Valentina Ferrari D’Agostini: "Nunca dejé de ser la chica de Misiones, ni quiero dejar de serlo"

Oriunda de Oberá, empezó a modelar a los 14 y convirtió un juego adolescente en una carrera internacional construida con disciplina y carácter. Instalada en Milán, dio el salto decisivo cuando abrió el desfile de Giorgio Armani en la Semana de la Moda.

La modelo Valentina Ferrari D’Agostini comenzó a los 14 años a construir una carrera internacional paso a paso hasta convertirse en una de las argentinas con mayor proyección en Europa. Oriunda de Oberá, Misiones, empezó a modelar siendo adolescente y transformó aquel hobby casual en una profesión sostenida por disciplina, curiosidad y carácter.

Instalada en Milán desde hace varios años, mantiene un vínculo activo con sus raíces y asegura que nunca dejó de ser “la chica de Misiones”. El punto de inflexión llegó el año pasado, cuando abrió el desfile de Giorgio Armani durante la Semana de la Moda de Milán, uno de los momentos más codiciados para cualquier modelo. “Lloré de felicidad, pero no quise decir nada hasta el último momento porque en este trabajo todo puede cambiar”, recuerda.

En esta entrevista con El Planeta Urbano, Valentina repasa sus inicios en el interior del país, los desafíos de instalarse en Europa y cómo construye una carrera como actriz sin abandonar las pasarelas.

–El año pasado abriste el desfile de Giorgio Armani durante la Semana de la Moda en Milán, un hito histórico para cualquier modelo. ¿Cómo fue llegar a este momento?

–Fue un proceso muy intenso y emocionante. En el primer casting éramos muchísimas chicas, entre ochenta y cien. Después quedamos alrededor de veinte en una instancia más cerrada. Cuando empezaron a nombrar a las seleccionadas y dijeron “Valentina”, miré alrededor pensando que era otra chica, pero era yo (se ríe). Hicimos el fitting, las fotos, todo el proceso, y cuando salí mi booker me dijo: “Valen, te confirmaron”. El día del desfile, mientras me preparaban, me llamaron para otra prueba y ahí vi los looks enumerados: el mío era el número uno. No lo podía creer.

–Una vez que estuviste arriba de la pasarela, ¿qué sentiste? ¿Quién se ve allí, Valentina o un personaje?

–Abrir el desfile fue como estar en un sueño. Sentí que finalmente estaba cosechando los frutos de algo que vengo trabajando desde hace años. Cuando camino en la pasarela es una mezcla: siempre hay algo de personaje porque estás interpretando el universo de una marca, un concepto, una estética. Pero también soy yo: mi energía, mi forma de caminar y mi historia están ahí. No es una actuación completamente ajena; es una versión de mí adaptada al contexto.

–¿Cómo comenzó tu historia con el modelaje?

–Me descubrieron en la Fiesta del Inmigrante en Oberá cuando tenía 12 años. En ese momento las agencias iban a esos eventos porque no existía tanto scouting por redes sociales. Yo era muy chica y no entendía nada; incluso no quería saber nada. Siempre había jugado a desfilar en casa porque mi mamá me mostraba fotos de modelos y quedaba fascinada, pero cuando se volvió real me dio miedo. Al año siguiente volvieron agencias, incluso de Nueva York, y ahí decidí probar. Empecé a viajar y trabajar a los 14, pero siempre con mucha conciencia de que quería terminar el colegio y crecer de forma sana.

–¿En ese momento lo veías como una carrera o como algo pasajero?

Al principio lo veía como un hobby. Me hicieron entrevistas en medios locales y decía que lo tomaba con pinzas, que quería estudiar y que no sabía si esto iba a ser definitivo. Nunca fue algo que hiciera por necesidad económica. Trabajaba, ahorraba y pagaba mis viajes. Siempre lo hice con responsabilidad, pero sin perder de vista que era muy chica y que tenía que formarme.

