El Museo de Arte Moderno de San Pablo reabrió sus puertas tras dos años por obras de renovación
El MAM inauguró una nueva edición del histórico “Panorama del Arte Brasileño”, la exposición que se celebra desde 1969. Curada por Diane Lima, la muestra reúne a 33 artistas brasileños y propone una reflexión sobre las transformaciones del arte contemporáneo, las identidades y la libertad creativa.
El Museo de Arte Moderno de San Pablo (MAM SP) reabrió sus puertas al público en el Parque Ibirapuera, en septiembre pasado, luego de permanecer cerrado durante dos años por obras de renovación. Regresó así a su histórica sede, donde inauguró la 39 edición del “Panorama del Arte Brasileño”, una de las exposiciones más emblemáticas del país que se celebra desde el año 1969, esta vez, a cargo de la curadora Diane Lima, bajo el título “Depois que tudo foi dito” (Después de que todo se ha dicho).
Desde hace más de cinco décadas, cada edición de Panorama se propone dar a conocer la producción artística brasileña en su propio momento histórico, en una reflexión sobre las transformaciones culturales, políticas y sociales del país. En esta edición, que se podrá visitar hasta el 24 de enero de 2027, la pregunta es: “¿qué es, después de todo, el arte brasileño?”.

La respuesta llega a través de las obras de 33 artistas de once estados del país, seleccionados por Lima, quien recientemente curó el Pabellón de Brasil en la 61 Bienal de Venecia, y fue co-curadora de la 35 Bienal de São Paulo (2023). Su propuesta parte de una constatación: durante las últimas dos décadas, el arte brasileño atravesó una transformación profunda, impulsada por la creciente presencia de artistas negros, indígenas y de sectores históricamente excluidos de las instituciones culturales. Pero ¿qué sucede después de conquistar esa visibilidad?
“Empezamos con un debate sobre la representación, la invisibilidad y la ausencia, que era fundamental”, explicó Lima durante una conferencia de prensa realizada en el auditorio del museo, un día antes de la inauguración. Aquella discusión -dijos- obligó a las instituciones a revisar sus estructuras. Sin embargo, las conquistas también trajeron nuevas contradicciones.

Según la curadora, la mayor incorporación de artistas negros e indígenas a museos, galerías y circuitos comerciales terminó generando ciertas expectativas sobre cómo debían expresarse, qué temas abordar o qué imágenes producir. Es decir, una nueva forma de encasillamiento. “Este auge de la visibilidad acabó generando cierta exigencia sobre lo que se esperaba de los artistas negros, indígenas y de ascendencia indígena”, advirtió. La cuestión, ahora, es cómo escapar de esas categorías y recuperar la autonomía de la creación artística.
“Se hizo necesario cuestionar un determinado marco artístico que puede limitar y reducir las formas de expresión a un imaginario predefinido y mercantilizado, que da por sentado que las prácticas artísticas deben estar alineadas con las identidades sociales. Lo que veremos en la exposición, por lo tanto, es un intento constante de liberación”, escribió Lima, en el texto curatorial. Para desarrollar esta idea, la curadora se apoyó en el pensamiento de la filósofa brasileña Denise Ferreira da Silva, referente del feminismo afro contemporáneo, cuyos escritos inspiraron el título de la exposición.

Entre los artistas participantes aparecen nombres como Jota Mombaça, biarritzzz, Allan Weber, Lita Cerqueira, Rose Afefé, Fykyá Pankararu y Thaís Muniz, entre muchos otros. Sus prácticas recorren diferentes lenguajes, generaciones y materialidades. La propuesta busca ir más allá de la representación de determinadas identidades.
En esta muestra hay artistas de todas las regiones del país. “La idea de descentralizar el eje Río-São Paulo ya la llevaba dentro, ya que soy de Bahía”, explicó Lima y, sobre el conjunto, añadió: “Este Brasil está muy arraigado en la tierra. Las obras no se centran en la idea nacionalista de Brasil, ni en su estereotipo, sino en lo más elemental de Brasil”.

En ese sentido, en uno de los extremos vidriados del museo, Jota Mombaça presenta “Um dia vou voltar” (2026), una instalación de 222 metros de tela que permanecieron sumergidos durante cuatro semanas en ríos, lagunas y arrecifes de la ciudad de Natal, en el nordeste brasileño, con el apoyo de guardianes y guardianas indígenas y comunitarios vinculados a esos territorios. Los tejidos fueron recuperados, secados y llevados a San Pablo para ser suspendidos sobre estructuras metálicas, formando una suerte de laberinto textil que tiñe de naranja el espacio expositivo.
El reflejo anaranjado traspasa los ventanales y puede verse desde afuera del museo, donde un grupo de skaters y algunas niñas en patines se deslizan bajo la enorme cubierta de hormigón, en la explanada que conecta con otros edificios del Parque Ibirapuera, uno de los grandes pulmones verdes de la ciudad. Una escena cotidiana que convive, apenas separada por un vidrio, con las obras de arte.

El regreso del Panorama coincide con la renovación del museo fundado en 1948 y ubicado dentro del emblemático conjunto modernista del Parque Ibirapuera, diseñado por Oscar Niemeyer. El MAM había cerrado en agosto de 2024 debido a las obras de renovación y, con una colección de más de 5.000 obras, inicia así una nueva etapa.

