Ami Yuasa, medallista olímpica: "Me hace muy feliz inspirar a otras mujeres a hacer breaking"

Tras haber conseguido en París la primera medalla dorada en la historia del breaking como disciplina olímpica, la B-Girl estuvo de visita en la Argentina. En charla con El Planeta Urbano, cuenta cómo le cambió la vida y explica por qué Latinoamérica sorprende con su nivel de danza urbana.

Es difícil asimilar que esa joven que se lució en el escenario a metros de la Torre Eiffel y ante la atenta mirada del mundo entero al contornear de maneras inimaginables su cuerpo, sea la misma que está sentada de forma tímida, con las manos entrelazadas sobre sus rodillas, lista para esta charla con "El Planeta Urbano". Lejos del ensordecedor aplauso y los vítores que recibió tras ganar la medalla dorada en los últimos Juegos Olímpicos de París 2024, y más lejos aún de su silencioso Japón natal, Ami Yuasa llegó a la Argentina por primera vez para ser parte del jurado de la Red Bull BC One All Star Tour, la mayor competencia del circuito de breaking mundial.

Entre alfajores de maicena con dulce de leche, una avenida Corrientes megarruidosa y restaurantes donde la carne nacional es el plato imperdible, la campeona olímpica disfruta de este presente soñado que le permite no solo posicionarse como una de las B-Girls más importantes de la historia de la disciplina, sino también como una inspiración para miles de niñas que se acercaron a conocerla y ven en este movimiento artístico una manera de vivir en libertad.

–Aunque la cercanía y los abrazos claramente no son lo suyo, Sudamérica te recibió con los brazos abiertos, los beats sonando bien alto y una cultura totalmente distinta, ¿no? Ni para hablar podemos quedarnos quietos…

–¡Lo noté y me encanta! (se ríe) Nosotros tenemos esa cultura de mucho respeto y no sabemos eso de tocarnos cuando hablamos o de saludar con un beso. Pero me gusta mucho esto, pude conectar enseguida con la forma de ser de ustedes. Muchos de estos entrenamientos que tuve acá, a diferencia de Japón, los disfruté muchísimo porque hay más contacto, mucha expresión de la gente local.

–Eso me llama la atención, porque creciste en una cultura más tímida, más resguardada. ¿Cómo llegás al breaking, que es totalmente expresivo artísticamente?

–Empecé por acompañar a mi hermana a sus clases, a los seis años. Era algo totalmente nuevo y nos daba mucha curiosidad. Arrancó ella y luego seguí yo. Antes de comenzar a practicarlo, no me gustaba estar frente a otras personas, era mucho más tímida que ahora, no me gustaba hablar en público. Y a pesar de que tomaba clases, no me gustaba estar expuesta.

Con el tiempo, de alguna forma, el hecho de viajar me cambió completamente, tanto a mí en lo personal como a mis movimientos y mi forma de expresarme. Gracias a las experiencias que fui sumando, poco a poco empecé a mostrarme y destacarme más, y eso para mí era algo impensado (piensa y se queda en silencio). Es impensado haber cambiado tanto. Aún así, aunque no parezca, creo que soy muy introvertida (se ríe).

–Además de practicar, en este viaje se te vio enseñando, acompañando y compartiendo tu experiencia con otros jóvenes que están comenzando en el breaking. No sé si saliste a mirar, pero afuera hay muchísimos chicos y chicas aguardando por verte y recibir tus comentarios. ¿Cómo viviste ese rol, estar desde el otro lado?

–Lo disfruté muchísimo, no solo estoy enseñando, sino que estoy aprendiendo mucho de todos ellos, es mutuo. Compartir esta energía me enriquece mucho para poder hacer nuevas cosas, movimientos. Y aun sin entendernos desde el idioma, a la hora de poner el cuerpo, se entiende y siente todo, no hay limitaciones. Eso es increíble.

–Cuando comenzó el breaking y la cultura urbana en los Estados Unidos, era un espacio más bien de hombres. ¿Cómo viviste eso y qué cambios notás ahora en la presencia de mujeres en la disciplina?

