Toto Rovito: "Cromañón siempre está, y como joven es imposible no sentirse identificado"
Una de las series argentinas del año le escapa a las palabras porque es imposible hablar de lo innombrable. Sin embargo, "Cromañón" genera conversaciones, invoca voces de distintas generaciones, intenta procesar el horror de una noche que devora a sus hijos.
La serie ya está en Prime Video y tiene un elenco joven que merece ser nombrado: Alan Madanes, Antonia Bengoechea, Eloy Rossen, Lautaro Rodríguez, Valentín Wein, Carolina Kopelioff, Kevsho, Nicole Mottchouk y Olivia Molinaro Eijo. Todos ellos están en la mirada de Toto Rovito, el actor que ve el cine como un acto de memoria colectiva. “Por eso es necesaria la cultura, para volver sobre nuestra historia, construir identidad”, dice Toto y, viéndolo interpretar a Nico, el pibe que toca rock barrial, se enamora y rinde culto a la amistad con su banda de Villa Celina, es difícil no pensar que nuestra historia está hecha de tragedias, pero también del impulso vital que resiste todo.

Fue uno de los fiscalitos en "Argentina, 1985", el amoroso hijo de Dolores Fonzi en "Blondi", y ahora comparte un triángulo protagónico con José Giménez Zapiola “El Purre” y Olivia Nuss, a quienes Cromañón les partirá el corazón y la existencia. Mientras saluda desde Uruguay, donde está filmando otra serie, sus gestos conservan esa mezcla de ternura y reflexión con la que acompaña a cada personaje.
–¿Cómo se hace para interpretar algo que está grabado en la memoria colectiva pero que casi no viviste?
–Yo tenía ocho años, la verdad es que no tengo el recuerdo exacto, pero es un hecho fundacional. Toda la gente sabe dónde estaba o que hacía el día que sucedió lo de Cromañón; entonces, más allá de haberlo vivido o no, es parte de mi generación, de mi crianza. Hay mucho rock nacional en mí, escucho a Callejeros y a todas las bandas argentinas desde chiquito, siempre fue tema de conversación; también hay personas cercanas que estuvieron a punto de ir o fueron a las fechas anteriores. Cromañón siempre está, y como joven es imposible no sentirse identificado.
–El episodio en el que ocurre el 30 de diciembre está filmado de una manera casi inmersiva, se puede sentir la desesperación. ¿Cómo se le pone el cuerpo a eso?
–Fue casi un mes entero de rodaje para la locación Cromañón, y ese momento estuvo todo el tiempo en mi cabeza. Sabíamos que todo lo que están contando los personajes tiene que ver con esa noche y era donde más concentrados queríamos estar. Hubo un largo trabajo actoral previo con los coaches y los directores, pero la verdad que llegar por primera vez al set de Cromañón fue algo único, es ver el infierno, nos pasó a todos. Fue devastador y emocionalmente muy complicado, está muy bien hecho y era duro encontrarte con todo lo que te genera. Habíamos investigado un montón, pero encontrarnos con eso tan bien reflejado fue muy fuerte.

–En la actuación, ¿cuánto hay de acción y cuánto de imaginación?
–Para mí, actuar es estar ahí; pasa algo con el acto y el lugar, me parece que se retroalimentan. Existe el ensayo, la construcción interna, todo lo que uno cree que va a hacer; pero el personaje es lo que sucede cuando vos llegás al set. Intento estar lo más abierto posible y que pase lo que tenga que pasar, porque muchas veces las cosas son distintas a cómo me las imaginé.
Actuar es una conversación con un equipo entero, es estar caracterizado, iluminado, acompañado por otras personas; actuar es algo colectivo. Es un orgullo ser parte de la memoria activa, generar un contenido que no empuje a seguir discutiendo las cosas. Más todavía cuando aún hay una lucha de los sobrevivientes que siguen organizados buscando justicia. Ojalá esta serie pueda contribuir a eso.
–Un tema que está muy presente en la serie es el de la culpa del sobreviviente, cómo se sigue.
–Lo que pasa en Cromañón los marca para toda la vida, tienen que convivir para siempre con el estrés postraumático porque les arrebataron algo que nunca volverá; creo que eso también es de lo que se habla cuando se pide justicia. ¿Y la revictimización que ocurría en los medios? Había gente que les echaba la culpa a las víctimas, es muy difícil vivir con esa presión gigantesca, pero aún así encontraron la forma de salir a luchar por lo que les corresponde. La de los sobrevivientes es una historia impresionante por su valentía y su lucidez.

