Lucrecia Martel: "El cine es muy peligroso, porque puede hacernos escapar de los prejuicios, las doctrinas inútiles y el miedo que paraliza"
A casi diez años del estreno de su última película, la directora más influyente del cine latinoamericano presenta Nuestra tierra, un relato potente sobre el colonialismo y el racismo institucional en la Argentina. En exclusiva con EPU, analiza el presente de la industria, revela la próxima historia que le gustaría contar en pantalla y asegura: “No quiero tener una carrera, quiero tener una opinión sobre el mundo y una estrategia de transformación”.
Desde las calles de Montevideo, en la avenida 18 de Julio entre Yi y Yaguarón, secundada por Federico Fellini, Alfred Hitchcock y Luis Buñuel, Lucrecia Martel observa con una cámara fotográfica en sus manos. Con sus anteojos característicos, una camisa holgada y un halo dorado a su alrededor, la directora argentina comparte el olimpo de los realizadores más importantes del mundo. Y ese pequeño pero imponente homenaje es una muestra de la trascendencia y expansión de su cine, aquel que le permitió recorrer el mundo acompañando cada una de sus obras, como Nuestra tierra, su primer documental.
Esta producción, que llevó más de trece años de trabajo, sigue de cerca el juicio por el asesinato de Javier Chocobar (autoridad indígena del pueblo de Chuschagasta), ocurrido en 2009 en Tucumán, en manos de un vecino y dos ex policías para quedarse con tierras de la comunidad, y logra poner en evidencia la connivencia de poderes en una provincia donde unos pocos son dueños de todo mientras sus habitantes originarios dicen: “De nuestra tierra no nos vamos”. Sobre el estreno, su cine y sus pasiones, Martel dialogó en exclusiva con El Planeta Urbano.
–El año pasado fue de varias novedades en tu carrera: el estreno internacional de Nuestra tierra y el lanzamiento de Un destino común, libro que recorre tus clases alrededor del mundo. ¿Cómo lo viviste?
–Con alegría. Son los frutos de muchos años de trabajo. En el caso del libro, fue una idea que me propuso la editorial Caja Negra. En el caso de la película, fue un largo proceso de investigación muy enriquecedor y al que hemos apostado con la esperanza de colaborar con la comunidad Chuschagasta.

–Entre cada película que dirigís hay un tiempo prolongado, ¿se debe a tiempos naturales de gestación o, dada la coyuntura, una cuestión de financiamiento?
–Hay muchas películas, no hace falta ser tan productiva. No tengo apuro. No quiero tener una carrera, quiero tener una opinión sobre el mundo y una estrategia de transformación. Me lleva tiempo.
–Contame sobre el origen del documental y cómo fue sostenerlo a lo largo de los años. ¿Es tu proyecto más difícil?
–El origen fue el hallazgo del video del crimen en YouTube. Hubiese sido un proyecto imposible si no hubiera contado con colaboradores comprometidos con la idea de transformación del mundo y muy curiosos. No hay nada realmente difícil cuando te juntás con la gente correcta.
–Las imágenes que vemos en la película, en tiempos donde los noticieros muestran escenas de violencia extrema diariamente, estremecen por su contextualización. ¿Cómo fue imaginar ese paso del registro a la concepción cinematográfica de un todo dentro de la película?
–El video, al que llamamos “video 0”, era el registro de una situación que debíamos descifrar. Las circunstancias de ese enfrentamiento, el motivo de su registro, la infinita cadena de palabras a las que remitía cada una de las frases que se escuchaban, los motivos secretos o históricos que avalaban ese accionar. Ese era nuestro trabajo, y cada etapa requirió de un tipo de investigación diferente. Documentos históricos, los expedientes de reclamos de tierra, revisar archivos fotográficos de la provincia. Al mismo tiempo, ir armando el archivo de fotos de los comuneros. La acumulación de materiales fue paralela a una ardua tarea de generar hipótesis y desecharlas. Hasta que un día encontramos el orden en que debían organizarse esas cosas. Y fue hermoso.

–Si bien en tus ficciones siempre estuviste en el set, acá estuviste, además, en contacto con los protagonistas en su lugar. ¿Qué te llevó a poner el cuerpo de esa manera?
–Nací en Salta. La negación de la existencia de las comunidades y sus derechos es algo que ves cada día de tu vida. Y lo que aprendés en la escuela no te sirve para entender lo que pasa en la calle. Te lleva mucho tiempo entenderlo.
–El título de la película alude al pueblo al que le han sustraído su espacio y a un lugar donde cada vez es más difícil y doloroso estar. ¿Por qué decidiste utilizar este título, más allá de que en varias oportunidades se lo escuchamos decir a la comunidad y a los apropiadores?
–El título alude a la tierra y a la Tierra, que finalmente son una sola cosa. Y el pronombre posesivo “nuestra” tiene la enorme multiplicidad de referentes, tal como mencionás: los indios, los vecinos con títulos, el Estado, en fin... La posesión es múltiple, pero la tierra es una sola cosa. Es un título que permanece moviéndose en la cabeza.

