Dolores Fonzi: "Los peligrosos no son los muertos; son los vivos que intentan borrar nuestra historia"

Tras el estreno de Mis muertos tristes, la miniserie basada en el universo de Mariana Enriquez, la actriz y directora abre el diálogo sobre el valor de la memoria, las relaciones madre-hija, la resistencia frente al negacionismo y el motor vital que encuentra en el humor y las nuevas generaciones.

Dicen que los peores fantasmas son los que nos asustan por lo que dejaron de hacer. Se encarnan en las palabras nunca dichas, en las batallas sin pelear, en los amores que pudieron ser pero sucumbieron al miedo. Dolores Fonzi, actriz primordial, directora atrevida, militante del cine con goce y gracia, es ante todo una mujer temeraria. Y mientras presenta Mis muertos tristes, la miniserie de Pablo Larraín basada en los cuentos de Mariana Enriquez (Netflix), donde comparte elenco y tribu con Mercedes Morán, Alejandra Flechner y Carolina Álvarez, se arroja a la vida para beberla de un sorbo. Aunque le queme por dentro, como aquel café con leche que tomaba cuando era chica antes de ir a la escuela.

–Hay una película de los 90 llamada "El año que vivimos en peligro". ¿En tu caso sería “El año que hablamos con los muertos”?

–¡Tenés razón! Si bien en esta serie no hablo con espíritus, solo los escucho en un momento, es verdad que hubo mucho muerto en este último tiempo (se ríe)... Me gusta porque siento que integra todas las fases de la realidad en la que vivimos: abrirnos a diferentes voces y dejar de ver las cosas de una sola manera o sesgar la mirada, eso es lo que hace el fascismo. En estos últimos proyectos que tuve, Mis muertos tristes y La casa de los espíritus se habla de otras dimensiones, de las almas, del pasaje de abandonar el cuerpo. Te muestran que la realidad no es solo lo que ves, hay otras cuestiones de fondo más complejas.

–¿Hay que tenerles más miedo a los muertos o a los vivos?

–¡Cómo vas a tenerle miedo a los muertos, si no pueden hacerte nada! Los peligrosos son los vivos que intentan borrar nuestra historia. Los muertos son la memoria, nosotros venimos de ahí, nos constituyen todas las personas que pasaron por nuestras vidas. Los que hoy no están nos siguen habitando y seguramente nuestros hijos y nietos se constituirán por lo que nosotros fuimos para ellos.

En estos tiempos hay algo de negar el pasado y el mundo está hecho por lo ancestral, todo es una cadena infinita de energías que trabajan de manera colectiva. Pensarnos solos, como individuos que dicen “Si a mí me va bien, qué me importa el otro” es un concepto que habla de una gran ignorancia. El negacionismo es eso, suprimir la historia, la memoria de la humanidad, algo que una serie como esta intenta recuperar. Ojalá los que hoy estamos vivos hagamos cosas para ahorrarle dolor a los que vienen. Yo peleo por no retroceder, para que mi hija que hoy tiene 15 años no tenga que repetir las mismas batallas treinta veces.

–Mientras hablabas pensaba en lo que dicen sobre la tasa de natalidad, que “está bajando por culpa de que las mujeres privilegian su vida profesional”. Ese capítulo ya tiene más repeticiones que Los Simpson…

–Pareciera que todo tiene que ver con nuestro recorrido como mujeres gestantes, siempre se espera que elijamos nuestra maternidad antes que una disciplina en la que queremos desarrollarnos. Creo que gracias a los movimientos de mujeres empieza a haber un espacio para la duda. La pregunta sobre si quiero poner toda la energía en ser madre o en priorizar mi desarrollo profesional es inevitable, el feminismo hizo su trabajo ahí. Obviamente por otro lado viene la contraofensiva: ya escuchamos a nuestro primer mandatario diciendo “los pañuelitos verdes” y minimizando todo. No sabemos si la generación de mi hija va a estar obligada a retroceder, a mí ya no me sorprende nada, pero siento que eso que está ganado no tiene vuelta atrás.

Mis Muertos Tristes. (L to R) Dolores Fonsi as Carolina, Alejandra Flechner as Lidia in Mis Muertos Tristes. Cr. Courtesy of Netflix ©2026

Elijo imaginar un futuro que tenga que ver con nuestro propio deseo. Confío en las nuevas generaciones de pibes y pibas, no en los que están ahora en el poder, que son los de siempre y quieren perpetuar lo mismo. Incluso en nuestra industria, donde podés hacer una buena película como directora, pero no es que los que manejan todo estén aplaudiendo que aparezcamos las minas. No pasa, ni se lo cuestionan, incluso hay mujeres que también tienen ese estándar.

