Valeria Lynch: "Pasan las modas y yo sigo de pie"

Su estrella brilla desde hace cuatro décadas sin perder intensidad. Con la capacidad de convertir cada canción en un relato único, sigue construyendo un legado que trasciende el tiempo.

Pocas artistas logran que su nombre se convierta en sinónimo de potencia y perdurabilidad. Uno de los talentos indiscutibles de Valeria Lynch es su capacidad para otorgar una profunda resonancia vocal y emocional a cada interpretación. La baladista, que posee la flexibilidad técnica de una cantante lírica, ha convertido el éxito en permanencia. Mientras se prepara para cerrar su aclamado ciclo de cinco recitales en el Gran Rex, el próximo 12 de diciembre, hace un balance. Su carrera la llevó a codearse con gigantes internacionales, como Ray Charles, Tina Turner y Tony Bennett, y a protagonizar momentos inolvidables, como su célebre relación con Diego Maradona, quien la catapultó a la fama en Europa.

En una era de triunfos efímeros, su trayectoria es un testimonio de vocación y estudio constante. “Ahora me mueve la experiencia de la vida, que me da la posibilidad de no ser solamente una cantante, sino una intérprete”, revela. Es la voz de una artista que ya no solo canta sus éxitos de hace 30 años, sino que los narra con el peso de lo vivido, logrando que el público, generación tras generación, la siga eligiendo.

¿Qué balance hacés de tu carrera?

–La realidad es que sigo proyectando porque tengo cuerda para rato, pero también estoy en condiciones de hacer un balance. Si me preguntás, siento que cumplí con la tarea. Quise ser una artista querida, popular y reconocida; puedo decir que lo logré con creces. Fijate que pasan los estilos, las modas, las generaciones, y yo sigo de pie.

¿Cómo lo conseguiste?

–Trabajando mucho para permanecer. Si el público me sigue eligiendo es porque reconoce mi actitud hacia la profesión, ya que no alcanza solo con tener buena voz. La realidad superó a la fantasía: nunca imaginé tener el éxito que coseché. No sabía que iba a tener esta popularidad tan grande, y lo celebro.

Tu público atraviesa generaciones.

–Sí. En todos los shows pregunto quién me viene a ver por primera vez. Me llevo grandes sorpresas, no solo por la cantidad, sino por sus reacciones al finalizar. Es gente que me eligió por herencia.

¿Tenías miedos o dudas cuando recién empezabas en el universo artístico?

–Dudas y miedos sigo teniendo, pero, más que nada, siento la misma ansiedad de siempre porque las cosas salgan bien.

Quizás diste tus primeros pasos en tiempos donde no había tanto apuro por triunfar.

–Seguramente. Si bien los jóvenes siempre quieren llevarse el mundo por delante, los que se inician ahora quieren convertirse en estrellas de un día para otro.

¿Qué opinás de las nuevas generaciones de cantantes?

–A algunos los conocí como alumnos de las escuelas que abrí hace 30 años. Veo que muchos chicos de ahora tienen la vocación de ser artistas; creo que eso es lo que vale. María Becerra fue alumna mía cuando era chiquita y tenía mucha energía; esas ganas son las que hacen la diferencia.

¿Y cómo ves la escena actual en general? ¿Quiénes se destacan?

–Me gusta esta camada de artistas. Quisiera ver qué pasa en diez años. El tiempo va a decantar quiénes quedan: seguramente serán los más talentosos y los que tengan una verdadera vocación en desarrollo. A lo mejor habría que escucharlos con más detenimiento. Milo J, por ejemplo, se emparenta con el folklore, pero recorre otros caminos. Se nutre de otros estilos y no se queda solo con el autotune ni con lo que está de moda. También me gusta mucho Catriel: es un músico que pisa fuerte.

En algunos casos, ser músico se convirtió en un aspiracional económico más que artístico.

