Nicole Becker, la Greta Thunberg argentina, permanece junto a sus compañeros de la agrupación ambientalista Jóvenes por el Clima en la primera línea de combate ante los incendios que afectan buena parte del territorio nacional. Una problemática grave que hipoteca el futuro del ecosistema y requiere concientización y compromiso.


Todos los fuegos el fuego. El país está en llamas: en lo que va del año se quemaron más de 175 mil hectáreas. Eso equivale unas ocho veces al tamaño de la Ciudad de Buenos Aires. Fire walk with me. “Todos los días nos levantamos con la noticia de un nuevo foco de incendio”, dice Nicole Becker, referente de Jóvenes por el Clima, iniciativa que aboga por encontrar respuestas frente al cambio climático.

Los principales incendios están en los humedales del delta, en el bosque serrano de Córdoba y en el monte formoseño. También hay focos en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Salta, Jujuy, Tucumán, Chaco y Corrientes, entre otras. El dato: apagar un incendio como el del delta del Paraná cuesta, entre recursos, herramientas, helicópteros y labor de brigadistas, unos 22 millones de pesos por día.

“Una de las exigencias del movimiento climático no sólo son los gases invernaderos, sino las políticas públicas de adaptación. Hay que modificar ciertas cosas para que la gente pueda enfrentar los cambios de crisis climáticas.”

“Esta es la punta del iceberg: hay incendios que no se pueden parar”, sigue Becker, de 19 años, estudiante de Abogacía y militante ambientalista. ¿Por qué suceden estos incendios? Lo explica la joven: “Uno podría pensar que tienen la misma causa, pero no es tan así. La quema pasa todos los años. Es una práctica que renueva las pasturas. Y la otra razón es expandir la frontera agropecuaria. Se quema para apropiarse del espacio del de al lado”.

Por caso, los humedales del delta del Paraná son un soporte para la biodiversidad. Además, absorben carbono. “En el cambio climático se habla de sumideros de carbono. Ese es su rol, como el de un bosque.” El humo de esas quemas llegó a la Ciudad de Buenos Aires, y desde ahí, la mediatización de la noticia. “Como el humo llegó a la Capital, escuchamos la queja un poco más fuerte, ¿no?”, agita Becker.

Y sigue: “Muchas veces esas quemas tienen que ver con el sistema socioproductivo. Se piensa sólo en rentabilidad. Como con lo inmobiliario: queman un lugar que había que proteger y ahí mismo terminan poniendo un hotel. ¿Qué es lo que pasa con eso? Crece el PBI, sí, pero haciendo ese hotel destruís lo natural, destruís el futuro”.

De hecho, las proclamas de Jóvenes por el Clima se yerguen en una alerta permanente. “Una de las exigencias del movimiento climático no sólo son los gases invernaderos, sino las políticas públicas de adaptación. Hay que modificar ciertas cosas para que la gente pueda enfrentar los cambios de crisis climáticas”, explica Becker.

La falta de información ante los incendios genera una especie de vacío existencial: ¿cómo se combate lo que se desconoce? En tanto, por estos días se discute en el Congreso la implementación del Acuerdo de Escazú, un tratado internacional de América latina y el Caribe que garantiza el acceso a la información, la participación pública y ciudadana y el acceso a la Justicia en términos ambientales.

“Es importante entender la falsa dicotomía entre acciones individuales o políticas públicas. Uno no se puede conformar con las acciones individuales, como la alimentación, el manejo de la basura o la reducción del impacto energético. Eso sirve un montón porque generamos un cambio cultural, es ser coherentes con nuestra proclama, pero no hay que individualizar el problema, porque el 71 por ciento de los gases invernaderos son producidos por las empresas. Se tienen que cambiar las políticas públicas. El Estado tiene que tomar cartas en el asunto.”

“Así como el año pasado miramos lo que pasaba con las quemas en el Amazonas y en Australia, lo que sucede con los incendios argentinos también es importante.”

Desde Jóvenes por el Clima buscan una salida colectiva. Mientras tanto, visibilizan los temas tal y como hizo Greta Thunberg, la activista medioambiental sueca de 17 años que le exigió a su gobierno que cumpla con el Acuerdo de París para reducir las emisiones de carbono y se le plantó mano a mano al mismísimo Donald Trump. “¿Cómo se atreven?”, les chantó a todos los dirigentes políticos del mundo en septiembre de 2019 ante las Naciones Unidas.

“Fue decir algo que no se decía. Instaló el tema de una forma muy genuina. Y lo hizo respetando a la ciencia. Mostró la preocupación de una nena cuyo futuro está siendo puesto en riesgo sin que ella forme parte de la decisión. Me parece una genia. La banco mucho y fue por un video de ella que me empecé a involucrar”, cuenta Becker.

Hoy por hoy, la vida encuentra a Becker y Thunberg paradas en la misma vereda. Y tanto el movimiento Fridays for Future (FFF), que se manifiesta para reclamar contra el calentamiento global y el cambio climático, como Greta firmaron el último petitorio de Jóvenes por el Clima. “Así como el año pasado miramos lo que pasaba con las quemas en el Amazonas y en Australia, lo que sucede con los incendios argentinos también es importante”, completa.

Entretanto, ahora Jóvenes por el Clima invita a la sociedad a prestar más atención y presiona a la política para que termine activando. “Ahí es donde nos movemos.” Con una primera experiencia convocada en marzo de 2019, a la que asistieron unas 5.000 personas bajo el pretexto de la crisis climática y ecológica, ahora, en plena pandemia, reventaron las redes. “Argentina en llamas”, tuitearon el jueves 27 de agosto, y se convirtieron en trending topic nacional. “Fue nuestra manera de simbolizar una movilización respetando la cuarentena.”

“No hay justicia social sin justicia climática”, repite una y otra vez Becker. Y ata directamente la crisis climática con las nociones de derechos humanos: “Lo ambiental se asocia a lo social mucho más de lo que pensaba”. Ya lo dijo Thomas Hobbes, al circular la idea de que “quien tiene la información, tiene el poder”. La lucha de Becker y Jóvenes por el Clima entroniza la resignificación de la idea de ecologismo que pulula en nuestras mentes. “Tenemos que pensar cómo estar más preparados en el futuro”, concluye. Y ahora el fuego de los jóvenes camina con nosotros.