–La realidad es que cuando comencé había mucho menos B-Girls, y ahora, por ejemplo, en Japón hay muchísimas más niñas y mujeres jóvenes practicando, que ya ni van a vivir esa diferencia que sí notábamos nosotras. Hoy, cuando nos encontramos en las jams (N. de la R.: un espacio de diálogo abierto donde intercambiar ideas y pasos de baile en colectivo), somos mitad mujeres y mitad hombres. El nivel de las B-Girls es tan bueno como el de los hombres, y eso nos pone muy contentas, por todas.

–Al finalizar tu batalla por la medalla dorada de París, fuiste a abrazar a tu rival de una manera muy genuina, de compañerismo, y toda la Plaza de la Concordia aplaudió de pie tu gesto. Eso demuestra un poco que este logro es de todas…

–Sí, y fue sin pensarlo, nos respetamos mucho. Por más que estemos compitiendo, sabemos lo duro que es llegar. Estaba muy contenta de que al menos algunas de nosotras estuviéramos ahí, ante los ojos del mundo, llevando nuestra disciplina a un Juego Olímpico y compartiendo el sueño de tantas.

–Con el reconocimiento del breaking como deporte olímpico, ¿cambió en algo la esencia de la disciplina artística?

–Al menos para mí, no. Pero porque yo me mentalicé en que lo único que cambiaba era el escenario y quise disfrutar. Lo tomé como una oportunidad de mostrar en un estadio y ante miles de cámaras lo mismo que hacíamos en una plaza o en la calle, y que así el mundo descubriera qué era el breaking. Pero entiendo que para otros sí pudo llegar a haber cambiado, porque el sistema de puntuación puede condicionar hasta el estilo si lo único que importa es ganar. Para mí, lo más hermoso del breaking es que, sí, se puede tener algunos puntos por fortuna, pero de alguna forma te fortalece más ser creativo y original. Ahí está la diferencia, en una plaza o en París.

–¿Esa fue tu diferencia?

–Parece que sí. No entendía nada del sistema de puntuación, por suerte (se ríe). Tal vez esa libertad y disfrute me permitió llegar a la medalla dorada. Me dije: “OK, no sabemos cuántos puntos dan por esto y está perfecto, just do it”.

–¿Cómo notaste que fue la recepción del breaking en los Juegos Olímpicos?

–Creo que se disfrutó, muchos vieron este tipo de batallas por primera vez y luego se me acercaban a decirme que estuvo increíble. Eso me hizo muy feliz, es la verdadera medalla. Le dimos un gran impacto al mundo, fue una oportunidad única.

–¿Sos consciente de que hiciste historia porque, probablemente, seas la primera y la única mujer con medalla dorada en breaking? (N. de la R.: en Los Ángeles 2028 el breaking no va a volver a ser disciplina olímpica).

–Sí, probablemente sea la única (con sus manos hace gestos como si estuviera llorando), pero aún así estoy recién entendiendo la importancia del logro. Después de París, fui a Japón, estuve solo cinco días y tuve que seguir viajando. Pero me contaron que, mientras yo estaba tranquila, celebrando con mi familia de una forma muy calma, en mi país estaban todos como locos festejando el oro olímpico. Estoy contenta, sí, sé que es importante, pero para mí ser parte de esta cultura, de este movimiento, es lo que realmente me reconforta. Cuando vuelva, sé que tengo unos eventos y reconocimientos, pero de solo pensarlo ya aparece mi timidez nuevamente (se ríe).

–Los libros de historia olímpica van a tener escrito tu nombre, y probablemente lo que alcanzaste haya sido inspiración para muchas niñas…

–Sí, aunque me cueste aceptarlo, lo sé y me hace muy feliz poder, aunque sea un poquito, inspirar a otras mujeres a hacer breaking. Muchas B-Girls argentinas me han dicho que todo esto fue una motivación, y tampoco quiero decepcionarlas contándoles que me da vergüenza que me digan eso (se ríe). Es una lástima que no esté el breaking en los próximos Juegos, porque sería un sueño para muchos al menos tener la posibilidad de llegar allí. Sin pensarlo, lo fue para nosotros.

Fotos: gentileza Red Bull

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