Albi Fuentes: “'La Sirenita' fue un compromiso, pero también el sueño más grande de mi vida”.
Luego de protagonizar el musical de Disney en el Gran Rex y convertirse en un fenómeno, la joven actriz y cantante cuenta cómo transitó el mayor desafío de su carrera y asegura que esta experiencia la impulsó a ir por más.
Texto: Alejandra Bertolami
Albana Fuentes –o “Albi”, como la conocen en el medio– se puso en la piel de Ariel, la protagonista de La sirenita, y cumplió muchos de sus sueños. No solo le dio vida a su princesa favorita y a la que más la representa, sino que también experimentó su primera gran oportunidad actoral. “Fue una gran apuesta por parte de la producción, y el hecho de que hayan confiado en mí sin haberme visto trabajar previamente me emociona profundamente”, comenta luego del éxito de la obra que se presentó en el Gran Rex y batió récords: en solo ocho semanas vendió casi 200.000 entradas.
En esta charla con EPU, la joven actriz y cantante cuenta cómo vivió el desafío más grande de su carrera y se ilusiona con dar sus próximos pasos en el teatro musical. “Quiero seguir golpeando puertas”, asegura.

–Lo hiciste muy bien y las repercusiones fueron muy buenas.
–Por suerte, sí. Estamos todos muy contentos con la repercusión que tuvo la obra. Yo, en lo personal, estoy muy agradecida por cómo la gente recibió la noticia de que Ariel iba a ser interpretada por alguien que no era conocida. Hasta ahora no había hecho nada grande, y sinceramente tenía miedo de cómo eso podía ser recibido por el público. Pero la verdad es que me recibieron con muchísimo cariño, tanto a mí como a la obra. Me dio la valentía y la fuerza para seguir adelante con todo lo que hicimos, que fue gigante, casi monstruoso.
–¿Qué sentiste cuando te avisaron que habías quedado después de semejante casting?
–Todo lo que te puedas imaginar. Cuando me lo dijeron, en realidad, me llevaron engañada. Yo pensé que seguía audicionando. En medio de esa supuesta audición me pidieron que hiciera un monólogo, algo actoral, y me dieron un libro como utilería para que contara una historia. Al abrirlo, decía: “Bienvenida, Albana. Sos Ariel”. Fue una forma muy mágica de enterarme. Buscaron una manera especial de darme la noticia, y eso hizo que ese momento fuera el más extraño y mágico de mi vida. No solo porque toda mi vida soñé con trabajar de esto, sino porque además soy muy fanática de Disney, y Ariel siempre fue mi princesa favorita. Fue una mezcla de sensaciones muy fuerte: emoción, felicidad, pero también miedo. Porque después del shock inicial vino la pregunta inevitable: “¿Y ahora? Hay que subirse al escenario del Gran Rex”. Fue un compromiso muy grande, pero también el sueño más grande de mi vida.

–Estuviste en rubros superdistintos, desde la programación hasta el marketing digital. ¿Qué hizo que en un momento dijeras: “Voy por mi verdadero sueño”?
–Siento que fue mi mamá quien me llevó a animarme. Yo tenía mi propio local, una librería, pero por problemas familiares tuvimos que cerrarla. Me encontré, otra vez, sin trabajo y bastante desorientada. Fue un verano en el que tuve que pensar mucho qué quería hacer. En ese momento ya estaba estudiando Fonoaudiología, y más o menos en marzo me llamó una chica que conocía, que trabajaba en la agencia Multitalent. Me contó que había un casting muy grande para una ficción juvenil y que no tenían muchas actrices para presentar. Me preguntó si me interesaba, y obviamente le dije que sí.
Ahí fue cuando mi mamá me dijo: “Si se te están presentando estas oportunidades, tenés que estar lista. Anotate a estudiar la carrera”. Y así fue como me anoté en el IAM (Instituto Argentino de Musicales). Ese fue el verdadero impulso. Hasta ese momento, si bien soñaba con trabajar como actriz, lo daba un poco por perdido.
–A los 15 comenzaste a estudiar actuación, ¿ya en ese momento sentías que era lo que querías hacer toda tu vida?
–No sé si lo tenía tan claro desde el principio, pero sí sabía que había algo que me despertaba ganas y sentía que era mi lugar. Al comienzo, lo vivía con mucha vergüenza, y después apareció una inseguridad muy puntual: pensaba que había empezado tarde. Me decía a mí misma: “Tendría que haber empezado a estudiar mucho antes”. Veía que mucha gente se formaba desde muy chiquita y yo había arrancado a los 14 o 15 años.
Hoy me doy cuenta de que era una pavada pensar eso. Siempre iba al teatro con mi mamá, y al salir le decía: “¿Cuándo me va a tocar a mí?”. Con el tiempo, fue ella la que empezó a decirme a mí: “Mirá cuando te venga a buscar todos los días” o “Mirá cuando te busque en calle Corrientes”. Y hoy, esa es nuestra realidad.

