Mariano Martínez, muchacho punk: "Creo que cuando la gente se cierra y vos hacés ruido, vas por el buen camino"
Tras la separación de Attaque 77, salió de su zona de confort, se instaló en Uruguay y emprendió proyectos muy alejados de lo que siempre había hecho: formó un trío acústico y se convirtió en el director de la banda de su compañera, la gran Valeria Lynch. Ahora decidió darles un regalo a sus fans y tomarse un recreo de esta nueva vida para tocar entero El cielo puede esperar, el álbum que en los 90 lo puso en el mapa del rock nacional.
Mariano Martínez parece otra persona, pero en su interior sigue siendo el mismo chico punk que pateó el tablero en los 90 con Attaque 77. Tras haber estado más de tres décadas al mando del grupo que llevó a la masividad la versión local del género que inventaron los Ramones, en 2021 hizo una pausa y, como él dice, se puso “a trabajar de músico”. Se convirtió en “aprendiz” con la idea de volver a romper el molde, esta vez con una incipiente carrera solista, como director musical de Valeria Lynch –su actual pareja– y con Alquimia, un trío acústico junto a dos referentes del rock uruguayo, país en donde reside parte del año.
El próximo 29 de noviembre, en el teatro Vorterix, se dará el gusto de volver el tiempo atrás por un rato para celebrar los 35 años de El cielo puede esperar, el disco que le cambió la vida para siempre y lo convirtió en una estrella de rock. “Me parece que es un buen regalo para un montón de seguidores que acompañaron cada volantazo que dio la banda, que aceptaron el desafío y les gustó.”
–¿Sos consciente de la importancia que tiene el segundo disco de Attaque en la historia del rock argentino?
–Es impresionante que ese álbum haya llegado a un público masivo por fuera del rock. Hasta ese entonces, el punk no había tenido éxito comercial. Los Violadores fueron muy importantes, pero habían sido un fenómeno más aislado un tiempo antes. En los 90 explotaron los Ramones, el rock se volvió más grande y empezó a llenar estadios. A partir de ahí, los chicos empezaron a ser rockeros y todos querían tener una banda. Nosotros estuvimos en el momento justo, porque el hecho de que un grupo con esa facha haciendo esa música apareciera en programas de televisión que veía la familia fue rupturista. Ya que hubieran decidido ponerle Hacelo por mí a un show que iba a competir contra Marcelo Tinelli, que era el número uno, muestra que esa era la canción del momento, y la había hecho una banda punk.

– "El cielo puede esperar" es un título que parece ir en contra de la clásica consigna punk que afirma que no hay futuro. ¿Qué pensaban ustedes cuando lo hicieron?
–Al contrario, nosotros teníamos una actitud de construir más que de destruir. Queríamos generar un sonido nuevo y soñábamos con aportar a un cambio. La rebeldía pasaba por transformar las cosas. Supongo que es lo que le pasa a cualquier adolescente. La canción “El cielo puede esperar” habla de un chico que se siente perseguido, desplazado y discriminado. Nuestra imagen en esa época era extraña. Si tenías una remera o un pantalón roto y pintado con aerosol, la gente te veía y cruzaba de vereda. Hoy cambió mucho todo eso.
–¿Cómo evolucionó esa rebeldía punk a lo largo del tiempo?
–La banda tenía dos caminos: o empezaba a repetirse y a ser una caricatura de sí misma, o mantenía su rebeldía intentando romper los límites. Si es por actitud, el show acústico de Attaque 77 es probablemente lo más punk que hicimos en toda nuestra carrera. Tuve que convencer a todo el mundo porque nadie lo quería hacer. Muchos tenían el prejuicio de que era muy blando para nosotros, y yo, justamente, quería romper con eso. Al final, la mitad de nuestros seguidores se ofendieron y no vinieron. Creo que cuando la gente se cierra y vos hacés ruido, vas por el buen camino. A la distancia, es de las mejores cosas que grabamos. Para mí es hermoso, porque marcó un quiebre en mi cabeza y en mi evolución como músico. Lo que estoy haciendo con Alquimia no habría pasado sin ese recital.

