Jennifer Lawrence: "Scorsese me regaló el libro y me dijo: 'Creo que es increíble'"
La actriz de Los juegos del hambre vuelve a asumir un personaje complejo y desafiante en Mátate, amor, la adaptación cinematográfica de la novela de Ariana Harwicz donde encarna a una mujer atravesada por la maternidad, el deseo y el desborde emocional, en una actuación física y sin concesiones. En exclusiva con El Planeta Urbano, destaca el trabajo de la escritora argentina, confiesa que se conectó emocionalmente con el proyecto y asegura: “Para esto está hecho el arte: para expresar cosas que son realmente imposibles de poner en palabras”.
Mátate, amor, dirigida por Lynne Ramsay, adapta la exitosa novela homónima de la escritora argentina Ariana Harwicz: un texto intenso que explora la experiencia de una madre reciente atravesada por la depresión posparto y que, poco a poco, se transforma y se mimetiza con el entorno natural que la rodea. Jennifer Lawrence es la protagonista y comparte con Robert Pattinson la compleja tarea de llevar a la pantalla un relato que ya tuvo una potente adaptación teatral –protagonizada por Érica Rivas y dirigida por Marilú Marini–, donde, por el propio dispositivo escénico, la opresión y la libertad narradas impactaban de manera directa en el espectador.
Aquí el lenguaje es otro. Para eso, Lawrence despliega todo su histrionismo y su costado animal, logrando una de las actuaciones más contundentes de su carrera, lo que le valió una nominación a los próximos Globos de Oro.
Su historia habla: con apenas 22 años, la intérprete nacida hace 35 en Kentucky ya había ensanchado sus espaldas con dos trabajos cinematográficos que definirían su futuro y también un carácter actoral cifrado en la capacidad –dada a unos pocos elegidos– de interpretar personajes que se hacen fuertes en la debilidad: Katniss Everdeen en Los juegos del hambre y Tiffany Maxwell en El lado luminoso de la vida. Entre la heroína de acción que, una vez dentro del sistema, se rebelaba ante la lógica de una dictadura asesina, y la paciente psiquiátrica que hallaba un escape a su cárcel mental en la relación con un hombre con problemas análogos, existía un hilo conductor en apariencia difuso que la joven Lawrence consolidaba con sutileza y puro talento.

Cuatro nominaciones al Oscar –lo ganó en 2013 por El lado luminoso…– y una serie de películas bien elegidas (Escándalo americano, Joy, la desafiante ¡Madre!, No miren arriba) bastaron para cimentar una carrera sólida que, al llegar a Mátate, amor, no solo la encuentra frente a cámara sino también como productora. Lo suyo es convicción y empuje. Además, desde hace tiempo sus elecciones actorales se destacan por el riesgo y, en los últimos años, ya con dos hijos, decidió trabajar con mayor selectividad, eligiendo solo proyectos que realmente la interpelaran. En 2023, por ejemplo, tras un paréntesis marcado por la maternidad, protagonizó la irreverente y corrosiva Hazme el favor, donde mantenía un vínculo con un adolescente y aparecía completamente desnuda en pantalla. Ese gesto de apropiarse de su cuerpo y de reírse del lugar que Hollywood le asignó forma parte de una estrategia consciente con la que supo correrse de moldes y conquistar nuevos territorios.
La búsqueda de ese espacio parece haber hecho cumbre en Mátate, amor, dejando boquiabiertos a especialistas como Stephanie Zacharek, la influyente crítica de Time, que sentenció en su reseña del film: “Lo que hace Lawrence tiene una textura tan delicada, incluso dentro de su expresividad audaz y su ira ardiente, que te deja buscando adjetivos. Es el tipo de actuación por la que uno va al cine, una que conecta con tanta empatía con la idea desnuda del sufrimiento humano que asusta un poco”.

Sobre su conexión con la novela de Harwicz, las decisiones de su carrera y el encuentro con Pattinson, hablamos con Lawrence, en exclusiva para la Argentina.
–La película es incómoda, poderosa, y tu actuación resulta impactante. ¿Cómo te sentiste después de rodar "Mátate, amor" y qué tipo de conexión estableciste con la historia desde tu propia experiencia como madre?
–Bueno, Martin Scorsese me regaló el libro y me dijo: “Creo que es increíble”. Así que, obviamente, fui a leerlo con muchas expectativas, y me pareció muy poderoso. Ariana, la escritora argentina, hace una exploración intensa de algo que no se entiende del todo. Incluso la depresión en sí misma es algo muy voluble, difícil de definir. Y la forma en que ella escribió esto y creó este mundo fue clave para mí: personalmente, cuando lo leí, me quedé con la sensación de que había algo mal en el mundo, no en Grace, la protagonista. Después de leer el libro, supe que la única persona que realmente podía darle vida era Lynne Ramsay. Pero Lynne no trabaja mucho, normalmente le gusta crear sus propias cosas. Así que era una apuesta arriesgada, pero finalmente dijo que sí.

–El rodaje tiene momentos muy físicos: hay escenas de baile memorables y otras en las que tu cuerpo parece transformarse casi en el de un animal. ¿Cómo fue transitar ese proceso y qué recordás del detrás de escena?
–Creo que lo animal realmente cobró vida en el set. El hecho de estar embarazada durante el rodaje y de encontrarme en una especie de estado mental “animal” encajaba mucho con los personajes, que acababan de mudarse al medio de la nada. Ella no tiene comunidad, no conoce a nadie, y se siente como un animal atrapado en una jaula, como un león dando vueltas una y otra vez. Creo que eso es algo así como esa quinta dimensión que Lynne ve cuando une mi energía con la situación del personaje. Ella lo lanzó simplemente como una indicación, y terminó convirtiéndose en una parte muy muy importante de la película.
–Tanto vos como Robert Pattinson comenzaron sus carreras en grandes sagas basadas en best sellers –Los juegos del hambre y Crepúsculo–. ¿Cómo fue reencontrarse en otra adaptación literaria, pero desde un lugar completamente distinto?
–Fue genial. Quiero decir, realmente no lo conocía. Nos habíamos visto un par de veces, pero me sentí muy aliviada. Siempre es estresante conocer a un coprotagonista con el que vas a trabajar durante meses, especialmente cuando estás lejos de casa. Pero él fue simplemente divino: muy amable, respetuoso, inteligente y generoso. Me encantó trabajar con él.

–Después de una carrera meteórica decidiste frenar, tomar distancia y volver siendo mucho más selectiva. Hoy, ¿qué tiene que tener un proyecto para que digas: “Sí, quiero hacer esta película”?
–No lo sé, porque realmente cambia. Siento que leo todo con total apertura. No tengo una fórmula. Así que, sinceramente, no lo sé. Lo que sí puedo decir es que me conecté emocionalmente con este proyecto. Sentí que para esto está hecho el arte: para expresar cosas que son realmente imposibles de articular, de poner en palabras. Por eso hacemos películas. Por eso yo hago películas.
Fotos: gentileza BF