–¿Qué significó para vos tener a tu mamá en el público, después de haber ido con ella a ver tantas obras?
–En la primera función estaba totalmente shockeada; estaba ida, como si no pudiera procesarlo. Recién lloró la tercera vez que vio la obra, porque ahí recién pudo conectarse con lo que estaba pasando. Tenerla en primera fila fue muy emocionante, al igual que tener a mi hermano. Después de tantos años de acompañarme a castings, de bancarse audiciones eternas o que ensaye y cante a cualquier hora en casa, fue como una devolución.
–Hablando de audiciones, esta vez tuviste que enviar un video interpretando una canción. ¿Cuánto tiempo le dedicaste a ensayar antes de mandarlo? Imagino que fueron varios intentos.
–¡Cien por ciento! No sé si la producción lo sabe, pero grabé ese video a las cuatro de la mañana, un día de semana. No tenía tiempo, estaba con mucho trabajo y terminando la carrera, así que pasaba muchas horas fuera de casa. Me estudié la letra, y ese jueves llegué a casa cansada, pero a la madrugada puse play a la canción y empecé a grabar. Mis vecinos, chochos, seguro me escucharon cantando "La sirenita" a esa hora (se ríe). Lo grabé unas 40 veces, porque tengo ese TOC: cada vez que tengo que mandar una audición, grabo miles de veces, las veo todas, las evalúo, y termino eligiendo “la menos terrible”. Fue muy loco, no pensé que fuera a quedar, pero mandé el video con toda la ilusión del mundo.
–Con esta experiencia llegó también una gran exposición pública. ¿Cómo impactó eso en vos, siendo una persona tímida?
–Al principio fue bastante abrumador. Todo pasó muy de repente y, sinceramente, no entendía nada. Cuando salió la noticia en diciembre de que yo iba a ser Ariel, empecé a ganar cierta exposición dentro del ambiente musical y fue un proceso de aprender a vivir eso. Uno de los momentos que marcó un antes y un después fue cuando fui a Urbana Play y canté uno de los temas en el programa de Andy Kusnetzoff. Ese video se hizo viral, y ahí mis redes explotaron. Ahora lo estoy viviendo de otra manera, con más calma. Bajó un poco la espuma y yo también estoy más asentada. Fue muy hermoso lo que pasó: salir a la puerta del teatro y ver a las madres con sus hijas esperándome para sacarse una foto.
–¿Sentís que la música podría ser un camino para seguir más adelante en tu carrera?
–Me encantaría sacar música algún día, porque cantar es lo que más disfruto, pero hoy no está entre mis proyectos más inmediatos. En este momento estoy muy enfocada en el teatro musical, que es lo que más me atraviesa y donde siento que más estoy creciendo. Quiero seguir trabajando de esto, seguir audicionando, golpeando puertas. No compongo música, al menos no por ahora, principalmente porque todavía no me animo. Sí he escrito algunas canciones, pero no las mostraría jamás (se ríe).

–La última: ¿qué aspectos de Ariel sentís que también te representan a vos?
–Ariel y yo empatamos mucho en la curiosidad y en la valentía. A ella todo le da miedo, pero aun así avanza, y creo que ahí está nuestro punto de encuentro. También compartimos esa necesidad de explorar. Yo soy muy curiosa: estudié mil cosas. Programación, fonoaudiología, teatro musical, canto, incluso me formé para dar clases. Hasta tuve una librería. Me gusta saber de todo. Y de chica era igual: hice patín, violín, piano, taekwondo, natación, ajedrez… todos los talleres que había, yo los hacía.
Lo que más me gusta de Ariel es su cuestionamiento constante. Ella nació sirena, pero quiere probar otra cosa: salir al mundo exterior, caminar por la tierra, explorar lo desconocido. Tiene un mandato muy fuerte de su padre que le dice que no puede hacerlo, y ella se atreve a cuestionar ese porqué. Creo que Ariel instaló una pregunta fundamental, que marcó un antes y un después en las princesas de Disney. Gracias a ella, cada una comenzó a expresar su propio deseo, ese fuego interno que las impulsa: Ariel quería explorar el mundo humano; Bella, leer y aprender; Jazmín, ser la sultana; Rapunzel, salir de la torre… Se instaló una fuerza muy clara en las princesas, y Ariel fue la primera en representar esa lucha. Esa misma lucha que sigue vigente hoy en la sociedad; ese: “Yo quiero ser esto, ¿por qué no me dejás?”.

