Juana Molina: "Mis discos son fotos de la época que estoy viviendo"

La cantante y compositora cerró 2024 con Exhalo, un EP de cuatro canciones que no entraron en su disco anterior pero merecían darse a conocer. Hoy, con energía renovada y un material diferente entre manos, mantiene su hábito de asumir desafíos complejos. Lo hace con su proverbial espíritu zen, mientras repasa sus comienzos en la escena y comparte detalles de su luminosa actualidad.

Juana Molina cerró en 2024 una etapa de su carrera que duró siete años. Editó en vinilo y bajo su propio sello Exhalo, un EP con cuatro canciones que habían quedado fuera de su último álbum de estudio (Halo, de 2017) y lo celebró interpretándolo completo en vivo. Durante ese período, publicó una serie de trabajos en los que revisitó su pasado: el disco en vivo ANRMAL y la reedición en vinilo de Segundo, el trabajo con el que verdaderamente inició su carrera musical en 2000, tras su primera experiencia con Rara en 1996, aún lejos del estilo que le dio prestigio internacional.

Para este 2025 promete nueva música, aunque advierte que será diferente a todo lo hecho hasta ahora. Entre otras razones, porque empezó a estudiar síntesis modular, una técnica que consiste en generar sonidos a través de sintetizadores interconectados, en los que es muy difícil repetir secuencias, haciendo que cada resultado sea único. Siempre mirando hacia adelante, se tomó un tiempo para conversar con El Planeta Urbano y recordar el camino recorrido hasta hoy, cuando por fin logró dedicarse a su verdadera vocación tras haber ganado fama en los 90 como actriz y humorista.

–Los temas de "Exhalo" de ninguna manera parecen descartes. ¿Cómo es que no los incluiste en "Halo"?

–Eran cuatro canciones importantes y que, para mí, iban en el disco. Pero en la secuencia de temas, que es algo que me importa mucho, iban quedando afuera o tenía que sacar otras que no quería. A Mario González, que trabaja conmigo en el sello hace cuatro años, revisando los archivos se le ocurrió que hiciéramos un EP como para cerrar el ciclo de Halo: había pasado mucho tiempo como para meterlos en un disco nuevo, además de que no tienen nada que ver con lo que estoy haciendo ahora.

–¿Qué podés adelantar del álbum que vas a sacar este año?

–La verdad, nada. Y no porque no pueda, sino porque es medio indescriptible. Los discos son fotos de la época que estoy viviendo. Empecé a estudiar síntesis modular y eso se va a ver reflejado. Mucha gente que conozco me decía que, por el tipo de música que escribo y por las programaciones que hago en los teclados, debería aplicarla, porque con ella podés hacer cualquier sonido; pero tenés que saber mucho y me resultó sumamente difícil de aprender. Lo que hacés, si no la tenés muy clara, no se puede repetir: queda como algo único.

–Son sonidos que después no se pueden replicar en vivo…

–Las interpretaciones en vivo siempre son distintas a las del disco porque dependen del formato y del estado de ánimo. A mí me encanta que cada show sea diferente y que la gente pueda presenciar algo que no se va a repetir. Una vez hice un ciclo con pistas y duré tres shows, me morí de aburrimiento. Cada vez que uno se sube al escenario, toca con un tempo más o menos parecido, pero siempre te corrés un poquito porque depende del ritmo que sentís ese día. Entonces, vos le ponés play a una base que grabaste en otro momento, con otro humor, y ya no sos el mismo. Te transformás en un esclavo de la pista. Ahí me di cuenta de que las canciones son así en los discos y nada más.

–Tus canciones parecen estar construidas como un mantra en el que se van agregando cada vez más capas de instrumentación. ¿Cómo es tu forma de componer?

–El proceso es tocar y tocar hasta que, de golpe, aparece algo que vale la pena grabar. A partir de ahí empiezan a caer el resto de los ingredientes. Lo más importante es entrar en un modo en el que la música me abduzca y no pueda hacer otra cosa más que eso. Entonces, me levanto, desayuno, voy al estudio, me quedo ahí hasta que me desmayo de hambre o de sueño y me voy a dormir. Tiene que darse una conexión muy directa con la música.

–¿Cómo fuiste construyendo tu sonido a lo largo del tiempo? ¿Qué artistas te influenciaron?

–Uno no elige las influencias que lo nutren. Para mí, son despertadores de lo que uno tiene adentro. Yo escuché muchísima música y no me parezco a un montón de cosas que escuché.

