Rocío Igarzábal: "El escenario es un amor que tengo desde muy chica y siempre me dan ganas de estar ahí"
Con una carrera atravesada por la actuación y la música, la ex Casi ángeles transita un momento de madurez creativa. Después de participar en el éxito de Yiya, la miniserie sobre la envenenadora de Monserrat, y de estrenar El divorcio del año en el Multiteatro de Buenos Aires, expresa su deseo de seguir transformándose y nunca quedarse quieta. “De eso se trata la vida”, asegura.
Por Alejandra Bertolami
Desde que Rocío Igarzábal empezó a actuar, el escenario se convirtió en su laboratorio creativo, un espacio de juego donde explorar sus propias vivencias. Hoy, con la experiencia que le dieron más de 20 años en la profesión y una mirada más tranquila, cuenta cómo sigue construyendo su mundo artístico y afirma: “Siento que estoy en permanente transformación. De eso se trata la vida”.
El 2025 la encontró abriendo nuevos caminos: interpretó a la hija del último novio de Yiya Murano en Yiya, su primera serie por Flow, y ahora disfruta del estreno teatral de El divorcio del año (en cartelera desde el 2 de enero) mientras trabaja en su próximo disco. Cada nuevo proyecto es un paso más en un camino que comenzó hace años, siguiendo su intuición y apostando por su vocación: “Siempre le hice caso a mi voz interna y hoy estoy muy agradecida y plena con la vida que llevo. Siento que todo valió la pena”, asegura.
–Acabás de estrenar "El divorcio del año", obra que aborda una separación pública. ¿Cómo fue transitar ese relato siendo una actriz, cuando las rupturas de la vida privada suelen exponerse?
–Lo que más me impactó del guion es que, aunque es una comedia, tiene mucha profundidad. No se queda en lo mediático, sino que va a las consecuencias humanas de todo eso, especialmente en relación con la salud mental, que es el corazón de la obra. Tiene ese humor muy a lo José María Muscari, frases que descolocan, te hacen reír y son absurdas pero reales. Y me atrapó mucho mi personaje, Sofía: es quien lleva el relato, atravesada por un contexto de superexposición desde muy chica, sin poder registrar lo que sentía ni quién era, y eso para mí es muy interesante.
–Recién lo decías: la obra aborda un tema sensible como la salud mental. ¿Pensás que el teatro puede visibilizarlo e incluso ayudar a sanar a través del humor?
–Por supuesto que tiene algo sanador. El escenario siempre fue una gran herramienta para transformar lo que pasa en la vida real a través de los personajes, las historias y la ficción. Aunque sea una comedia y trate un tema delicado, no le faltamos el respeto: mostramos situaciones cotidianas que generan risa, pero también conciencia. Lo interesante es que te hace reír, emocionar y te deja pensando en lo que viste. Ese es el cimbronazo que genera la obra.

–Estás trabajando con actores como Fabián Vena, Juan Palomino, Guillermina Valdés y Ernestina Pais. ¿Cómo fue el recibimiento por parte de ellos?
–Nunca había trabajado con el elenco, y la primera vez que nos encontramos fue en escena. Ahí se nota lo visionario que es Muscari: cada actor está muy pensado para su papel, y eso hace que todo encastre y se genere una confianza y una complicidad que no son fáciles de lograr. Estamos todos en el mismo barco, mirando el mismo horizonte, con un líder que tiene muy claro lo que quiere, y desde un lugar de registrar al otro y complementarnos, construimos algo en conjunto. Yo estoy fascinada con lo que estamos creando.
–Y venís de estrenar "Yiya", tu debut en una serie de Flow. ¿Cómo lo viviste?
–El proyecto llegó con la propuesta de un personaje específico. Yo estaba enfocada en la música, pero con ganas de volver a actuar, y siempre siento que ambas cosas se complementan. Mi personaje, la hija de uno de los últimos novios de Yiya, tiene la responsabilidad de ser “los ojos” del padre, y me divertía trabajar esa trama dentro de la compleja vida de Yiya. Además, trabajar con Juli Zylberberg y Boy Olmi fue un placer y aprendí muchísimo. Lo mejor es interpretar personajes que tienen algo de real: relatos que todos conocemos de la historia argentina. Es fascinante.

