Paula D'Ambrosio: Luz, cámara y siempre acción
Avanza sonriente y en zapatillas por pasillos, estudios, controles, camarines, y no hay una sola persona en Conde 51 que no la salude. Veinte años de trabajo en El Nueve y ahora en IP Noticias tienen estas ventajas: si es Paula D’Ambrosio quien pregunta: ¿me convidás un mate? ¿puedo sacarme unas fotos acá en vestuarios? o ¿me dejás pasar a la sala?, nadie le dice que no. Su cálida personalidad, pero, sobre todo, su profesionalismo, le permitieron abrir cada una de las puertas que su trabajo le fue presentando.
Esa versatilidad característica hace que en una misma jornada pase de presentar un informe sobre el FMI en "Telenueve al mediodía" a conducir minutos después "Somos PM", un magazine mucho más descontracturado. O de armarle una broma televisiva en el camarín a su compañeros a pensar en la producción del programa dominical dedicado íntegramente a adultos mayores. En el periodismo, siempre hay que estar listo para el próximo desafío.

—¿Cómo se sobrevive a esa capacidad periodística de adaptarse a distintos formatos en una misma jornada?
—No sé (se ríe). Con los años y la experiencia aprendí a “chipearme”, saber que cuando conduzco un programa como "Los más grandes", puedo generar un clima y dejar que salgan más mis sentimientos. Cuando estoy en "Somos PM", sé que mi función es más la de bastonear y dejar que mis compañeros muestren todo lo que saben. Y, a la vez, permitirme ser genuina, entretenida y aportar mi punto de vista sobre los temas que salen al aire.
—Y eso que ya no sos cronista de calle, porque ahí también hay que chipearse en otra sintonía…
—Totalmente, ahí sos los ojos de los conductores que están en el estudio. Pasa que el periodista necesita ver las distintas realidades para contarlas. La calle es importantísima, es mi escuela. Yo dejé de ser cronista, pero eventualmente me tomo un colectivo. Entonces sé lo que sale un boleto, voy al supermercado y sé cuánto aumentó de un mes al otro, hablo con gente en las filas, me nutro de lo que cuentan… Estar agudizada con la calle es clave para poder dar una noticia; cuando vos perdiste el contacto con la gente, esa gente no te cree más porque lo que les estás contando no es real.
—¿La clave del periodismo está también ahí, en los pequeños desafíos?
—La profesión siempre me puso desafíos que yo no busqué y me encanta. Por ejemplo, no era mi intención hacer un programa de adultos mayores, y cuando me lo propusieron me pregunté: “¿yo qué puedo decir sobre esto?, ¿desde dónde lo voy a abordar?” Yo no puedo contarles qué pasa a esa edad, porque no la tengo; pero sí tengo una profesión que me permite comunicar, trascender y conectar con un montón de personas que sí les van a brindar eso.
—Es decir, volver a las bases, al rol social del periodismo en cierta forma…
—Claramente. La productora siempre me dice que nosotros somos un servicio, y me parece súper valioso ser un puente entre ese público de entre 60 y 65 años y los especialistas que cuentan cómo cuidarte, cómo superar duelos, cómo generar vínculos… Temáticas reales y que no son tan tenidas en cuenta; no solamente darte la data de cuándo cobrás la jubilación.