–Con toda la música que circulaba en tu casa, en especial gracias a tu papá, Horacio Molina, que te enseñó a tocar la guitarra, ¿qué recordás de tus primeros momentos en la composición?

–Nunca fui ese tipo de personas que sacan temas y después los pueden tocar. No sé por qué, pero nunca lo hice. Entonces, yo no sé tocar canciones de nadie. Me decís de tocar una de The Beatles y no la sé. En la guitarra hacía cosas que no sé ni qué eran. Desde muy chica tocaba lo que me gustaba sin ningún prejuicio. Cuando nos fuimos a vivir a Francia, con mi hermana (N. de la R.: la actriz Inés Molina) a los 13 o 14 años empezamos a hacer composiciones de arpa y guitarra. Nos quedábamos tardes enteras improvisando y así, sin saber muy bien cómo, se fue formando mi forma de componer. Lamentablemente, no quedó nada de eso, no había posibilidad de grabar en esa época.

–A pesar de que empezaste a hacer música desde temprano, recién comenzaste a tocar en vivo cuando te retiraste de la televisión. Muchas veces contaste lo insegura que te sentiste en esos primeros conciertos, pero siempre te mantuviste fiel a tu estilo.

–Mucha gente venía a verme por curiosidad y se encontraba con una escena muy difícil de analizar: la de una persona muy conocida en una situación de extrema vulnerabilidad, muy tímida, tocando una música extraña. Era como ver a Susana Giménez incómoda haciendo algo que no le sale muy bien y con las manos temblando. Era muy desconcertante para el público, la gente se iba y eso a mí me afectaba muchísimo. Con las poquitas personas que se quedaban, el show cambiaba. A partir de ahí, a pesar de mi inseguridad, empecé a sentirme cada vez menos perturbada. Hasta que se me pasó del todo.

– "Rara" es muy diferente a todo lo que hiciste después. Es, por decirlo de alguna forma, más “tradicional”. En ese aspecto, se nota la producción de Gustavo Santaolalla. ¿Dónde encaja ese trabajo en tu discografía?

–Es otra onda porque en ese disco pasaron muchísimas cosas, empezando por la inseguridad de pensar que yo no podía hacerlo sola y que necesitaba un productor. Yo no determiné el sonido de Rara, pero soy responsable porque fui quien eligió a la persona que lo armó. Con todos sus tropezones, creo que es un álbum que está bien; aunque luego sentí que no me representaba, como que me era ajeno porque no era mi manera de hacer música de ese momento. Tampoco sabía cómo plasmarla, eso aprendí a hacerlo después. Hoy es lo más normal del mundo, pero en esa época ni se te ocurría tener un estudio de grabación en tu casa. Estaba instalado que, para hacer un disco, necesitabas un sello y un productor. Además, esas canciones, que salieron en 1996, las escribí en los 80. Existían desde antes de que me convirtiera en actriz.

–¿Creés que haberte mudado a Los Ángeles ayudó a que tu música se hiciera conocida en todo el mundo?

–Eso es imposible de saber. Quizás me habría costado un poco más, pero no sé qué habría pasado. En Los Ángeles tocaba un poco más liviana porque nadie tenía ni idea de quién era yo; pero tampoco tenía la seguridad que tengo ahora arriba de un escenario. Primero la pegué en Japón y de ahí llegué a Europa. El cantautor Will Oldham estaba en Tokio, escuchó Segundo en un negocio, lo compró y se lo llevó al director del sello Domino. Así me editaron en Inglaterra. Después, el disco llamó la atención en los Estados Unidos.

–Hace unos años inauguraste tu propio sello, Sonamos, y le estás dando la posibilidad a artistas nuevos de editar sus discos en vinilo. ¿Cómo definen los lanzamientos?

–La curaduría la hago con Mario, que se encarga de la parte logística. Yo no lo podría haber hecho sola. Somos muy chicos, así que necesitamos que todo tenga mucha calidad. Por eso cuidamos que el disco suene bien y que las tapas estén buenas. Lo primero que busco en un artista es que tenga un estilo personal, es decir, que haga algo que solamente esa persona pueda hacer, que tenga voz propia. Me gustan esos artistas que, en un acorde o una frase, ya los reconocés. Y así me parece que tienen que ser todas las artes.

Fotos: Marcelo Setton y Nadia Guzmán

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