Este año se cumplen dos décadas de la película de culto dirigida por Stephen Frears que cautivó a toda una generación y que hoy se reversiona en formato de serie con Zoë Kravitz como protagonista y desde una perspectiva de género, étnica y hasta musical mucho más diversa.


El casete arranca arriba pero no tanto como para que todo lo demás estuviera por debajo. La mitad de la cinta es el tramo más delicado: debe conservar el interés y también prometer un clímax final, que será un estallido pero no el éxtasis definitivo. Porque si un casete es bueno en serio tiene que dejarte con ganas de escuchar otro. Entonces cada canción se convertirá en el recuerdo de un gesto compartido, el roce en el apoyabrazos del cine, la primera vez que discutiste sobre las mejores películas orientales, las excusas que diste para escapar de tu casa y recorrer media ciudad en ese viejo Ford Escort donde la música se repite con el auto reverse y te entrega la voz quebrada de Sheila Nicholls cantando “Fallen For You”.

Corría el año 2000 y me enamoré con un casetito que fue grabado según las míticas reglas de Rob Gordon. Eran tiempos donde la gente discutía febrilmente sobre libros, películas o canciones, y Rob –protagonista de Alta fidelidad– era todos nosotros. Un filme generacional se reconoce si podés recordar qué estabas haciendo cuando se estrenó, dónde lo viste, cómo estabas vestido. Si tenías más de 12 años cuando John Cusack apareció hablándole a la pantalla seguro estás rememorando esa ocasión.

Vi Alta fidelidad en una función privada para prensa, y en todas las filas podían reconocerse distintas versiones de los personajes, festejábamos los chistes internos y acompañábamos todas las canciones con un lip sync indie. Muchos habíamos leído el libro de Nick Hornby editado unos años antes y ya teníamos instalada la duda fatal planteada por el autor: ¿nuestra generación no era feliz porque escuchaba música pop o escuchaba música pop porque no era feliz? Un dilema que se resolvía gastando discos hasta derretirlos. Éramos pibes criados en el cine, y la ficción nos había puesto la vara muy alta: como Rob Gordon, queríamos un amor espectacular. No una relación simplemente buena.

Un filme generacional se reconoce si podés recordar qué estabas haciendo cuando se estrenó, dónde lo viste y cómo estabas vestido.

Los críticos, esa especie detenida en el tiempo, éramos iguales que ahora pero con menos series, superhéroes y viajes. Seguimos amando las listas y eligiendo eternamente nuestro top five sin ponernos de acuerdo.

Hoy nos bloqueamos en las redes si uno votó a Scorsese y otro a Wes Anderson. Pero ahora los mundiales tuiteros son bastante paparulos, las elecciones se debaten entre Marvel o DC, las series son las nuevas películas y Rob Gordon es mujer. ¿Está mal? No lo sé, pero es el signo de los tiempos.

Este año se cumplen veinte años del estreno de Alta fidelidad,y la plataforma de streaming Hulu dio a conocer una serie basada en la película. La historia es la misma: Rob es dueñx de la tienda Championship Vinyl, negocio de culto habitualmente frecuentado por melómanos freakies y personajes insondables. Rob tiene dos empleadxs a los que nunca tomó, simplemente eran clientxs que se instalaron y jamás logró sacarse de encima. Todo comienza con el fin de su relación amorosa y la decisión de Rob: ir tras los pasos de sus cinco peores rupturas y revisarlas para comprender su (miserable) presente. La revisión popera/existencial le deparará más de una sorpresa.

Pero en esta serie Rob es Robyn y no lo encarna John Cusack sino Zoë Kravitz, hija de Lenny y Lisa Bonet (quien interpretara a la cantante Marie De Salle en el filme), una bomba a la que cuesta creerle tantos desaires románticos, salvo que sea verdad eso de que la suerte de la fea, la linda la desea. Sus empleadxs son una robusta afroamericana de armas tomar y un ex que salió del closet. Las otras relaciones van desde el novio bobo de la infancia hasta una influencer que vive para la selfie y el canje, sin duda el mejor chiste de esta remake. Sus creadoras, Sarah Kucserka y Veronica Becker, dijeron que nunca vieron la historia de Rob como la de un hombre sino como la de una persona obsesionada consigo misma, sin importar su género o raza. Aunque todavía siento que el gran acierto de Hornby ha sido que un hombre hablara de amor, con derrotas, dudas y también felicidad.

En alguna medida, la serie repite el mecanismo del casete perfecto: arranca bien pero no tan bien, se mantiene dignamente pero aún no sabemos cómo termina porque esperamos la segunda temporada. El tiempo dirá si quemamos esa cinta o la guardamos en el cajoncito de los recuerdos.

Porque sigo ordenando los discos autobiográficamente, como explicaba John Cusack mirando a cámara: no están por orden alfabético ni por intérprete. Así All That You Can’t Leave Behind, de U2, está al lado de Bruce Springsteen, porque uno tiene que ver con el amor nacido el mismo año de Alta fidelidad y el otro con la presencia de The Boss en la película: en una escena memorable, mientras toca “The River” en su guitarra, Springsteen le aconseja al protagonista que tome coraje y vuelva a visitar a sus ex. Un momento generacional mágico. Hoy la joda sería con Harry Styles y ya me siento mal de sólo imaginarla.

Me gusta agradecer todos los días que la película fue dirigida por Stephen Frears y no por Mike Newell, el de Cuatro bodas y un funeral, quien fue el primer candidato, porque quizás hubiera hecho un filme más romántico que iniciático. Repaso todos los temas de su banda sonora, desde la depresión psicodélica entonada por Lou Reed en “Oh! Sweet Nuthin’” hasta esa melancolía lacerante de Elvis Costello cantando “Shipbuilding” en el puente donde Rob Gordon recuerda las cosas que más extraña de su novia Laura.

Aún me río con Jack Black frenético, echando a clientes con un gusto musical tan malo como para pedir un hit de Stevie Wonder. Y le doy la razón, porque lógicamente soy tan esnob como él. Black estuvo a punto de no aceptar el papel. Confesó que había visto doce veces Relaciones peligrosas, y como su sueño por aquel entonces era ser John Malkovich tenía terror a fracasar con Frears, quien había dirigido el filme. Finalmente se animó y fue el papel de su vida.

Sus creadoras, Sarah Kucserka y Veronica Becker, dijeron que nunca vieron la historia de Rob como la de un hombre sino como la de una persona obsesionada consigo misma, sin importar su género o raza.

Yo también un día tomé coraje, largué todo y fui detrás del pibe que me grabó el casete. Ya pasaron veinte años, seguimos armando listas. No creemos eso de que si amás de por vida el cine o la música sos un tipx que nunca maduró. O no nos importa.

Nos resistimos a dejar de discutir si Green Day es una mezcla de The Clash con Stiff Little Fingers, subrayamos libros en papel y debatimos durante horas si es mejor actor Gary Oldman o Al Pacino. Siempre tiene razón él, lo dejo ganar porque es leonino. Y aunque hoy el abrazo esté prohibido, bailaremos un lento mientras Jack Black reversiona a Marvin Gaye. Lets get it on, sugar!