El bicampeón mundial, que decidió representar al surf de la Argentina, vive un presente sin igual y se prepara desde Mar del Plata para afrontar un calendario agitado en vísperas de su máximo sueño: Tokio 2020.


Como Messi, el ídolo que tiene tatuado en cada una de sus tablas, Santiago Muñiz tuvo que decidir a qué país iba a representar. Con sólo tres meses de vida, el marplatense cambió las playas y los acantilados del sur por las aguas cálidas y cristalinas de Bombinhas, Brasil. Su familia se había mudado allí pero tanto Santi como Alejo, el mayor de los hermanos, nacieron en la Argentina, y en una especie de superclásico sudamericano de surf, el primogénito se decidió por Brasil, y Santiago, con sólo 15 años, se aferró a la celeste y blanca. Primero como un juego, después como una profesión. El surf estuvo al alcance de sus manos desde el principio, aunque nadie iba a pensar que con sólo 17 años iba a convertirse en Panamá en el campeón del mundo más joven de la historia del deporte, allá en 2011. Luego, el derrotero siguió imparable y siete años más tarde volvió a repetir la hazaña en Japón, ya con 25 años, más maduro, con otro recorrido y en total sintonía, ahora sí, con la naturaleza.

–Bicampeón del mundo, ¿un simple titular o casi un estadio?

–Es un logro muy lindo. Uno se acuerda de todo el sacrificio, la disciplina, los días de trabajo duro para llegar a estos momentos que en realidad pasan muy rápido porque al otro día ya aparece otro objetivo.

–¿Se disfruta entonces?

–Recién este año pude tomar conciencia de lo que hice. La primera vez, en 2011, tenía 17 años, era muy chico y no tenía dimensión de lo que había logrado. Ahora sí, fue muy positivo y me empuja a seguir adelante.

–¿Qué te llevó a decidirte por representar a la Argentina y no a Brasil?

–Yo vivo en Bombinhas desde muy chico, me fui de Mar del Plata a los tres meses de nacer. Cuando llegó el momento de optar por cuál país iba a competir, me incliné por la sangre. Mi familia me apoyó en todo momento y me dijo que hiciera lo que realmente sintiera. Y yo me sentí siempre argentino, marplatense.

–Imagino el calibre de la decisión, porque además la diferencia entre los dos países, sobre todo en lo que respecta a la tradición del surf, es muy grande. Brasil es una potencia indiscutible.

–Mis primeros recuerdos, mis primeras olitas y torneos fueron allá. En Brasil el surf se vive diferente, hay casi tantos surfistas como gente. Pero la sangre tira mucho, la familia, los abuelos… Mis viejos nunca rompieron con las tradiciones que teníamos en la Argentina, eso ayudó bastante. Ya desde muy chico me inculcaron el idioma, el himno, las costumbres típicas, hasta el dulce de leche.

–Una situación similar a la que le pasó a Messi.

–A Leo no sólo lo admiro por el deportista fuera de serie que es, sino también por su persona. No tuve el honor de conocerlo pero te das cuenta de que es alguien de familia, humilde, sencillo y que nunca olvidó de dónde vino. Mi situación fue bastante parecida y creo que él decidió por el mismo motivo que yo.

–¿Cómo trabaja la cabeza en un deporte que, además de ser individual, depende casi en su totalidad de la naturaleza?

–El surf es muy particular en ese aspecto. No sólo dependés de vos sino también, y en gran medida, de la naturaleza. Por más que vos estés mirando que las olas están rompiendo en el mismo lugar, en algún momento, en cuestión de segundos, eso va a cambiar… o no. Pasa por una cuestión de energía, de estar en sintonía con el lugar, con el mar.

“Surfear es una cuestión de ánimo y felicidad. Cuando uno está bien, atrae cosas buenas. Y eso la naturaleza lo sabe, es sabia. Es fundamental esa paz y ese espíritu. No sólo para el deporte sino para cualquier ámbito de la vida.”

–¿Qué significa estar en sintonía, estar con buena energía?

–Es una cuestión de ánimo y de felicidad. Cuando uno está bien y prevalece lo positivo, atrae cosas buenas. Y eso la naturaleza lo sabe, es sabia, como se le dice. Es fundamental esa paz y ese espíritu. No sólo para el surf y el deporte en general sino para cualquier ámbito de la vida. La alegría en sí te hace mejor persona.

–¿Y cómo trabajás esa felicidad?

–Yo trato de verles siempre el lado bueno a las cosas, siempre fui así, hasta en los peores momentos. Obviamente, existen otro tipo de ayudas, como psicólogos deportivos y profesionales que estudiaron para revertir ciertas situaciones, pero depende cien por ciento de uno. El mayor adversario es uno mismo y la felicidad es el motor de todos los logros.

–Rompés un poco con la premisa que afirma que en la alta competencia ya no se disfruta tanto como en el amateurismo y en realidad prevalecen otros aspectos, como la presión, el nerviosismo, el ganar por ganar.

–Mis mejores torneos fueron cuando estuve contento. En el último Mundial de Japón (N. de la R.: septiembre de 2018, en la ciudad de Tahara) me sentí muy bien, muy conectado conmigo mismo, disfrutando cada momento del certamen. Japón es un lugar que siempre me sentó bien, empatizo muy rápido, vibro la misma energía. Me encantaría poder estar de la misma forma en todos los campeonatos, ganaría mucho más de lo que perdería.

–Japón no sólo te dio tu segundo título mundial sino, además, la posibilidad de participar este año en los Juegos Panamericanos de Lima. ¿Cómo te preparás para semejante desafío?

–Ya hace un mes que estoy en Mar del Plata haciendo la pretemporada. Mucho mar, ejercicios físicos, buena alimentación para seguir manteniendo una línea. La técnica se practica igualmente, pero estos meses el trabajo pasa más por la parte física. Más cerca de la fecha del certamen (fines de julio) se empieza a trabajar más la cabeza, quizás la parte más importante de todas.

–Si te va bien en los Panamericanos, el sueño de los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020 será una realidad y habrá entonces un argentino en el debut del surf como deporte olímpico. Una batalla ganada que tiene a otro marplatense, Fernando Aguerre, presidente de la Asociación Internacional de Surf, como responsable de esta decisión histórica.

–Sí, la verdad es que es increíble. Es un logro inimaginable. Todos teníamos la ilusión, el sueño de que algún día pasara. Por suerte, Fernando lo pudo lograr y todos los surfistas del mundo estamos muy agradecidos. Es una decisión histórica, una situación inmejorable, donde uno de los deportes más antiguos del mundo comienza a competir en el certamen más antiguo de todos. Y esperemos que además de Fernando haya otro argentino de testigo.

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