–¿Cuándo decidiste apostar fuerte por el exterior?

–Después de terminar la secundaria empecé a viajar más. Hice temporadas en México, fui a Londres y después llegué a Italia. Iba a ser por tres meses y terminé quedándome. Hoy tengo 27 años y no volví a vivir en la Argentina. Fue una decisión progresiva. En un momento entendí que, si quería crecer profesionalmente, tenía que salir de mi zona de confort y enfrentar lo que viniera.

–¿Fue difícil instalarte en Europa?

–Muchísimo. No fue solo ir a trabajar de modelo. También trabajé en un restaurante argentino en Milán, que fue una forma de sentirme cerca de casa y conocer gente fuera del ambiente de la moda. Construir una red de contactos, entender la cultura, aprender el idioma: todo lleva tiempo.

–A nivel profesional, ¿qué te dio cada ciudad en la que trabajaste: París, Londres e Italia?

París me dio muchísimo en lo artístico. Aprendí mucho de arte, fui a museos, escuché y observé. Soy muy curiosa, quiero entender todo: lo que hablan, lo que comen, cómo funciona la cultura. Londres me dio elegancia. Me ayudó a entender mi estilo y pulí mi identidad, mi forma de vestirme. También me dio carácter. No fue fácil, pero gracias a eso crecí muchísimo. Italia, finalmente, me dio pasión, incluso por la cocina. Aprendí a cocinar muy bien (se ríe). Pero, más allá de eso, me dio pertenencia cultural y estabilidad.

–¿En qué momento sentiste que ya no eras solo “la chica de Misiones”, sino una modelo instalada?

–La verdad es que nunca dejé de ser la chica de Misiones, y tampoco quiero dejar de serlo. Es mi identidad. Pero sí hubo un momento en el que entendí que necesitaba una base, un hogar. No podía vivir eternamente con la valija como casa. Italia me dio esa sensación de pertenencia. Somos muy parecidos en costumbres, en la forma de ser. Aprendí italiano, francés, inglés. Integrarme fue una decisión consciente.

–Además de la moda, también estás desarrollando tu faceta como actriz. ¿Cómo dialogan ambos mundos en tu recorrido y qué te despierta hoy la actuación?

–La actuación apareció como una inquietud paralela. Siempre me gustó interpretar, contar historias. La moda tiene algo de eso, porque cada desfile es un personaje, pero sentía que quería ir más allá. En la pasarela, interpreto una estética; en la actuación, una historia completa. Tenés que entender el contexto, la psicología del personaje, su recorrido. Modelar me dio disciplina, presencia escénica y seguridad frente a cámara, que son herramientas fundamentales para actuar. Pero en un set todo es más introspectivo, más técnico, más colectivo.

En mayo del año pasado trabajé en la serie "The Gentlemen", dirigida por Guy Ritchie; no soy protagonista, pero formar parte del elenco fue una experiencia muy enriquecedora porque me permitió experimentar otro lenguaje. También soy parte del cast de "El diablo viste a la moda 2", que se estrena en abril. Creo que mezcla muy bien actuación y moda, y quizá sin saberlo me sembró la curiosidad por ambos universos. Hoy me interesa seguir explorando esa dimensión, crecer y no limitarme a una sola forma de expresión.

–Vivís en Milán desde hace años, pero seguís muy conectada con la Argentina. ¿Qué es lo que más extrañas y qué es lo que más disfrutás cuando volvés?

–Extraño la familia, los amigos, la espontaneidad. La Argentina tiene una energía muy particular, una intensidad emocional que no existe en todos lados. En Buenos Aires siempre hay algo para hacer. Esa calidez es algo que llevo conmigo, incluso viviendo en Milán. Cada vez que vuelvo siento que el tiempo se expande. Disfruto mucho eso, estar con los míos sin mirar el reloj, compartir una comida, reírnos fuerte. Son cosas simples, pero son las que más pesan cuando estás lejos.

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