En el año de su 125º aniversario, la pantalla grande enfrenta la pandemia con sus mejores armas: flexibilidad para adaptarse a los cambios sociales y la avidez de un público siempre dispuesto al asombro que provoca su maravilla.


Cuenta la leyenda que, alguna vez, un periódico publicó la noticia de la muerte del escritor Mark Twain. “Falleció Mark Twain”, decían sus titulares. Y en otra latitud, Twain, que estaba vivito y coleando, leyó el obituario, rió socarronamente y les mandó un telegrama: “Las noticias sobre mi muerte son algo exageradas”. ¡Sorpresa! En medio del fleje de la pandemia de coronavirus, los grandes jugadores de la industria desbordan tranquilidad: ni el cine va a morir ni sufrirá grandes mutaciones. Su futuro se parece bastante a este presente, que lo encuentra riéndose, vivito y coleando.

Desde antes de antes, el cine responde a un aspecto social: hay que ir al cine, pagar una entrada, elegir una butaca, mezclarse con extraños, esperar el momento en que se ilumina la pantalla. La sensación de la alegoría de la caverna en la era del wi-fi, un gesto social que se configura distinto e independiente al hecho doméstico de ver películas en casa. Pero ante el terror del contacto social, con el miedo sobrevolándonos, ¿qué pasará con la vuelta al cine?

“Va a ser un regreso gradual. Siento que está yendo en esa dirección. El punto no es el final de la pandemia sino el estrés postraumático, las dudas y la ansiedad. En un momento, después de la vacuna, no va a haber más miedo ni ansiedad”, sorprende Axel Kuschevatzky, uno de los productores de cine en español más importantes de los últimos 20 años.

Entretanto, Kuschevatzky tira abajo con hechos cualquier tipo de fantasía posapocalíptica: “La demostración es lo que está pasando en España. Pese a las limitaciones de butacas, el estreno de Padre no hay más que uno 2, la nueva película de Santiago Segura, tiene números mejores que cuando se estrenó su primera parte, el año pasado. En las grandes ciudades de España, el cine volvió con limitaciones por sala de hasta un 30 por ciento y con un porcentaje levemente mayor en las provincias que no están tan afectadas por la pandemia”.

“Va a ser un regreso gradual. Siento que está yendo en esa dirección. El punto no es el final de la pandemia sino el estrés postraumático, las dudas y la ansiedad. En un momento, después de la vacuna, no va a haber más miedo ni ansiedad.” (Axel Kuschevatzky)

Históricamente, los cambios sociales sucedieron de forma paulatina. Y esa misma historia marca que un solo hecho no altera de forma súbita las condiciones: ni la radio mató al teatro, ni la televisión mató al cine, ni el VHS mató a las salas, ni internet mató nada. “En el momento en que la gente empieza a sentir que puede salir de su casa, la necesidad de proceso social común es enorme. La gente reclama esos espacios perdidos.”

Por eso, se sabe, los procesos de cambio se dan a partir de demandas que se constituyen permanentes. “El factor pandemia no es capaz de modificar todo”, revuelve Kuschevatzky, en cuyo palmarés figura el Oscar de El secreto de sus ojos (fue su productor ejecutivo), una presidencia al frente de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina y, desde hace años, la conducción de las transmisiones de los Academy Awards.

Sin embargo, despejado el nudo de las salas, la pregunta que flota hoy entre los grandes players es qué relación va a tener el público con los contenidos que ven en sus casas. Y desde ahí, qué servicios van a elegir. Las internacionales Netflix, Amazon Prime Video, HBO Max, Disney +, Hulu y las locales QubitTV, Movistar Play y Cine.Ar, entre otras, luchan encarnizadamente por la atención. “Normalmente, no se puede tener todos los servicios. ¿Qué es lo que te va a hacer decidir por uno o por otro? Esa es la batalla que recién arranca”, identifica el productor.

Y sigue: “Esa batalla está contenida sobre la capacidad de seducir, ser atrayente y relevante. Lo que las plataformas están tratando de hacer es eventizar, generar un interés constante. Desde un tráiler presentado en Fortnite hasta el lanzamiento de una nueva temporada. Todas son variantes para generar la menor cantidad de deserción posible. Las plataformas quieren públicos cautivos y que los usuarios no salgan nunca del ecosistema”.

En los últimos tiempos, la irrupción de la cultura binge-watching (maratones compulsivos) hizo que los usuarios estén pendientes de las plataformas. “Nuestro mayor enemigo es el sueño”, dijo Reed Hastings, CEO de Netflix, en 2017. “Las plataformas no quieren que te vayas del sistema ni que las dejes para probar otras. Y saben que el comportamiento del usuario no es lineal, sino que los niveles de exposición son muy fragmentarios”, completa Kuschevatzky.

Esta nueva discusión por los servicios se parece a la de los primeros días del videocable: la decisión pasaba por quedarse con el proveedor que más se ajustara a las demandas de cada usuario. No obstante, por cómo están dadas las condiciones, resulta complejo pensar en un servicio que abarque todo. ¿Por qué? Porque además del contenido que las plataformas compran a los estudios, cada una de ellas, con distintas intensidades, genera su propio material original.

Así, el consumo hogareño (que, según estadísticas, aumentó en volumen pero no significativamente en nuevos usuarios) se divide en distintos tipos de ofertas. Están los free video on demand, de suscripción gratuita, que viven de la publicidad. Por caso, en la Argentina está Pluto.tv, que llegó hace unos meses. Y en los Estados Unidos se destacan Tubi y Peacock. Además, naturalmente, están los video on demand conocidos como “all you can eat”: se paga un abono y puede verse todo, caso Netflix. Y a ese concepto se le suma el de contenido diferencial, que permite alquileres de estrenos, como Mubi, Amazon Prime Video y QubitTV.

Y bajo este trazo, el caso paradigmático es Mulán, una película que costó USD 250 millones y tuvo que mover su estreno por la pandemia. “Mulán estaba pensada para el mercado asiático, que iba a ser su principal núcleo de consumo. Es una producción muy calculada en ese sentido. Ahora que en China y en Europa abrieron los cines, la decisión que tomó Disney fue estrenarla en theatricals en algunos países y, en otros, ofrecerla en la plataforma Disney +, con un pago adicional”, explica Kuschevatzky, a propósito de este estreno “híbrido”.

Así las cosas, ninguno de los estudios está abandonando sus grandes películas, sólo las están postergando. Incluso, muchos de los rodajes (desde The Batman hasta Animales fantásticos 3, pasando por los filmes de Marvel) siguen avanzando en sus distintas instancias de producción. “Los estudios no tienen deseo de que desaparezcan los cines, ni las plataformas están mirando como elemento constitutivo estrenar en salas”.

Y más allá de algunos cambios, como la vuelta del autocine de San Isidro, la “apertura precavida” de los cines en Shanghái, el estreno en streaming de blockbusters para cine (la obra musical Hamilton, Frozen 2 y Onward), las producciones vía Zoom (la británica Staged, la pionera Corona Zombies) y las pelis que compensan con VoD su falta de exhibición (Nasha Natasha), ya asoma la punta del próximo gran cambio cultural: el gobierno de los Estados Unidos busca rebatir la ley “Paramount Decrees”. “Ese va a ser un game changer, mucho más que la pandemia. Si esto avanza y llega a la Corte Suprema, una cadena de cines podrá ser comprada por cualquier estudio y, por ejemplo, la experiencia de ir al cine va a parecerse más a la de ir a Disney World”, sentencia Kuschevatzky. Desde algún lugar del infinito, Mark Twain se humedece los labios.