Oficio, contrastes y materia viva: asi fue el segundo día de la Semana de la Alta Costura en el Malba
La segunda jornada de la Semana de la Alta Costura (SAC), creada y dirigida por Elina Costantini, ratificó al Malba como el gran epicentro donde la alta costura dialoga cara a cara con el arte latinoamericano.
Como antesala del desembarco de la muestra Viva Frida, el calendario desplegó una tarde dedicada a la pureza del oficio, la tensión de los contrastes y la fuerza del trabajo artesanal sobre la pasarela. Dos miradas complementarias caminaron por los pasillos del museo para demostrar que el diseño local trasciende.

El diseño atravesado por la mirada de una mujer contemporánea
Camila Romano inauguró la jornada presentando una colección de 35 pasadas que exploró la convivencia armónica entre universos. Bajo el nombre de “Entre todo y nada”, la diseñadora propuso una lectura donde lo clásico y lo contemporáneo se entrelazan para convertir el contraste en un punto de vista intencional.
A lo largo de la pasarela, la propuesta transitó siluetas definidas, encajes franceses, volúmenes, transparencias, texturas y bordados a mano donde acentos de color aportaron una dimension mas personal a su propuesta profundamente femenina. “Con algunos caprichos que marcaron mi adolescencia y con muchas decisiones de la mujer madura que soy hoy, presento esta colección.”, declaró Romano detrás de escena.

El vínculo de la diseñaodra con la temática de la próxima muestra tiene un significado muy especial. “Para mí, Frida representa la autenticidad, la libertad de ser una misma y la capacidad de transformar incluso el dolor en una expresión de belleza.”, determina.

Entre plumas, brillos y siluetas fluidas
A las 20 horas llegó el turno de Pía Carregal, quien presentó “Morfogénesis”, una propuesta de 30 pasadas que encuentra su punto de partida en el origen mismo de la forma y en un proceso creativo intuitivo, experimental y profundamente ligado a la naturaleza de cada textil.
Para la diseñadora, que en los últimos cinco años profundizó su relación con la pintura y los talleres plásticos incorporando el arte a su estudio de Belgrano, la cita en el Malba significó la comunión perfecta entre sus dos grandes pasiones. “Lo que más me inspira de Frida es su personalidad. Por supuesto están también los colores de su pintura y de su vestimenta, pero llevados a mi universo, donde el color y la mezcla de texturas tienen un lugar fundamental”, señala Pía Carregal.

Cada diseño nació de un boceto pero cobró vida sobre el maniquí, respetando la caída y la respuesta del material: las gasas trazaron líneas fluidas y orgánicas, mientras que las organzas de seda estructuraron siluetas de carácter netamente escultórico. Brocados, terciopelos tipo chiffon, tafetán, tules y géneros bordados con volumen convivieron con plumas y superficies trabajadas a mano en el taller mediante plisados, retorcidos y arrugados. La paleta cromática esquivó lo previsible para abrazar la vibración de la naturaleza: amarillos, rosas, verdes y turquesas dialogaron con chocolates y crudos.

La propuesta sumó casquetes de Laura Noetinger, bolsos prde terciopelo con plumas y calzado de Claude Bernard, sellando una oda al trabajo artesanal donde cada prenda conservó la singularidad irrepetible de la pieza hecha a mano.