–En la serie tu personaje tiene una mamá muy particular interpretada por Mercedes Morán, alguien que se comunica más fácilmente con los fantasmas que con su hija. ¿Cómo trabajaron la relación madre-hija?

–Siento que la mirada de Mariana Enriquez es muy interesante en ese sentido porque se desvincula de los estándares que impone la sociedad. Mi personaje es una mujer de cuarenta y pico, que no tuvo hijos ni armó una familia. Es alguien que no fue complaciente con el sistema pero a la vez está agarrada a esa relación bastante dependiente con su madre, contada de manera muy inteligente por nuestro director, Pablo Larraín.

Esa dependencia materna que tiene Caro, mi personaje, se basa también en tratar de comprenderse, de entender quién es, y me parece que finalmente es lo que hacemos todas nosotras como hijas: decodificar quiénes somos a partir de nuestras madres, evolucionar, dejar de estar peleadas con lo que no nos gusta de ellas y aceptarlas. Cada día me parezco más a mi vieja, nos pasa aunque no queramos. Yo era impuntual y de repente ahora soy impuntual pero al revés: llego quince minutos antes a la cita, se me presentificó esa costumbre de mi mamá que no toleraba (se ríe).

–En tu película Blondi homenajeaste a tu abuela Cocó, que murió tiempo después del estreno. ¿Qué recibiste de ella?

–Mi abuela sigue siendo una presencia muy fuerte en el día a día, siempre pienso en ella. Siento que estoy hecha de la misma materia, por eso hoy también puedo ser la madre de mi madre, porque soy un poco mi abuela de alguna manera. Con ella vivimos tiempos muy felices, llegó hasta los 98, muy conectada con todo. Yo tenía que ir a filmar a Italia y mi abuela estaba internada, me acerqué a su cama y le dije: “Descansá tranquila”. Y me contestó: “Te voy a esperar”.

Mis Muertos Tristes. Dolores Fonsi as Carolina in Mis Muertos Tristes. Cr. Courtesy of Netflix ©2026

Me fui a rodar el último tirón de la película y cuando estoy volviendo, ella muere estando yo en vuelo. Llegué para verla y tocarla, o sea, me esperó. Al final no sabés dónde está la línea entre la vida y la muerte, su cuerpo estaba ahí, le pude dar besos. ¡Y lo que fue el velorio!

–¿Cómo fue?

–El velorio fue increíble. Cantábamos y recitábamos todos los poemas que ella nos había enseñado. Era la primera vez que mis hijos estaban en contacto con una persona muerta, pero como yo le daba besos a mi abuela y la acariciaba, ellos se animaron a acercarse, a tocarla. Hubo algo medio mexicano en eso de la despedida, como una celebración, como el fin de un ciclo pero a la vez el inicio de algo que está más allá.

A Cocó la extraño cada día de mi vida. Siempre me pregunto qué pensaría de las cosas que pasan, los chistes que haría. Tengo tan internalizada su presencia que me sucede sin querer, es como esa puerta de escape donde fantaseo sus salidas ante distintas circunstancias.

–No está bueno confundir seriedad con solemnidad y vos como actriz y directora lo lográs. ¿Es algo que te sale sin pensarlo demasiado?

–Le escapo a la solemnidad, el humor también es una herramienta para poder profundizar, complejizar una mirada, charlar y argumentar en una discusión seria pero con un pie en la mirada del otro que no necesariamente es la tuya. Es interesante tener un debate interno, enfrentar la propia contradicción. Siento que todas las estructuras demasiado rígidas son peligrosas, entonces ¡antes muerta que fascista!

–Una remera que diga…

–Literal, vi la remera hoy en el Instagram de Soledad Deza, la abogada y activista en la que está basado mi personaje de Belén, es genial. ¡El embole que sería la vida sin humor! Mis muertos tristes tiene esa picardía, imaginate actuar solo el drama de una hija que siente que compite con los muertos por la atención de su madre. La vida tiene muchas capas, no es unidimensional y yo cuando actúo trato de ser humana, de revisar mis ideas, darme permiso para repensarlas y modificarme.

Hay gente que no es así y sostiene su mirada unívoca sobre el mundo a cualquier precio. Eso mete miedo porque pasa en todas partes y el verdadero terror anida en lo cotidiano, cuando sentís que puede acercarse a los que más querés. La violencia de la sociedad a nivel global aterroriza porque te preguntás cómo puede ser la vida en el futuro. No querés que el mundo sea tan choto y que tus hijos la pasen mal, pero yo soy muy optimista. Siento que el camino es darles una estructura a los que nos seguirán como lo hizo mi abuela conmigo. Confío en que dejaré preparados a mis hijos para lo peor y lo mejor. Para que puedan disfrutar de la vida, eso es lo único que importa.

FOTOS: LOLI LABOUREAU/ NETFLIX

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