Clara Alonso: "La Argentina te permite improvisar más"

La actriz que formó parte de superproducciones de Disney se sube al escenario para enfrentar por primera vez la adrenalina del vivo. “Yo siempre fui muy nómade, y el teatro me asustaba un poco en ese sentido”, confiesa. En esta charla con EPU, reflexiona sobre el amor en tiempos de aplicaciones de citas, los códigos de la industria y revela su peor experiencia con un fan.

Tiene nombre de persona buena. Y hasta Shakira se animaría a cambiar la letra de su canción si la escuchara hablar. Clara Alonso (Clari, para sus amigos), tiene un tono de voz dulce que se condice con su personalidad. Piensa cada palabra que sale de su boca y asegura que es una costumbre que mantiene desde chica. “Tengo algo cauteloso, porque entiendo que las cosas que parecieran efímeras, no lo son, y que todo lo que uno dice o hace, tiene una consecuencia a futuro”.

Esa misma sensibilidad la deja plasmada en el escenario del Multiteatro, donde en marzo debutó con Match for Love (de miércoles a domingos), una comedia romántica dirigida por Miguel Ángel Solá, en la que comparte elenco con Alejandro Awada. La pieza aborda los desafíos de encontrar el amor en tiempos en los que reinan los prejuicios sobre la imagen y la edad, y donde las aplicaciones de citas le ganan la pulseada al encuentro cara a cara.

Aunque participó en superproducciones de Disney (sin ir más lejos, fue parte fundamental del elenco de Violetta), es la primera vez que experimenta la adrenalina del teatro. “Yo siempre fui muy nómade, mi vida me permitía irme a cualquier lado, y el teatro me asustaba un poco en ese sentido, ¿viste? Eso de que me arraigara mucho y no me permitiera moverme. Pero bueno, era algo que siempre había querido hacer. Tenía que perderle el miedo”, cuenta en esta charla con EPU.

–Debutaste nada menos que con Alejandro Awada y Miguel Ángel Solá. Siendo dos hombres más grandes y también superreconocidos cada uno en lo suyo, ¿tuviste algún prejuicio con ellos antes de arrancar a trabajar?

–Sí, totalmente. Yo los admiraba mucho, pero no los conocía como personas. Entonces, pensaba: “¿Será que son muy exigentes, muy duros?”. Imaginé que eran… no digo creídos, pero con este semblante de hombres que trabajaron con mucha gente y durante toda la vida. Y fue hermoso, porque el día que lo conocí a Ale en un cafecito, fue tan cercano, y estuvo tan atento. No importó si yo era más joven o menos experimentada. Me encontré con dos hombres supergenerosos, que me dieron una oportunidad re linda. Uno necesita oportunidades, alguien que confíe en vos y que te deje el lugar para que puedas hacerlo, eso es re importante.

–Uno de los temas que aborda Match for Love es el del amor en tiempos de apps de citas. ¿Te da curiosidad ese universo?

–A mí las aplicaciones de citas me parecen bárbaras. Siento que hay algo que organiza, aumenta las posibilidades de la gente de conocer a alguien. Eso me parece que es muy práctico de la tecnología y de la modernidad. Es verdad que a mí me da más pudor…

–¿Las usaste alguna vez?

–Ahora estoy súper en pareja y feliz. Solo en un momento en el que estuve soltera y tenía ganas de conocer gente pero no sabía muy bien cómo, porque era nueva en el mundo de la soltería (se ríe). Me acuerdo de que vivía en España, unos vecinos me bajaron Tinder y yo me moría de la vergüenza. Primero, porque me daba mucho pudor que alguien me reconociera, me viera ahí. No quería poner ni mi foto, ni mi nombre, nada. Como que básicamente creé un perfil semifalso. Pero la experiencia duró muy poquito, no me llegué a juntar con nadie. Fue más para chusmear y ver qué sucedía.

–¿Pensás que estas apps cambiaron nuestra forma de vincularnos?

–Yo creo que sí, pero también las redes sociales. Siento que le pusieron otro ritmo a la vida, como que todo se volvió más efímero, más veloz, más descartable. Esto de que si no lo consumís ya, pierde valor: la story dura un día, la cita lo mismo, un encuentro y chau. Hay algo de la velocidad que imprimen las redes que vuelven todo un poco más crudo y doloroso. Por algo también empezaron a aparecer estos nuevos términos, tipo “ghosting”, o esto de que no te comprometés, descartás al otro, como si las personas no tuvieran sentimientos.

–Recién mencionabas a tu pareja, y leí que lo conociste en persona, de casualidad. Decías que tu costumbre vintage es el encuentro cara a cara. ¿Tenés alguna otra?

–Ay, ¿qué tengo vintage? Creo que es algo vintage, muy vintage, esto de ser muy cuidadosa con lo que digo. Hoy en día, esto mismo de las redes, los canales de streaming, hicieron que todo el mundo tenga que estar todo el tiempo diciendo algo con esa velocidad que no te da tiempo a pensar. Y yo tengo algo más cauteloso; entiendo que las cosas que parecieran efímeras, no van a ser efímeras, y que todo lo que uno dice o hace, tiene una consecuencia a futuro, aunque parezca que no. Creo que esa conciencia es algo vintage.

