo hacer jardinería en casa y tips para lograr centros de mesa armoniosos, entre otra data. Su objetivo era impulsar el movimiento y generar nueva energía entre su comunidad.

Como muchos comercios, Blumm y Lucía Flores y Verdes se vieron forzados a adaptarse a esta nueva realidad que exige flexibilidad, resiliencia y, sobre todo, creatividad. Ambos lograron con éxito entender los sentimientos de los consumidores vendiendo un producto y un servicio que están muy apoyados en la estrecha relación con los clientes.

“Aunque confiemos en la conexión digital para superar estos momentos de turbulencia, es nuestra necesidad de conexión humana lo que verdaderamente da sentido a nuestras vidas”, explica con respecto a este último punto Carla Buzasi, directora general de WGSN, compañía de pronóstico de tendencias.

La distancia social y la necesidad de estar cerca de los seres queridos hicieron que las flores también fueran las protagonistas de muchos regalos. “Es una forma de compartir un momento con una persona querida. Las flores son el mensaje, por eso en Blumm nos involucramos en cada una de las historias de nuestros clientes. Esa es nuestra manera de trabajar”, agrega Camila.

Este disparo en las ventas de flores para el hogar no sólo pareciera una respuesta cortoplacista a la primavera que acaba de llegar, sino que también responde a la incorporación de nuevas formas de vivir, de relacionarnos y de defender el estado de ánimo en este contexto pandémico.

Tanto Camila como Lucía ven con optimismo el futuro de este nuevo consumo y no temen a una baja de ventas a partir de la flexibilización de la cuarentena. “Creo que es un servicio que llegó para quedarse, porque una vez que tenés en tu espacio un ramo, cuando te falta sentís un vacío. Se convierte en un objeto más de la casa”, dice Lucía.

Camila concuerda con la idea de que esta nueva costumbre ya está instalada. “Nosotros venimos trabajando desde hace mucho en educar el hábito de decorar con flores la casa, o de regalarlas. Creo que la pandemia asentó esta cultura en nuestro país”, explica.

Hoy más que nunca, las flores son ideales para no extrañar el aire libre y recrear lugares con naturaleza en la casa. Las redes sociales ya lo muestran: esta tendencia llegó para quedarse.