La velocidad de la pandemia apuró la implementación y la profesionalización del aprendizaje online. Públicas o privadas, las escuelas y las universidades se adaptaron a esta renovada modalidad que sienta las bases de un futuro no tan lejano de la enseñanza académica.


Por disposición del Gobierno nacional, las clases en educación primaria, secundaria, terciaria y universitaria están suspendidas en su modalidad presencial para prevenir el avance de la pandemia. Entonces, el Ministerio de Educación y las distintas instituciones educativas están aggiornando sus metodologías en función de esta situación excepcional: supeditados a la extensión del aislamiento social, preventivo y obligatorio, es tiempo de la educación virtual.

“Esta situación presenta un enorme desafío para nuestro sistema educativo, mucho más por vivir en una Argentina atravesada por la desigualdad”, asoma Nicolás Trotta, ministro de Educación de la Nación. Y, de paso, es preciso separar el concepto metodológico en dos partes. Por un lado, la metodología tecnológica, las aulas virtuales como un espacio integrado por repositorio digital (espacio donde el docente planifica sus clases), las videoconferencias y el espacio de encuentro sincrónico de cada clase. Por otro, la metodología pedagógica, que permite a los estudiantes administrar el tiempo durante la actividad asincrónica, es decir, desarrollarla durante la jornada previa al encuentro simultáneo.

“De cualquier manera, nuestra primera definición es que la escuela es un espacio irremplazable por el rol de la maestra y el maestro, no por la imposibilidad de concurrir físicamente”, sigue Trotta. Entretanto, ante la contingencia, los docentes y el personal técnico tuvieron que readecuar sus contenidos y los formatos pedagógicos para adaptarse a las nuevas plataformas. Así, con este envión y bajo la presión de una “fuerza mayor”, muchos pudieron dar inicio al ciclo lectivo, como la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM). “En medio de la emergencia, queríamos sostener el vínculo con el alumnado y garantizar este derecho inalienable, que es el de acceder a la educación superior”, señala Daniel Martínez, rector de la casa de altos estudios.

“La tecnología es una herramienta que puede fortalecer, de cara al futuro, el vínculo del docente con el estudiante.” (Nicolás Trotta)

Por caso, algunas instituciones ya se mostraban cercanas a los encuentros digitales. “En el Instituto Universitario Hospital Italiano de Buenos Aires (Iuhiba) tenemos mucha trayectoria en educación virtual”, dice Fabiana Reboiras, directora del Departamento de Educación del establecimiento. Fundamentalmente, su oferta académica de posgrado, sus maestrías y doctorados se dictan mayoritariamente –y algunos exclusivamente– a distancia. Con la suspensión de las clases, el mayor desafío resulta de virtualizar los contenidos y reemplazar los encuentros cara a cara. Algunos especialistas sugieren que el contexto terminó siendo un motor para aprender y asimilar una rápida respuesta desde el punto de vista técnico-pedagógico. “Hubo un gran esfuerzo en cómo virtualizar sin perder la calidad de los materiales, hasta cuáles contenidos virtualizar y cuáles no”, sigue Reboiras.

Pero no todo es orgánico y 2.0: hay carreras en las que resulta compleja una implementación online. “Esto es así tanto en nuestras carreras de grado (Enfermería, Medicina, Farmacia y Bioquímica e Instrumentación Quirúrgica) como en todas las propuestas académicas que tienen prevista una instancia de práctica profesional en el contexto real hospitalario”, indica Carolina Roni, coordinadora del Área de Simulación del Departamento de Educación del Iuhiba.

A la sazón, desde hace quince años que el Iuhiba ofrece capacitaciones en línea para profesionales de la salud de habla hispana. “Hemos desarrollado más de 60 cursos virtuales en los cuales se han formado alrededor de 23 mil profesionales de la salud de diversa procedencia”, comenta Laura Magallán, coordinadora del Área de Tecnologías Educativas Digitales del Departamento de Educación del Iuhiba. Distinto es el caso de la UNLaM, que hasta el momento en el que se inició la cuarentena no tenía ofertas de carreras a distancia. ¿Tenían pensado sumar? “Sí, a través del Honorable Consejo Superior se había comprobado esta modalidad para el corto plazo”, completa Martínez.

Sin embargo, por cuestiones inherentes a su propia naturaleza, hay carreras que sí se amoldaron con mayor facilidad al contexto tecnológico. “Esas fueron la Facultad de Informática, pero también la Facultad de Comunicación, en la que el uso de tecnología es habitual. También algunas carreras de Ciencias Económicas, pero lo bueno es que hemos capacitado a nuestros docentes”, explica Ariana De Vincenzi, vicerrectora académica de la Universidad Abierta Interamericana (UAI). De hecho, la UAI viene implementando una “modalidad blended” para carreras presenciales. “Esto significa que las asignaturas pueden destinar parte de los contenidos previstos en los programas mediante una modalidad virtual, de manera que ya es más familiar para los docentes y alumnos y no genera tanta novedad”, continúa De Vincenzi.

Entonces, ¿la educación virtual es el futuro de la educación? “Sí, creemos que es el futuro. Al menos en la UAI, la ‘modalidad blended’ llegó para quedarse”, apura De Vincenzi, a propósito de la invención de este sistema mixto. “No hay que soslayar la importancia del espacio áulico como ámbito de aprendizaje”, despeja Martínez, de UNLaM, considerando a la metodología online como una herramienta complementaria de la educación presencial. Aunque aclara: “Van a permitir innovar las prácticas docentes y las formas de aprendizaje, y posibilitarán la mayor accesibilidad a la formación en educación superior”. En esa misma sintonía, el ministro Trotta concluye: “La tecnología es una herramienta que puede fortalecer, de cara al futuro, el vínculo del docente con el estudiante”.

Con la suspensión de las clases, el mayor desafío resulta de virtualizar los contenidos y reemplazar los encuentros cara a cara. Algunos especialistas sugieren que el contexto terminó siendo un motor para aprender y asimilar una rápida respuesta desde el punto de vista técnico-pedagógico.