–¿Por qué te parece importante volver a tocar ese álbum en vivo, en su totalidad, 35 años después?
–Tengo proyectado grabar varias canciones de Attaque de nuevo. Me gusta la idea de traerlas al presente en versiones nuevas. Cuando alguien me señaló el aniversario de este disco, primero pensé que había que remezclarlo. En mi casa tengo las cintas originales. Después evalué grabarlo otra vez con mi banda actual y me di cuenta de que lo mejor era tocarlo en vivo y dejar un registro. Hay chicos que, por una cuestión generacional, no estuvieron en esa época, y si bien a mí no me gusta mucho mirar para atrás, me pareció interesante que pudieran escuchar esas canciones en directo. Después de esto le voy a dar paso a mi nuevo disco.
–La pregunta obvia es: ¿no se podría repasar este disco con Attaque 77?
–Mucha gente, hasta Valeria, me pregunta cuándo vamos a volver. Yo no lo descarto, se puede dar, pero hay que dejar que las cosas ocurran. Hemos estado tanto tiempo juntos que es lógico que haya habido un parate y que pasemos tiempo sin hablar, porque nos vimos las caras todos los días durante muchos años. Hace un tiempo intercambié algunos mensajes con Luciano Scaglione y hablé con Leo De Cecco. No sé qué puede pasar y no quiero generar una falsa expectativa. Lo que sí puedo decir es que el Chino Vera, que fue el bajista de Attaque en El cielo puede esperar, va a venir al Vorterix a tocar un par de temas.

–¿Cómo cambió tu vida después de poner en pausa al grupo?
–Entre 2022 y 2023 empecé a estudiar canto y piano, cosas que en la vorágine de una banda de rock habían quedado pendientes. Me puse en situación de aprendiz y me fui cruzando con maestros. Me gustó la idea de trabajar de músico, porque estar al frente de un proyecto ya consagrado y que funciona es un lugar cómodo. Ahora me corrí del centro de esa situación y me puse en función de Valeria y sus músicos. Me da pudor decir que dirijo su banda, porque todos los que la acompañan son excelentes y me ponen la vara altísima. Yo vengo del punk: mi aporte va por otro lado, porque soy un músico intuitivo que aprendió a tocar de oído.
–Además de dirigir a los músicos de Valeria, también sos parte de Alquimia, un trío acústico. ¿Cómo te sentís haciendo una música tan diferente a la que hiciste siempre?
–Alejandro Spuntone, de La Trampa, y Guzmán Mendaro, de Hereford, formaron el dúo hace 15 años, y yo me sumé en el último año y medio. Ellos son dos instituciones del rock uruguayo, con mucha trayectoria, y estamos los tres en un momento muy parecido de nuestras carreras, con un público que a los 20 años hacía pogo, pero que ahora prefiere tomarse una cerveza y escuchar música. Hacemos un show a tres voces con guitarra, mandolina y percusión. Giramos mucho por teatros de Uruguay y estamos proyectando grabar y tocar en la Argentina.
–¿Cómo es tu vida del otro lado del charco?
–Estoy muy instalado en Piriápolis, donde armé un estudio chiquito con mis instrumentos. Estoy en una etapa en la que tengo tiempo para dedicarme de lleno a componer y grabar. Me estoy acostumbrando a ese ritmo. El otro día agarré el ukelele, una manzana y una banana y me fui a la playa. Tocando me salió una melodía que, cuando la grabé, sonaba a una canción de los Sex Pistols. Logré sacarme el complejo de que las canciones nuevas no se parezcan a las de Attaque 77, porque para eso habría seguido en la banda. Entendí que vengo del punk y que hago rock.

Acabo de cumplir 55 años, mi realidad no es la misma que cuando era adolescente, y las cosas que necesito transmitir no se parecen en nada a las de los 16. Hay que ser honesto con uno mismo cuando hacés música. Me lleno de preguntas: ¿qué tengo para decir ahora?, ¿a quién le tengo que hablar? Me parece sano, porque al final todo tiene sus frutos. Por lo menos soy honesto conmigo y espero no defraudar a nadie.
–Con Valeria Lynch ya llevan varios años juntos. ¿Qué recordás de cuando se conocieron?
–Me convocaron para ser el productor del disco de rock de Valeria, Extraña dama del rock, que para mí fue un desafío, porque ella es una artista muy grande. Ahí entendí que desde lo musical y lo artístico estábamos bastante cerca, porque ella es una persona a la que tampoco le gusta la comodidad. Por eso grabó un disco de rock o, en los 80, uno de tango, que es de altísimo nivel. Después empezamos a componer canciones juntos y nos fuimos conectando. Nos hemos encontrado en un momento en el que nos permitimos que las cosas buenas sucedan, sin prejuicios, con libertad y alegría, que es algo que se aprende con el tiempo. Somos muy unidos y me siento bien estando junto a ella, acompañándonos. Tenemos momentos más difíciles y otros más felices, pero así es el camino de la vida.