–Saliendo de la película, ¿cómo vivís el paso del tiempo y la presión a la hora de presentar un proyecto y todo lo que se genera alrededor de él y tu figura?
–No estoy en las redes sociales como usuaria, y tengo una red familiar y de amigos muy sólida. Eso es una tremenda protección y diversión. Respecto del paso del tiempo, si te referís a envejecer, estoy acostumbrada; hace muchísimos años que lo practico.
–Hay algo de mística alrededor de vos que aún mantiene ese velo y distancia sobre Lucrecia. ¿Por qué no tenés redes y cómo mantenés ese misterio a tu alrededor?
–No hay misterio, creo. Simplemente no estoy en las redes. Es bastante común en la gente de mi generación.

–¿Cómo se musicalizan tus días? ¿Tomás elementos de lo que suena en tu casa para inspirarte a la hora de desarrollar proyectos e historias?
–Mi casa en Buenos Aires es en un tercer piso, en una ochava, y en la esquina hay una parada de colectivos, donde suelen conversar los que esperan. Al lado hay un bar, estilo peña. En diagonal hay un restaurante donde a veces tocan jazz en vivo. En la cuadra del frente hay un vecino que cría palomas, y pasado el mediodía las suelta, lo que desata una cacería de los gavilanes que se lanzan desde unas palmeras que hay en una escuela secundaria a 50 metros.
Por todos lados hay outlets con sus particulares ideas sobre música para incentivar la compra. Todos los domingos pasa una camioneta pregonando su interés en heladeras viejas, calefones, en fin... A una cuadra está la parroquia de Santa Clara de Asís. Reniego de Dios, pero nunca de un campanario. Esta sería la base sonora de mi casa, a la que hay que agregar a Julieta (N. de la R.: Julieta Laso, su compañera), que no puede vivir sin cantar.

–Tus películas están en varias listas de esas que se consideran imprescindibles. ¿Cuál es tu lista de películas imprescindibles?
–La verdad, no sabría cómo hacer esa lista porque mis preferencias van de Pixar a los videos biomédicos de Drew Berry, pasando por todos los géneros. No soy muy cinéfila, de cualquier manera. No estoy abonada a ninguna plataforma. En mi casa no tenemos proyector ni televisor. Me gusta ser jurado de festivales porque es cuando veo películas.

–Estuviste a punto de dirigir para Marvel, pero cuando detectaste todos los controles que ibas a tener, te corriste. Si hoy volvieran a convocarte, con carta blanca para hacer lo que quieras, ¿a qué héroe o heroína te gustaría llevar a la pantalla grande? Y si fuera Disney y te elige para una de estos live action, ¿qué clásico reinventarías?
–Nunca estuve ni cerca de dirigir para Marvel. Me llamaron para un casting de directores. Justo estaba en Los Ángeles y fui personalmente. Tuve una charla con unos muchachos que llegaron en patinetas y me contaron más o menos la idea para Black Widow. Sabía que no tenía chances, pero quería ver cómo era eso. Me saqué una foto con el martillo de Thor. Me gustaría filmar una aventura de la teniente Ripley en Jujuy, en una misión para eliminar alienígenas que han mutado mucho y casi no se distinguen de los humanos. Descubre que los alienígenas no saben cuándo reírse. Pero son muy graciosos. Me gusta también la historia de un flautista de Hamelin que debe llevarse los animales de una región hacia un abismo pero no se decide y recorre el mundo seguido por todo tipo de bestias. Ninguna ciudad quiere recibirlos.
–Escuché que dijiste que lamentabas haber pasado tiempo criticando ficciones televisivas y ahora no hay nada. Si te llegaran a convocar para dirigir una ficción, ¿dentro de qué género trabajarías y qué te gustaría recuperar de esa tele que ya no existe?
–Estoy con nostalgia de los actores argentinos. Más que me convoquen para dirigir, me gustaría que volviera la ficción a los canales de aire y verlos.

–El cine está en crisis acá y en el mundo, pero en el país, además, hay un ensañamiento con el cine, la cultura, el Incaa. ¿Qué creés que opera en ellos para tomar estas decisiones?
–Este es el mejor momento para hacer cine en el mundo. También en nuestro país. Occidente ha fracasado y es indispensable inventar el futuro de este planeta, usando la tecnología de otra forma. La sospecha que el Gobierno tiene sobre el cine está bien fundada. El cine es muy peligroso, porque puede hacernos escapar de los prejuicios, las doctrinas inútiles y el miedo que paraliza. No quiero perderme este momento.
Fotos: gentileza Rei Pictures

