En medio de una pandemia que puso en jaque la vida y la economía del mundo entero, se profundizó este fenómeno que pone la lupa en el aumento de peso y reafirma la belleza hegemónica.


“¿Tanto miedo te da tener mi cuerpo?”, escribió en Instagram la activista body positive Agustina Cabaleiro (@onlinemami_), y el debate sobre la gordofobia se abrió en las redes sociales. Es que durante la cuarentena, expresiones como “voy a salir rodando”, stickers y memes sobre el aumento de peso y tuits acerca del cierre de gimnasios y el sedentarismo se viralizaron como un mensaje de advertencia. “Así vamos a terminar si seguimos comiendo”, parecían repetirnos.

A priori, este tipo de chistes puede resultar algo inocente. Pero en el fondo esconde un montón de prejuicios y no hace más que reafirmar los modelos hegemónicos de belleza.

Lejos de ser algo banal, el de la obesidad es un tema que afecta de manera concreta a nuestra sociedad. Se estima que, en América latina, seis de cada diez adultos la padecen y, de acuerdo a la 4° Encuesta Nacional de Factores de Riesgo publicada por el Ministerio de Salud y el Indec en 2019, más del 60 por ciento de la población argentina sufre sobrepeso.

Hay algo que entonces queda claro: eso que para algunos resulta gracioso no es más que una forma de exclusión. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de gordofobia?

La gordofobia es el rechazo consciente o inconsciente a los cuerpos con sobrepeso. Y no hablamos solamente de obesidad, sino también de aquellos cuerpos que apenas se salen de la norma. Sin embargo, hay quienes creen que este tipo de discriminación tiene más que ver con el odio y por eso utilizan otro término: “La definición de fobia es ‘odio o miedo hacia cierto tipo de cosas’. En este caso, sería a los cuerpos gordos. Pero me parece muy inocente usar esta palabra cuando, en realidad, lo que existe no es miedo, es aberración. Hablar de ‘gordoodio’ me parece mucho más acorde”, explica Cabaleiro.

Claro que el miedo a engordar no es nuevo. Pero desde que estamos encerrados en casa, sin hacer actividad física y con los horarios de sueño cambiados, la preocupación por la estética y el cuidado del cuerpo se hizo mucho más evidente. “Es una situación doméstica en la que la ansiedad, la angustia y la incertidumbre muchas veces nos llevan a comer más de lo habitual. La comida constituye uno de los pocos entretenimientos que tenemos ahora. De hecho, las primeras tres semanas de cuarentena, los supermercados se quedaron sin levadura y sin harina porque no daban abasto con la demanda. La gente, por primera vez en su vida, empezó a amasar pan. Entonces, toda esta preocupación que aparece al estar relajados nos hace pensar en qué va a pasar cuando tengamos que volver a la oficina y ponernos un jean”, entiende Carolina Duek, doctora en Ciencias Sociales. Por primera vez nos estamos conectando de forma más placentera con la comida, y las consecuencias están a la vista.

La discriminación contra las personas gordas llevó al Inadi a publicar un informe titulado “La discriminación en tiempos de coronavirus: reflexiones sobre el uso de las redes en una pandemia”. La conclusión que arroja es contundente: la aparición de cuestionamientos, miedos y sugerencias estéticas durante el aislamiento no hace más que fortalecer la desigualdad, al mismo tiempo que estigmatiza la diversidad corporal de las personas. “Los cuerpos gordos representan, por un lado, el fracaso de la belleza (particularmente la femenina), y por otro, el fracaso económico asociado a los prejuicios de dejadez, improductividad y mala alimentación”, sostiene el texto.

Agustina Murcho, nutricionista especializada en trastornos alimenticios, con más de 360 mil seguidores en Instagram (@nutricion.ag), asegura que las redes sociales no sólo promueven sino que hoy son la base central de las burlas hacia la obesidad. “La Argentina es el segundo país con más desórdenes alimentarios del mundo. Ser gordo es considerado tabú, es una burla constante. Creo que no se toma real conciencia sobre el impacto que puede tener para la persona que lo sufre. Hay cuentas que aseguran que ayunar es sano, que dejar de comer lo que nos gusta es mejor para evitar enfermedades, cuando el estrés mental que genera todo esto también enferma”. Y agrega: “Estamos en un momento muy difícil como para poner el foco en la estética. Creo que ahora es más importante aprender a controlar nuestras emociones e intentar comer saludable la mayor parte del tiempo”.

La realidad es que los chistes gordofóbicos que circulan hoy en día son parte de la misma discriminación de siempre. “Las personas gordas sufrimos un montón de violencias. En las películas nunca vemos a una gorda siendo besada, amada, linda, feliz, exitosa. Crecemos sin ejemplos de nada, y así es difícil imaginar que te va a ir bien en la vida. Realmente existe un problema en cómo se nos trata. Ser gorda es lo que no querés ser, lo peor que te puede pasar. Hace poco quise comprarme una campera y me la quisieron cobrar 20 mil pesos. Eso es violento. Nunca tuve ropa en mi vida. Nunca pude elegir. Y registrar eso, darse cuenta de que está mal, es liberador”, cuenta Señorita Bimbo, actriz, comediante y conductora de radio.

Cuando pensamos en el concepto de salud, hablamos, antes que nada, del aspecto físico y solemos olvidarnos del plano psicológico. El humorista James Corden se expresó sobre el tema en su late-night show y aseguró que el fat-shaming (avergonzar públicamente a quienes padecen sobrepeso) sólo tiene consecuencias negativas. “Sabemos que tener sobrepeso no es bueno para nosotros. Yo llevo toda la vida intentando controlar mi peso y fallando. Se me da fatal: tengo días buenos y meses malos. Pero está demostrado que las críticas sólo consiguen una cosa: que la gente se sienta avergonzada, y la vergüenza conduce a la depresión, la ansiedad y la aparición de comportamientos autodestructivos, como comer de más. Si burlarse de los gordos y las gordas consiguiera que adelgazaran, créanme, no habría niños gordos en los colegios y yo tendría unos abdominales como una tableta de chocolate”, argumentó.

Hay algo que es evidente: el número que nos devuelve la balanza no refleja en lo más mínimo cuán felices somos. En este sentido, el activismo gordo insiste en visibilizar que la salud es una excusa para atacar a los cuerpos. “Ser gordo no siempre significa que vas a tener una afección respiratoria, que no te podés mover o que comés mal todo el día. La gente que me comenta en una foto ‘¿No te da miedo morir de diabetes?’ no va y le dice a sus amigos que tomar alcohol durante siete horas y después comer una hamburguesa le va a hacer mal a su cuerpo. Entonces, usan la salud como excusa para rechazar la gordura. No te insultan, te hablan bien para que vos te sientas mal con tu persona. Y por lo menos en mí ya no lo logran”, concluye Cabaleiro.