–Pienso que este cuidado tuyo puede haber surgido de tu etapa en Disney, ¿no? Leí que, por ejemplo, tenías prohibido por contrato que te vieran tomando cerveza en una foto.

–Sí, hace muchos años, los contratos de Disney eran más exigentes. Uno firmaba sabiendo que iba a tener una imagen pública y que respondía a la marca. Yo, igual, ya era cuidadosa por mi personalidad, pero sí pudo haber estado acentuado por eso.

–Necesito saber qué otras cosas tenías prohibidas por contrato.

–Por contrato no me acuerdo, pero había un equipo que se llamaba “Compliance”, que antes era bastante más estricto. Como los programas salían en distintos países de Latinoamérica, había ciertas palabras que acá no significaban nada pero en otro lugar implicaban otra cosa, entonces había que tener mucho cuidado con el vocabulario. Lo mismo con la ropa. En ese momento me acuerdo de que el ombligo no se podía ver mucho. Ahora cambió todo eso.

Volviendo al tema del ritmo, antes podían tener más control porque quizás subías un tuit. Era distinta la dinámica de compartir cosas públicas. Ahora es imposible, porque uno tiene 800 mil redes, sube cosas que son instantáneas. Tuvieron que soltar esa política de control sobre los artistas porque es muy difícil. Y también es más difícil porque hoy todo el mundo se transformó en paparazzi. Ya no existe eso de pedirle permiso a alguien si lo vas a filmar, eso me parece tremendo. La gente filma a cualquier persona, en cualquier situación pública, y se vuelve viral cualquier cosa.

–En esa época, vos trabajabas mucho con público adolescente. Hay algo en particular que tiene ese público, que puede ser tanto bueno como malo, que es el fanatismo. ¿Te ha pasado de vivir alguna situación extraña con algún fan?

–Sí, me pasó en pleno auge de Violetta. Yo estaba trabajando en Italia y me acuerdo de que había una chica que era superfanática mía. Siempre aparecía en todos lados en los que yo estaba. Y al principio me parecía maravilloso, ¿viste? Pensaba: “Ay, qué amor, se acerca. Averigua a dónde estoy, me re sigue”. Y de repente eso de “qué amor”, fue como: “Che, ¿esta piba cómo carajo sabe a dónde estoy hospedada? Estoy viviendo en un departamento en una zona residencial, ¿cómo corno sabe?”.

Me empezó a agarrar una cuestión rarísima con esta persona en particular. Después supe que su papá era policía, yo empecé a flashear que me rastreaban el teléfono… Nunca lo terminé de comprobar, pero estaba casi segura, porque había algo muy raro. Sabían cuando no me movía. Me acuerdo de que era un domingo, yo estaba re tranquila descansando, y me escriben en Twitter: “Es un día hermoso, ¿no vas a salir a pasear?”. ¿Cómo sabés que yo estoy en mi casa? Ese día salí del departamento y estaban abajo esperándome. Un departamento x, en una zona re normal de Roma.

–Claro, no es que estaban en un hotel en medio de una gira.

–No, no, cero. Y ahí me re enojé, porque sentí miedo. Flasheaba que me la iba a encontrar llegando a mi casa. Me empezó a agarrar una cosa de persecuta horrible, de susto, como “no sé cuál es el límite de esta persona”. Después no pasó nada, por suerte.

–Recién recordabas tu paso por España e Italia. Ahora estás instalada nuevamente en la Argentina. Si tuvieras que decir cuál es tu lugar en el mundo, ¿qué dirías?

–Mi lugar es la Argentina, absolutamente. Es donde nací, donde tengo a toda mi gente. Sí es verdad que me encanta sentir la libertad de poder moverme como yo quiero, porque también estamos muy lejos de muchos lugares. Para llegar hasta allá tenés que tomar un vuelo caro de 13 horas. Estamos tan al sur, que estamos más alejados de muchas cosas que pasan. Y cuando la industria está complicada y tan parada, sentís que es más difícil tener oportunidades. Quizás en Madrid, te tomás un vuelo de 1 hora y estás audicionando en otro país. Eso tiene Europa, pero mi lugar es acá.

–¿Qué extrañabas de la Argentina estando allá?

–La ciudad, los amigos, la familia. La Argentina está lejos pero tiene una cosa re espontánea, en donde todo puede suceder. Querés hacer algo, y si te ponés creativo y contactás gente, lo podés sacar adelante. Por ahí hay lugares que son más protocolares. Por ejemplo, para hacer una obra de teatro en España, tenés que reservar un teatro con no sé cuántos años de antelación. La Argentina te permite improvisar más, y eso está buenísimo. Lo re extrañaba.

Fotos: Joynix Media Prensa (Agencia Coral)

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