–Es cierto, pero no se puede ser una estrella por haber estado en un programa de televisión que duró tres meses. No creo en eso. Un artista necesita toda la vida para formarse. Yo nunca dejé de estudiar.

¿Seguís estudiando? ¿Tenés un profesor?

–Sí. Hace muchos años que sigo aprendiendo con Nacho Mascardi. Él me ayuda a descubrir nuevos elementos desde el punto de vista técnico y emocional. He cambiado mucho mi forma de cantar; no es lo mismo interpretar “Mentira” ahora que cuando la grabé hace 30 años.

¿Qué diferencia hay?

–Ahora me mueve la experiencia. La vida me da la posibilidad de no ser solamente una cantante, sino una intérprete. Haber vivido me permite contar historias, y la gente se identifica con eso de otra manera.

El modelo de negocios tampoco es el mismo que el de tus comienzos.

–No. Cambió la industria del disco. Ahora cualquier persona puede grabar una canción y subirla a las plataformas sin necesitar de una multinacional. Mirá cómo serán las cosas que, cuando recibí el Grammy a la Excelencia Musical, mi grabadora, que en ese momento era Sony, no tenía ni idea de que me habían llamado para darme el premio. Para los artistas que ya somos populares quizás no hace falta un aparato empresarial tan grande. Pero también cambió la manera de “poner el cuerpo”: en la década del 80 tenía que viajar constantemente para apuntalar un disco o un espectáculo. Ahora eso no es necesario porque todo se difunde inmediatamente.

¿La idea de excelencia musical también cambió?

–Creo que no. De hecho, no se trata solamente de cantar bien. Hay artistas que quizás no son grandes cantantes, pero saben interpretar. Serrat, por ejemplo, es fenomenal, un tremendo compositor, pero no tiene “toda la técnica”. No se va a “matar” en cada canción. Sin embargo, su forma de transmitir y de escribir es insuperable. Por otro lado, hay gente que canta letras vacías. Por eso lo aplaudo a Milo J: tiene canciones con poemas y compromiso. Ese combo es el que hace la excelencia.

En un determinado momento te empezaste a codear con estrellas internacionales. ¿A quiénes recordás especialmente?

–Tuve un programa en Canal 13 que se llamaba Soñando con Valeria. Ahí recibí a muchos de los más grandes: desde Tony Bennett y Dionne Warwick hasta Manu Chao y Raphael. En el festival de San Remo coincidí con Ray Charles, Tina Turner y Rod Stewart.

También es conocida tu relación con Diego Maradona.

–Sí. Él se autoproclamó padrino de Santiago, mi hijo más chico. Después nunca apareció con ese rol, pero me ayudó muchísimo. Cuando pisé Italia por primera vez como cantante, fui a San Remo. En esa época él estaba jugando en el Napoli. Me acuerdo de que quise acercarme a Toquinho para expresarle mi admiración y no me dio bolilla. Bastó que llegara Diego a saludarme para que Toquinho se volviera loco por acercarse a él. Le conté el desaire a Diego, y decidió no ir a verlo. Ese era Diego: un tipo amigable y muy amoroso.

Habrá sido un antes y un después para vos.

–Absolutamente. Al día siguiente fui a comer con él, Claudia y sus hijas. Los paparazzi no dejaron de sacarnos fotos. En tiempo récord estaba en la tapa de todos los diarios de Europa.

¿La fama nunca se te subió a la cabeza?

–Nunca. La gente me dio el lugar que tengo, y el tiempo que les brindo lo considero una retribución. Tengo amigos que primero fueron fans.

¿Y a quién recurrís cuando tenés alguna duda personal o profesional?

–Primero a Mariano [Martínez, su pareja], sin duda. Con él charlo absolutamente todo. Pero además tengo un manager, Diego Sorondo, que realmente se preocupa por el artista.

–Tu relación con Mariano habrá sido objeto de comentarios, no solo por la diferencia de edad, sino porque vienen de géneros musicales que están en las antípodas.

