Benjamín Vicuña: "Contar historias que tengan impacto es mi pasión"

Después de caminar la alfombra roja del Festival de Cannes y estrenar dos películas, el actor chileno se toma una pausa para reflexionar sobre el oficio, la experiencia de escribir desde el dolor y el poder de las historias que lo conmueven.

Hay quienes no buscan el centro de la escena, pero inevitablemente siempre lo encuentran. En Benjamín Vicuña hay algo que resuena: una presencia serena, una sensibilidad que se cuela incluso en el silencio. Camina con la pausa justa de quien elige mirar antes de actuar y escuchar antes de hablar. Lleva años construyendo un lenguaje propio –sensible, introspectivo, comprometido– que se reconoce en la pantalla, pero también en los márgenes, donde se gestan las historias que importan.

Su paso por el Festival de Cannes fue una reafirmación de esa forma suya de vivir. En el marco de la campaña global "Historias por contar" de Campari –que celebra el arte y la cultura del cóctel–, el actor chileno, vestido por Rochas, volvió a conectarse con una de sus grandes pasiones. “Me entusiasma estar en la meca del cine, compartir con amigos, con todo el equipo y con grandes directores, como Sebastián Lelio, a quien admiro profundamente”, dijo. Y agregó: “Contar historias que tengan un impacto es mi pasión, y cada nueva experiencia lo reafirma. Mi rol soñado siempre es el que está por venir”.

Ya de regreso, celebró el estreno de sus dos últimas películas: "Mensaje en una botella", una fábula contemporánea sobre los vínculos, el destino y las decisiones que nos definen, protagonizada junto a Luisana Lopilato y Benjamín Amadeo, y "Corazón delator", que explora el amor más allá de la muerte, y lo reúne en pantalla con Julieta Díaz. “Es una historia romántica que habla sobre el amor que trasciende a la muerte”, cuenta Vicuña. “Una excelente película, dirigida por Marcos Carnevale que, de por sí, es un director que sabe encontrarles esa fibra, la emoción y la empatía a sus historias.”

–En "Mensaje en una botella" se abordan temas como el destino, la conexión y las decisiones que marcan nuestras vidas. ¿Cómo resuenan esas ideas en tu propia experiencia?

–Todos nos planteamos las diversas posibilidades del destino, la fantasía de poder volver el tiempo atrás y quizás el haber tomado otro tipo de decisiones. La película lo plantea de forma lúdica, pero nos deja una reflexión sobre las determinaciones que tomamos y el camino que construimos, sobre todo en nuestros vínculos y relaciones.

–Como actor, te pusiste en la piel de innumerables personajes. ¿Hay alguno que te haya marcado de una manera profunda, transformando tu perspectiva sobre la vida o sobre vos mismo?

–Me cuesta tanto diferenciar y opinar sobre mis personajes, porque los quiero a todos. Cada uno representa un momento de mi vida, un compromiso con una historia que sentí la necesidad de contar. Creo que Pedro Beggio, de "Farsantes", por lo que generó en el público, y por el hecho de poder hablar del amor, me pareció un personaje bisagra. También lo que pasó en el Cervantes con "Eva Perón", y una gira que nos llevó por Europa, haciendo teatro, que me encanta, fue muy lindo. Y Santiago, de "El primero de nosotros", por poder hablar de la enfermedad del cáncer en televisión, de la muerte, me pareció también muy necesario e importante.

–¿Sentís que hay una evolución en las historias que te atraen como actor y como espectador?

–Sí, creo que efectivamente los mejores personajes son aquellos adultos, maduros, donde tenés un capital humano, biográfico, para poder desarrollar roles con diferentes capas. Es lo que me toca a mí hoy. Realmente siento que cada vez vienen mejores papeles, con mayores desafíos. Creo que tengo una libertad editorial: hago comedia, drama, biopics, me voy moviendo… Lo importante es que esos proyectos me resuenen, que me generen algún grado de empatía, que me comprometan, que me convoquen y que me emocionen. Para luego poder sumar desde mi costado humano, desde la interpretación, desde mi experiencia, desde mi historia.

–En tu carrera transitaste tanto el teatro como la televisión y el cine. ¿Qué sentís que te da cada formato? ¿Hay alguno que te resulte más desafiante o más libre?

–Mira, creo que el cine es muy de los directores; la televisión, de los productores, y el teatro es del actor. Es mi formación: estudié teatro en la universidad, Licenciatura en Arte con mención en Actuación Teatral, y es lo que más me gusta. Es donde más siento que un actor puede aprender y crecer.

UNA HISTORIA NECESARIA

“Toca las campanas que aún pueden sonar, olvida tu oferta perfecta, hay una grieta, una grieta en todo, así es como entra la luz”, escribía el legendario músico y poeta canadiense Leonard Cohen en “Anthem”. La canción, lanzada a principios de los 90, llevaba un mensaje esperanzador en un contexto de oscuridad. Era una forma de recordar que las palabras, la música y el arte pueden ayudarnos a atravesar el dolor, y que en nuestras heridas puede habitar también una posibilidad de fortaleza, aprendizaje e incluso amor.

Benjamín Vicuña pareciera entender ese mensaje desde lo vivido. Encontró en la escritura un modo de habitar lo que duele. Su libro "Blanca. La niña que quería volar" no es solo un homenaje a su hija, sino también una bitácora emocional. Hace de sus heridas un puente, convierte lo personal en algo universal: el duelo como maestro involuntario y la escritura como refugio permanente.

–Tu libro abre una ventana íntima a tus vivencias. ¿Cómo fue compartir algo tan personal a través de la escritura?

–Bueno, el libro es un relato honesto sobre mi experiencia, sobre cómo pude transitar el duelo. Con el tiempo, se transformó también en un material pensado para quienes necesiten compañía. Para quienes estén buscando cómo vivir, acompañar o simplemente estar cerca de alguien que atraviesa una pérdida. Es un libro que, si bien lo pensé mucho antes de escribir, nació desde una necesidad profunda y terminó encontrando su sentido y su misión: acompañar a quienes enfrentan un dolor infinito, un dolor tan profundo que no saben cómo describir, cómo entender ni qué hacer con él.

–¿El proceso creativo de escribir difiere mucho de la actuación en términos de conexión emocional y la forma de contar historias? ¿Hay algún tema en particular que te gustaría explorar en futuros proyectos literarios?

–Creo que ambos procesos deben nacer desde la honestidad y desde saber muy bien qué es lo que se quiere contar, o cómo se debe abordar. Por ahora, soy actor y amo lo que hago. Si bien me gusta escribir, este fue un libro que tenía otra naturaleza, otra necesidad. Por el momento no tengo un proyecto concreto para escribir otro libro. Sí, a veces escribo poemas que se van juntando, o pequeños ensayos, pero no tienen aún un cuerpo ni un destino claro. Es más bien escribir por pasión, por encontrar una voz, como desahogo, como expresión, como forma de encontrarle la belleza a mi entorno. O como un juego, sencillamente.

–En este momento de tu vida, con tantos proyectos significativos en curso y una mirada hacia el futuro, ¿cuál dirías que es la pregunta más importante que te estás haciendo a vos mismo?

–Y… son muchas las preguntas. Pero, profesionalmente, es cómo reencontrarme con el oficio, seguir sorprendiéndome, seguir jugando como un niño. Volver a enamorarme de los materiales y del trabajo, para que el día a día tenga sentido. Para poder seguir creciendo como actor y tomar nuevos y mejores desafíos.

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