María y Paula Marull: "Para nosotras, la emoción del público sigue siendo un premio"
Cuatro temporadas después de su estreno, Lo que el río hace sigue a sala llena. En esta entrevista, sus creadoras reflexionan sobre la universalidad de lo personal, el parecido físico como recurso poético, el teatro y el encuentro con el otro.
Hay algo hipnótico en ver a las gemelas María y Paula Marull en escena. No es solo su parecido físico, ese efecto espejo que desafía la lógica del tiempo y el espacio, sino algo más profundo: la capacidad de hacer de lo íntimo una historia popular compartida. "Lo que el río hace" arrancó como una obra chiquita, honesta, casi susurrada entre hermanas, y terminó convirtiéndose en un fenómeno a sala llena.
Cuatro temporadas después de su estreno en el San Martín, la pieza –que hoy es furor en el teatro Astros– sigue interpelando a un público que vuelve a verla una y otra vez, en busca de ese viaje hacia adentro. La magia no tiene receta, dicen ellas, pero hay algo en esa mezcla artesanal de chamamé, pueblo correntino, humor, río, preguntas existenciales que conecta con un eco universal: la vorágine cotidiana atenta contra nuestros sueños hasta que dejamos de reconocernos.
Y es que las Marull no solo actúan: escriben, dirigen, dudan, ríen, corrigen y abrazan el teatro como una dimensión del tiempo donde todo puede volver a latir. Porque si hay algo que María y Paula saben hacer es invitar al público a detenerse, mirar y sentir. Y en tiempos de scroll infinito, eso es casi un acto revolucionario.

–"Lo que el río" hace la viene rompiendo desde su estreno hasta hoy. Siendo una obra artesanal y con una historia tan de ustedes, ¿dónde sienten que reside la magia para que se haya vuelto universal y la gente se identifique tanto?
Paula Marull: –No estoy segura, porque si tuviéramos la receta, haríamos solo obras así (se ríe). Pero creo que la gente tiene ganas de sentir cosas. En el teatro viven un viaje donde se conectan con sentimientos simples pero profundos, y donde también se ríen. Siento que el público hace el viaje con Amelia (N. de la R.: el personaje protagonista), se va a Esquina, Corrientes, y se conecta con algo propio. Sin proponérnoslo, abordamos temas universales como el tiempo, la figura del padre y el hecho de que la vida se nos pasa. Surgió de un lugar muy genuino de contar algo pequeño y muy nuestro.
–María, dijiste en una entrevista que para vos el éxito es poder invitar a otro a que ingrese en tu universo.
María Marull: –Sí, realmente creo que es así. Cuando uno escribe se pregunta si a la gente le va a interesar una historia tan personal, de un pueblo, con chamamé, la fiesta del pacú y cosas de nuestro padre. Pero creo que hay algo con lo honesto que trasciende el tema. ¿Qué es el éxito si no sentir que alguien se puede conmover hasta las lágrimas o reírse a todo volumen con algo tan propio que logra hacerse universal?
Para nosotras, la emoción del público sigue siendo un premio, un regalo. Después de cada función, la gente se acerca a contarnos su historia, y ese encuentro de universos es mágico, como un abrazo interior. A veces nos quedamos charlando hasta media hora con cada uno, nos pasamos los teléfonos… Los actores de la obra nos cargan (se ríe).