–Al tratarse de una historia tan conocida, ¿cómo manejaron los desafíos de respetarla y a la vez dramatizarla?
–Hay algo en el drama que permite ir más allá de lo literal. La serie no es documental, sino ficción basada en la vida de una persona, con ciertas licencias para jugar y construir. Con mi personaje investigué lo que se sabe de la hija, que habló poco con la prensa. Ella dice que su padre también fue víctima de Yiya, porque falleció un tiempo después de separarse de ella, y que lo fue envenenando de a poquito, porque era ciego. Esa desconfianza de la hija debía reflejarse constantemente. Partiendo de la realidad, luego construimos con los compañeros el drama y la ficción, haciendo que la historia sea intensa, divertida y conmovedora.
–A lo largo de tu carrera transitaste televisión, teatro y música. ¿En qué formato tenés mayor libertad creativa?
–Me pasa algo con el escenario, tanto en la música como en el teatro. Es un espacio muy vivo, que late y se modifica constantemente. Me parece un laboratorio único para habitar, construir y jugar. El escenario es un amor que tengo desde muy chica y siempre me dan ganas de estar ahí.
–¿Recordás ese momento en que la actuación dejó de ser un juego y se volvió un camino posible?
–Sí, yo empecé a actuar desde muy chiquita, a los cinco o seis años, y a los quince hice una obra de teatro en la que quedé en una audición bastante difícil; había muchas chicas y quedé para el protagónico. Hubo algo más ahí, en esa cuota de esfuerzo y de pasión que le metí, que me hizo pensar que era posible ir por acá. Me comprometí mucho y me di cuenta de que esa era mi vocación.

–¿Qué cosas aprendiste en esa época que te siguen acompañando hoy?
–Libertad, te diría. El escenario es un espacio donde soy muy compasiva conmigo misma. En la vida diaria, con la rutina, el sistema y las redes sociales, suelo exigirme mucho, pero en el escenario todo fluye y me siento realmente libre.
–¿Hay alguna faceta artística tuya o hobby que la gente quizás no conozca tanto?
–Sí, la fotografía y la jardinería. Soy fanática de mis plantas y estoy todo el tiempo cuidándolas y trabajando en mi pequeño jardín, tengo una huerta. Y la fotografía también me gusta mucho. Soy de estar con mi familia y me gusta sacar fotos de momentos especiales, para después imprimirlas y guardármelas, tenerlas en una cajita.

–En lo personal y lo profesional, ¿qué cosas hoy en día ya no estás dispuesta a negociar?
–En lo personal, el tiempo con mi familia ya no lo negocio. El tiempo con mi hija es sagrado: me voy a ensayar, desconecto el teléfono y luego vuelvo a la rutina. En lo profesional, lo que no negocio es el respeto y la empatía. Si alguien me falta el respeto o no tiene en cuenta cómo me siento, lo comunico o lo hago saber a la producción. Antes, siendo más chica en televisión, a veces lo toleraba, pero con la madurez aprendí a no dar lugar a eso.
–¿Te gustaría que tu hija siguiera tu camino artístico?
–Siento que ella es superartística, a su manera, desde chiquita. En casa escuchamos música todo el día y va a un colegio artístico. Le gusta la tela, la acrobacia y ahora quiere bailar, así que la acompañamos a su ritmo, sin forzar nada. Queremos que viva su infancia, no tiene teléfono, cuidamos eso. Y cuando llegue el momento y diga: “Quiero dedicarme a esto”, ahí le daremos todo el apoyo.
–¿Qué representa el éxito para vos?
–Para mí, el éxito son los momentos sagrados con mi familia, poder jugar y reír con mi hija un domingo a la mañana, vivir de lo que me gusta y estar alineada con lo que siento, pienso y hago.

–¿Te sentís una artista en permanente transformación o buscás cierto anclaje?
–Siento que estoy en permanente transformación, siempre dudando y explorando. Con la música me gustan muchos estilos; me anclé más en lo latino porque disfruto su lírica y ritmos, pero ahora, preparando canciones nuevas, me encuentro explorando otros sonidos y pensando en fusiones. Hay una transformación constante, y creo que de eso también se trata la vida: cambiamos y nos reconstruimos todo el tiempo.
–¿Qué nos podés adelantar de tu próximo álbum?
–Mi personaje en El divorcio del año está muy empapado de la exposición, las redes sociales y cómo se juega la identidad de uno en ese sentido. Y eso me está llevando a reflexionar un montón de cosas, y con ganas de hablar de eso en mis canciones.Tengo ganas de tocar ciertos temas que en algún momento de mi vida fueron muy frágiles o los viví tal vez en soledad, y hoy me dan ganas de abordarlos a través de la música. Creo que va a ser un disco muy profundo, que también llevará a un lugar de empatía, porque son temas que nos tocan a todos.
–Si pudieras soñar, ¿con qué artistas te gustaría colaborar?
–Tengo mis artistas preferidas: te diría que Julieta Venegas, Natalia Lafourcade, Silvana Estrada... Florence and the Machine es una musa inspiradora total. Y si tengo que pensar en artistas de acá, me gustan mucho Ainda Dúo, Rayos Láser, Conociendo Rusia… Hoy el indie se está codeando con lo latino, y eso me parece interesante.
Fotos: gentileza Soy Prensa