–En la serie formás parte de una banda y en la vida real también hacés música con tu propio grupo, Todo Rotito. Estuve escuchándolos y hay muchas referencias ochentosas. Si hubieras compuesto una canción de los 80, ¿cuál sería?
–Es que estudié más música que teatro, te diría. Fui a la Escuela de Música Popular de Avellaneda, soy compositor y cantante, baterista y guitarrista. Me apasiona la música, es algo que vive conmigo. ¿Qué canción hubiera compuesto? Uf, creo que algo de Virus; soy muy fan de Charly, también, pero esa es la banda de la época que más me hace flashear. Me hubiera gustado escribir “Sin disfraz”, pero igual con cualquiera de Virus ya estoy, eh (se ríe). Ahora, con Todo Rotito sacamos nueva música e hicimos un clip que dirigió Olivia Nuss, la protagonista de "Cromañón", junto con Toti Bengoechea; dentro de poco sale, estamos re contentos montándolo.
–Ya que estamos con las bandas de los ochentas, ¿Blondi te cambió la carrera?
–Me cambió un poco la vida y me dio la posibilidad de cumplir un sueño, que es trabajar de lo que me gusta. Dolores me transmitió muchísima data, no solo del oficio sino también vincular, porque sin lo humano no hay un código actoral y ella lo tiene muy claro. Cuando quedé en el proyecto me llamó a los 20 minutos y me dijo: “Mañana te venís a casa y vamos a buscar todo para el cumpleaños de mi hija Lili”. Ese primer ensayo fue un delirio, fuimos de compras al supermercado. Nada de pasar texto, hablamos de la vida, escuchamos música. Se construyó al toque una relación divina.
–Dolores empezó a trabajar de chica y vos también. Me acuerdo que estuviste en Un amor, con Elena Roger, Peretti y Ziembrowski. Ahí los otros niños eran Agustín Pardella y Alan Daicz, que hoy también son actores jóvenes destacados. ¿El cine es un modo de vida?
–¡Fue una locura! Era muy chiquito y sabía que quería dedicarme a la actuación. Ya había conocido un set de filmación porque mi papá me había llevado al de "Mía", una película fantástica que yo adoro, con Rodrigo de la Serna y Camila Sosa Villada. Me acuerdo de caer y pensar: “Yo quiero tener algo que ver con esto”. Ahí conocí a María Laura Berch, la jefa de casting, que es la misma de Cromañón, y le dije: “Quiero ser actor, llamame para hacer algo”, y me tuvo en cuenta para Un amor. Filmamos en Entre Ríos y no podía creer estar viajando por trabajo, fantaseaba con poder seguir en esto.
También me daba un poco de miedo: recuerdo ese terror de salir a escena por primera vez y actuar frente a los demás, pero Paula Hernández es una persona amorosa y una directora excepcional que me dio todo su apoyo. Esa película fue conocer un mundo del que yo ya me estaba enamorando y terminó de consolidar ese amor.

José Giménez Zapiola “El Purre”, Olivia Nuss y Toto Rovito conforman el trío protagónico de Cromañón.
–Sos nieto de Bárbara Mujica, bisnieto de Alba Mujica, hijo de Pablo Rovito, que es productor de muchas películas, ¿todo esto era inevitable?
–(Se ríe) En mi caso se dio de una manera natural, porque el cine argentino estuvo siempre muy presente. Empecé a sentirme seducido por ese mundo desde las charlas de los domingos en casa; conocer cómo se filmaba, ir a los estrenos. De chiquito ya me gustaba llamar la atención, agarraba una guitarra sin saber tocar y tarareaba cualquier cosa solo para que me vieran; ahí se conjugó algo, darme cuenta de que quería ser actor. De mi generación, soy el único de la familia que eligió seguir con ese legado.
A mi bisabuela Alba la vi en las películas de Leonardo Favio, pero aún no pude ver una película completa de mi abuela, solo clips y escenas, y ya con eso se nota que era una actriz imponente, con una presencia y una forma de decir impresionantes. Yo estoy enfocado en ser un buen actor, tengo pasión por el cine, miro a Héctor Alterio en "La tregua" o a Federico Luppi en las de Aristarain y digo: “Qué locura, yo quiero esto”. Ojalá pueda hacer películas que me despierten algo tan hermoso como lo que me genera "Tiempo de revancha".
Fotos: @machadocicala

