Delfina Chaves, en la piel de Máxima Zorreguieta: "Solo ellos saben lo que significa la realeza"
A los 30 años, la actriz se pone en la piel de la reina de los Países Bajos para protagonizar Máxima. En su segunda temporada, la serie se mueve entre tres idiomas y recorre un arco que va de la intimidad a la vida pública, signado por la exposición, la tradición y la falta de elección. Recién llegada de Europa, vuelve a Buenos Aires con un proceso largo todavía encima y la dificultad de poner en palabras lo actuado.
Delfina Chaves vive un gran momento: mientras graba El futuro es nuestro junto a Enzo Vogrincic para Netflix, una serie distópica, estrena la nueva temporada de Máxima en HBO Max, biografía de Máxima Zorreguieta –o, simplemente, la reina Máxima–, en un rol desafiante que le exige hablar en español, inglés y neerlandés en cada uno de los episodios.
Con 30 años recién cumplidos, y en pareja con su compañero de serie, el neerlandés Martijn Lakemeier, a Chaves le cuesta hablar en público y contar detalles de su vida personal. A horas de haber viajado a los Países Bajos para presentar la nueva temporada, regresó al país para dar también el puntapié inicial de esta nueva entrega.
En diálogo con El Planeta Urbano, cuenta detalles de su presente y advierte: “Estoy contenta de presentarla acá. A mí siempre me cuesta hacer prensa, porque es difícil poner en palabras y explicar”.
–Segunda temporada de Máxima, ¿qué podés contar de este viaje?
–Bueno, fue un viaje largo. Esta segunda temporada cuenta diez años: los diez posteriores al final de la primera temporada. Empieza con la preparación del casamiento y termina en la coronación. Así que ha sido un viaje largo. Muy largo.
–¿Y qué cosas aprendiste de la realeza?
–Tuve un poco más de idea. Por ejemplo, del personaje que hace Martijn, Willem Alexander, eso de tomar dimensión de que el destino está marcado, de que no tienen mucha decisión. Podría irse y decir: “No, no quiero ser rey”. Pero están obligados. Nacés y, porque nacés ahí, estás condicionado a ser el próximo rey de los Países Bajos. Tomar dimensión de esas cosas. Después, por ejemplo, el hecho de que ellos dos no pueden votar porque deben mantenerse apolíticos. Esas cosas, la verdad, me sorprendieron.

–Hay algo que tu personaje empieza a notar –también en los primeros capítulos– que tiene que ver con esto: él pertenece a la realeza y hay muchas decisiones que se le escapan. Pero Máxima no lo entiende tanto: el vestido, las amistades, las costumbres. ¿Cómo fue encarnar a una mujer que, si bien es fuerte y empoderada, también tiene que ir cediendo?
–Sí, además no solamente tu boda ya no te pertenece. Es su noche y se va a casar con el amor de su vida y demás, pero en realidad ella viene a cumplir el rol de la mujer del próximo rey de los Países Bajos. Entender que viene a ocupar un puesto y que está obligada a tener hijos; porque no puede no tener hijos. Eso es lo que se espera de ella. Yo no sé si hoy en día debe ser muy distinto todo eso. No sé cuán relacionado está con los tiempos que corren.
–Algo que para nosotros es completamente lejano.
–Sí, muy. Por eso cuando me preguntan qué pienso sobre la realeza me cuesta explicarlo: no tengo conocimiento de causa, no tengo ni idea, no me crie ahí. Solo ellos saben lo que significa. Es una cuestión de tradición, de cultura. Es muy loco para nosotros, pero no por ser distinto sino porque solo ellos lo saben.
–Contame un poco cómo hacés para organizarte. Estás recién llegada y con jet lag.
–Bueno, estoy muy agradecida. Hoy estrenamos, vimos el primer capítulo; estaba mi papá en primera fila llorando cuando sonó “Adiós Nonino”. Entonces, todo es agradecimiento. Con jet lag y todo.

–Podés decirme: “Estoy cansada, quiero dormir”.
–Pero vi a mis sobrinos. Aunque me perdí el cumpleaños de mi papá, que cumplió 68 y yo estaba estrenando la serie allá. Estoy cansada, pero estoy bien y muy contenta de presentarla acá. También de sacármela. Siempre me cuesta hacer prensa porque es difícil para mí poner en palabras y explicar.
–Y además es algo que vos ya hiciste hace un tiempo. Tenés que volver atrás.
–Claro. Hice todo esto también hablando en inglés. No sé, veo actrices que son bárbaras a la hora de hablar y explicar sus proyectos; usan palabras que vos decís: “Qué difícil”. Y yo siento que no soy muy buena para hacer esto. Le pongo el cuerpo, pero siento que estoy enfrentando un desafío personal.
–Mencionabas el idioma, y en Máxima son tres los que hablás. ¿Fue complicado?
–Prepararlos sí. En la primera temporada realmente fue un desafío el inglés. Porque lo hablaba, pero no: no era tan natural para mí. Las palabras te las tenés que apropiar para no alargarlas, para no estar pensando antes de hablar. El otro día un actor me dijo algo muy interesante: es como si llegaras a destiempo de las palabras. Las decís y después llegás vos. Pasa algo con un idioma cuando no es el tuyo: decís las palabras, pero estás como desfasada del sonido.

–¿Y en la segunda fue más fácil?
–En la segunda, el inglés fue más fácil, debo confesarlo. Me sentí más cómoda. Después, cómo se escucha, no sé. Y el neerlandés… qué sé yo. Fue complicadísimo, porque es aprender un idioma por fonética. Es muy complejo y, además, tiene un orden de palabras distinto en la construcción de la oración. Ellos tienen el verbo al final en muchos casos. La construcción gramatical es distinta. Yo hasta estaba perdida en dónde poner el énfasis. Era más fácil cuando podía imitarla a ella, cuando podía escucharla y decir: tiene el cantito argentino, enfatiza las palabras de la misma forma que en español.
Pero después, cuando tenía que hacer escenas puertas adentro en neerlandés, era complicadísimo. Tuve una coach conmigo todo el tiempo. Después de filmar me juntaba con ella, que también es actriz. Era cuestión de práctica. Como cualquier actriz lo hubiese hecho.
–Y cuando terminaban esas jornadas tan intensas, ¿qué hacías para relajarte?
–Yo necesito silencio para relajar. Silencio y agua. Llego, me pego una ducha, me saco todo. Porque, aparte, tenía jornadas con lentes de contacto, y los lentes para trabajar son tremendos: te dan dolor de cabeza. Me quejo, pero es lo que me dio la oportunidad de interpretar a Máxima, porque sin lentes de contacto no hubiese podido. Pero amo llegar a mi casa, el silencio absoluto, el agua y pegarme una ducha. Y bajar.

Ya al final de la serie, cuando no podía más, hacía respiraciones, ejercicios para bajar. Porque, si no, es como que los días se te hacen iguales, la semana es un solo día. Se te escapan los momentos de dormir. Sentís que es medio Severance: abrís los ojos y estás en el set de nuevo. Te juro por mi vida que sentía que era eso. Igual, de verdad, estoy superagradecida del personaje. Es un sueño para cualquier actriz. Y que me hayan elegido para interpretar a Máxima en una serie que se llama Máxima… imaginate.
Fotos: Gentileza HBO MAX