–El tiempo es uno de los aspectos clave de la obra. En un momento, el personaje de Amelia le dice a otro: “Quedate donde el tiempo te dure más”. ¿Dónde les dura más a ustedes?
P. M.: –El teatro es uno de esos lugares donde pasás dos horas –que en tu casa gastarías mirando Instagram– y le agregás al día otra dimensión. Es como cuando leés un libro o escuchás música. También me dura más en la naturaleza, viajando, con el arte en general e incluso aburriéndome. El aburrimiento tiene mala prensa, pero al fin y al cabo sería lo mejor que nos podría pasar: que todo dure más.
Siento que estamos haciendo lo opuesto, viviendo con mil cosas a la vez. Ahora un video para redes tiene que durar un minuto, porque si se extiende diez segundos más, ya nadie lo ve. Creo que hay que frenar un poco y preguntarnos hacia dónde vamos.
M. M.: –Fontanarrosa decía que la única manera que conocía de detener el tiempo era aburriéndose. A mí también me parece que el tiempo dura más en los encuentros, en el otro. A veces te juntás a charlar con una amiga, te cuenta una anécdota o te devuelve algo tuyo que ni te acordabas, y se te abre el mundo. El tiempo dura más cuando uno verdaderamente está en uno mismo, ya sea meditando o saliendo a caminar con una mirada real de conexión.
Pero hay veces que estamos apagando incendios menores cotidianos, y ahí el tiempo se te liquida, como en el casino, con esas maquinitas que jugás y jugás y no ganás nunca. Pienso que estamos en la trampa de los celulares y la tecnología. Mauricio Kartun dice que para escribir no hace falta irse de viaje, que es suficiente con tomarse un colectivo a un barrio que nunca fuiste y observar. En esas pequeñas cosas, el tiempo está gustoso esperándonos.
–La duplicidad es otro de los elementos fascinantes de "Lo que el río hace", donde juegan con su condición de gemelas. Eso de estar en un lugar y al instante siguiente en otro parece un truco de magia. ¿Cómo abordaron este recurso?
P. M.: –Teníamos el deseo concreto de explorar, y de explotar, en el buen sentido, con un fin poético teatral, nuestro parecido físico. Empezamos a pensar hipótesis donde desplegar esto, y surgieron varias líneas que probamos mucho en los ensayos, con los cuerpos, no tanto en el texto. No queríamos que fuera solo un capricho. La primera que aparece es la del recurso de edición: una sale del escenario y enseguida el personaje aparece en otra parte.
Después está la capa de la duplicidad en el tiempo: lo que pienso y no digo, y la otra es una versión mía diciendo lo que no digo pero pienso, como el desdoblamiento del personaje. Está también el reencuentro con ella misma y la línea de “lo que hubiera sido si…”, que es el momento del beso de Amelia con su antiguo amor del pueblo.

–En esa historia de amor hay algo hermoso: los personajes están por besarse y no lo hacen, pero se desdobla la escena y, ¡por suerte!, se besan. Creo que es una manera de abrir todas las líneas temporales para abarcar todo el tiempo.
M. M.: –Sí, totalmente. No lo habíamos pensado así, pero es cierto porque lo que no fue en alguna parte es. Lo que uno hubiera hecho también forma parte de lo que uno es. De hecho, en Barcelona hicieron una versión leída de la obra, con una sola actriz, porque no había presupuesto (se ríe). No, mentira, fue una elección que hicieron allá, y no estuvo el beso, y te juro que para nosotras le faltaba eso.
La obra tiene una línea de historia de amor como de novela que nos interesa explorar, nosotros le llamamos el momento "La La Land". Y ese amor tiene diferentes formas. Hay partes del pasado de uno que si volvieran hoy, me pregunto: ¿quién las iría a recibir? ¿Qué hacemos con eso? No vivimos solo en la dimensión de lo que hacemos; estamos atravesados por todas esas otras capas de lo que no hicimos pero que, de algún modo, también existen. A Amelia ese encuentro quizás le sirvió para encender un fuego en relación con su pasión, que a lo mejor no tenía que ver con él.
–Cuando recibieron el Diploma de Honor del Senado por su aporte a la cultura, Javier Daulte las elogió y destacó: “Nunca conocí gente con tanta capacidad de dudar como ellas”. ¿Creen que esta cualidad, paradójicamente, es lo que hace que el material sea tan sólido?
P. M.: –Y puede ser. Tanto dudamos, tanto consultamos con nuestros maestros, amigos, familia y colegas que al final no quedó otra que que saliera bien, “Duda, duda que algo quedará” (se ríe). Creo que la duda es una forma de la inseguridad, de ser conscientes de que no tenemos todas las certezas.
Y cuando sentís inseguridad, también trabajás mucho, porque decís “no sé”. Por supuesto que hay una parte medio neurótica que no disfrutamos, pero hay algo de la duda que es bueno: te lleva a hacer mucho, a investigar, a preguntar, a probar, a pedir ayuda. Y cuando uno se abre e intercambia, todo es más fácil. El teatro es en red; tuvimos muchísima gente que nos ayudó. Los actores de este elenco han sido fundamentales, porque nos apoyamos mucho entre todos.

–También siguen con "Yo no duermo la siesta" y La "Pilarcita", obras que llevan muchos años en cartel.
M. M.: –Sí, todas en el Astros: "Lo que el río hace" está hasta fin de noviembre; "Yo no duermo la siesta" y "La Pilarcita", hasta los primeros días de diciembre. Y retomamos el año que viene con las tres obras.
Fotos: Carlos Furman

