Juntos, crearon Kosiuko, Herencia y Casa Chic. Inquietos por naturaleza, no les temen a los desafíos y se arriesgan a develar el secreto de su enorme éxito.


Encontrar el equilibrio. Esa es la respuesta para que los distintos mundos en los que Federico Bonomi y Cynthia Kern se manejan, puedan coincidir armoniosamente en un mismo hogar. Indumentaria, autos, motos, religión, amigos, familia, negocios, fotografía, diseño y decoración, un imperio creado por una pareja con sello propio donde los talentos se exhiben impulsados por la fe y una pasión viva hace más de treinta años que sólo sabe prosperar.

— ¿Qué importancia le dan a Dios, la fe y la religión a la hora de encarar un proyecto?

—Cynthia Kern: Creemos mucho en Dios, la fe es uno de los pilares más importantes de nuestra vida y de nuestra familia. En lo profesional siempre ponemos cada proyecto en sus manos y consultamos cada decisión importante que tenemos que tomar; el camino que recorrimos no hubiera sido posible sin Su voluntad.

—Federico Bonomi: Dios te ayuda, es una conjunción de cosas. Pero si vos tenés una conducta, no te disparás, no te volvés loco, las cosas pasan. A nosotros nos empezó a ir bien con el negocio y no por eso dijimos “no vamos a trabajar, nos desbarrancamos, hacemos cualquiera”. Siempre nos controlamos, fuimos por un andarivel seguro. Eso no quita que nos divirtamos, que cada uno tenga su escape. Se puede hacer todo en la vida, el tema es ir siempre por el medio y cuando se trabaja se trabaja y cuando se jode se jode.

— ¿Cómo logran balancear el trabajo con la pareja y familia?

— C.K.: Encontramos la manera de estar muy presentes en las dos cosas,  contamos mucho con los chicos, los 4 son muy maduros y entienden nuestro trabajo, eso nos ayuda bastante, la empresa es parte de su vida diaria y están muy involucrados. Tratamos de evitar el diálogo laboral en casa, pero a veces es inevitable y en algunos momentos aprovechamos estar juntos para escuchar opiniones diversas.

¿Cuál fue el motor en cada uno en de sus emprendimientos?

— F.B.: Hace unos años queríamos cambiar el rumbo, mantener a Kosiuko dentro de un universo femenino y crear una marca exclusiva para hombres. Dentro de ese contexto, pensando y pensando, dije “por qué no hacer lo que a uno le gusta, que es esto”. Arrancamos con la herencia fierrera, que en la Argentina es muy fuerte, y terminamos directamente con mi pasión. Así, Kosiuko mutó al mundo de Cyntia; Herencia es mi mundo, y convergemos los dos en Casa Chic, nuestra cadena de decoración, hotelería y estilo de vida. Entonces terminamos convirtiendo nuestro negocio en vender nuestro propio estilo de vida en diferentes formatos. Los tres emprendimientos que tenemos hablan de nosotros, claramente. No estamos atrás de un negocio, sino de una pasión que termina convirtiéndose en nuestro trabajo. En nuestro caso, los líderes de opinión de nuestras marcas somos nosotros, que generamos nuestro propio contenido, nuestro estilo de vida y buscamos la manera de comercializarlo.

— ¿En algún momento hacen una pausa para mirar el recorrido que han hecho?

— C. K.: La pausa tenés que hacerla siempre, es esencial para poder seguir transitando el camino, valorar lo que se hizo y también aprender de los errores, nunca nos imaginamos que ese pequeño proyecto que empezamos en el 92 iba se a tan grande. Cuando miramos el camino recorrido nos impresionamos muchísimo, nos da un vértigo enorme, creemos que si de entrada hubiesemos puesto en nuestras prioridades o en nuestros caminos lo que hoy son las tres marcas quizás no lo hubiéramos logrado, creo que las cosas se fueron dando naturalmente, debido a la entrega, a la enorme pasión que nos genera diseñar y estar comprometidos con el  público que nos sigue.

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