–Pareciera que somos agua y aceite, pero la realidad es diferente. Arriba del escenario ni él es tan rockero ni yo tan baladista. No te olvides de que yo empecé haciendo rock, en una época en la que era un género marginal. Mariano, con sus arreglos, les dio un toque más actual a mis canciones. En la pandemia hicimos un show juntos; nos fuimos a Uruguay, donde no había cuarentena obligatoria, y trabajamos muchísimo recorriendo todo el país con un espectáculo hecho solo por nosotros dos.

¿Cuál es el motor de tu entusiasmo con la carrera y con la vida?

–Creo que soy como mi mamá. Ella siempre veía el vaso medio lleno. Ante la adversidad, en cualquier momento difícil, siempre remonto vuelo. No es que esté bien siempre, pero me gusta mostrar la perspectiva de que se puede salir adelante.

Créditos de producción

Make up: Gervasio Larrivey

Hair: Bruno Salas

Asistente: Juliana Hindenlang

Jefe de prensa: Pablo Cerrutti

Agradecimientos: Leo Noseda, Carmen Steffens

Fotos: Gabriel Machado

Artículos Relacionados>

Por Carolina Barbosa

Una de las figuras más singulares y talentosas de la escena nacional se entrega en su estado más puro con la obra Milagro, en el Teatro Santa María. Sin caretas sociales y acompañada por su sobrina, la actriz explora la sanación de los vínculos y el valor de autogestionar la propia voz.

Por Marcela Soberano

El artista –y comediante por vocación– atraviesa un presente de múltiples proyectos. Mientras protagoniza las obras Persona, héroe latino y Con la nuestra, explora otras facetas de su vida. En esta entrevista cuenta cómo fue crecer frente a las cámaras, los tropiezos que forman parte del oficio y esa certeza que lo acompaña desde chico: “Ser actor era inevitable”.

Por Noelia Tegli

Autogestiva, ecléctica y en constante reinvención, la referente del rock argentino presenta La impostora, un disco que abraza la madurez y la reconcilia con su trayectoria. Una charla a fondo sobre el arte como resistencia a las lógicas de la industria, la complicidad con su hija Mía y su próxima fecha en el Auditorio Belgrano.

Por El Planeta Urbano

Lo que empezó como una juntada entre amigos terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos más convocantes de la escena porteña. Estos artesanos del sonido reversionan canciones, cruzan géneros y convierten cada encuentro en una experiencia donde conviven la precisión y la improvisación.

Por David Lifschitz

Tras agotar funciones en el Teatro San Martín con Invasiones I: No bombardeen Buenos Aires, la reconocida artista repasa el impacto de la ópera rock basada en temas de Charly García, la responsabilidad del prestigio y su libertad para romper moldes: “Arriba del escenario jamás interpreto una melodía si no es desde el compromiso dramático”.

Por El Planeta Urbano

El artista atraviesa una etapa marcada por la nostalgia, la honestidad y la necesidad de tocar sin rodeos. Entre guitarras, la paternidad y una mirada cada vez más abierta hacia Latinoamérica, cuenta cómo encontró en su nuevo disco una forma de mirar al niño que fue y al músico que siempre quiso ser.

Por Ornella Sersale

La actriz más punk de su generación interpreta a su mamá en Moria, la serie de Netflix que celebra la vida de un ícono pero también narra su propia historia. Define la experiencia como una “mega constelación” y cuenta cuáles fueron sus dudas antes de aceptar el papel.

Por Rolando Gallego

Con una carrera que atraviesa televisión, cine y teatro, se vuelve a subir al escenario con una comedia que lo obliga a recuperar el ritmo de las viejas épocas. Mientras reparte su presente entre Berlín, Berlín, la serie Yiya y otros proyectos para plataformas, repasa una trayectoria que comenzó cuando era apenas un chico y ya lleva dos premios Oscar en su camino.