—En esta profesión es muy difícil desconectarse o involucrarse poco con ciertos temas. ¿Qué estrategias fuiste encontrando a lo largo de estos años para separar trabajo de vida personal?
—Yo no creo que la vida sea un círculo cerrado, sino que la entiendo como una conexión de diferentes círculos que fui armando: mis amigas del secundario se vinculan con las del laburo porque ya todas se volvieron familia. A su vez, mi pareja trabaja en el canal, entonces parte de su círculo también está acá y se junta con el mío. ¡Nos conocemos todos! Pero también necesito resetear y hacer actividades que no tengan nada que ver con esto. Porque si no terminás viviendo la vida que tiene la gente a la cual le hacés la nota. Es difícil no involucrarte con ciertas temáticas, me pasó con la campaña #AdoptenNiñesGrandes. Pero también tuve que aprender a ponerme límites personales, decirle a mi cabeza que no es mi historia.
—Y disociar razón de corazón es tan complejo…
—Uf (resopla). Además, al principio yo sentía que como periodista de noticiero tenía que tener una especie de coraza. Tardé años en entender que ser profesional no significa estar seria todo el tiempo, porque eso sí es un personaje. En la televisión se pone en juego la credibilidad de la mano de la imagen y eso es injusto. Yo soy Paula, la conductora que se divierte, que llora, que ríe, la que te cuenta un chiste, un secuestro, una historia de superación, otra de violencia… Soy la periodista que se crió en veinte casas porque sus viejos pasaron por un montón de barrios, la que pateó toda su vida la calle. Soy el producto de todo eso. Ahora, si la gente ve que me río y después le cuento algo serio y por eso no me cree, bueno… es su problema.
—¿Te costó aceptar que muchas veces la imagen es lo más importante frente a cámara?
—Es parte del juego, y te diría que ahora me divierte. Hay una imagen que tiene que ser agradable para la gente que está escuchando, y está bien. Fuera de cámara, no me vas a ver ni maquillada, ni peinada. Le uso los pantalones de básquet a Diego (Schiariti, su pareja) y ni se te ocurra sacarme una foto (se ríe). No porque no quiera mostrarme así, sino porque esa intimidad pertenece a mi mundo fuera del trabajo.
—En esta era donde hay pantallas por todos lados, ¿qué tiene la televisión que mantiene vigencia aunque cualquiera puede hacer un contenido parecido con un celular?
—Lo que tiene la radio, que tampoco murió: que somos compañía. Además, sigo creyendo que cuando vos tenés un producto como un noticiero, la credibilidad es distinta. Esa noticia se chequeó, se evaluó, hiciste entrevistas para argumentar, el margen de caer en fake news es muchísimo menor. Es un formato que te está diciendo: “Yo pongo la cara para contarte esto, y si me equivoco, me escrachan”. En cambio, en las redes sociales borrás la publicación y se terminó.
Es verdad que perdimos un montón de audiencia y evidentemente necesitamos reinventarnos para ofrecer algo distinto. Los gustos y las tendencias cambian todo el tiempo, entonces tal vez toda la producción que lleva poner al aire un programa al poco tiempo ya queda fuera de moda. Uno a veces no dimensiona el trabajo que implica la televisión. Nadie dice que el streaming sea sencillo, pero te aseguro que son dos mundos totalmente diferentes.
—¿Cómo te llevás con las redes sociales?
—Yo me llevo bien, pero soy muy vaga (se ríe). No me sale de manera espontánea compartir algo; no es que no muestro tanto mi vida por un prejuicio o algo así, sino que prefiero vivir el momento. Hasta que subo la foto del plato de comida, ya se me enfriaron los ravioles. Uso bastante X, pero en modo lectora, para informarme.

—Igualmente sos toda una creadora de contenido, ¿o qué es acaso #CharlasConFrida?
—¡Es que nunca me di cuenta que eso era crear contenido! (se ríe). Es verdad, subo a Instagram videos de charlas que tengo con mi perra Frida. Tiene 11 años, es una bulldog francés que apareció en un momento duro, fue como un puente entre la despedida a mi mamá, que se había enfermado y luego falleció, y mi vida, que debía continuar. Yo necesitaba amar a alguien profundamente. De cierta manera, fue un salvavidas emocional. Esas charlas que ahora grabo pero que tuve siempre son el registro de ese vínculo, espontáneo y cotidiano. Y sin darme cuenta, la gente empezó a comentarme cosas, a darnos cariño, como si fuera influencer la tipa (se ríe). Hasta armamos un viernes de mascotas en el canal y fue furor. Igual, si pudiera hablar me diría que la tengo harta, lo sé.
—Si hoy viene un productor y te dice: “Paula, te armamos el programa que vos quieras, sorprendenos”, después de 20 años en la televisión ¿qué proponés?
—(Duda) Un programa de noche, más picante, donde pudiera mostrar otra Paula. Siempre hay un poquito de temor al rechazo, en la televisión estamos expuestos y pretendemos ser cuidadosos ante las cámaras. Tal vez en algo como un night show me suelte un poco más. Sería un desafío. Y en eso, a mi juego me llamaron.
Fotos: J. J. Hans

