Wayra Iglesias: "El rock es esencialmente contestatario, de defender ideales, y todo eso me inspira"

Después de presentar La suerte de encontrarme, su primer disco solista, la artista de 21 años cuenta cómo transita este presente soñado y por qué La Renga, la banda de su papá, marcó su camino: “Es mi escuela y mi familia”.

Cuando dice que el rock and roll es parte de su vida desde siempre no miente: el día que Wayra Iglesias nació, Silvina Cendón, su mamá, primero fue a la sala de ensayo a tocar la batería con su banda Q’ Acelga? y después fue al hospital a dar a luz. A los pocos meses, cuando apenas aprendía a darse vuelta en la cuna, su papá y su tío, Tete y Tanque Iglesias, presentaron ante miles de fanáticos uno de los discos más escuchados del rock nacional, "Detonador de Sueños", de La Renga.

Aunque la noche anterior a esta charla dio un show en Lucille y la adrenalina del vivo siempre pasa factura el día después, a las 9 de la mañana ya estaba cursando su clase de canto y luego fue para la de guitarra.

Comprometida con sus sueños y protagonista de su futuro, la joven revelación ya no sube a los escenarios pidiendo permiso ni quedándose al costado. Con sus jeans oxford, sus blusas estampadas y su voz bien blusera invita a revivir la música de los setenta desde el presente. Ya se ha dicho, el rock and roll no morirá jamás.

–Mientras tus amigos y la gente de tu edad está escuchando la última novedad del trap y haciendo desafíos en TikTok, vos estás subiéndote al escenario con un look muy Woodstock a cantar rock, ¿cómo es ese choque generacional de gustos?

–Raro (se ríe). Es verdad, quizás la juventud y lo mainstream está por otro lado, pero hace poco salió una encuesta de Spotify donde se veía que la mayor parte de nuestra generación escucha rock nacional, y eso me re sorprendió. Quizás sí otro tipo de bandas. Igual sé que no me voy a hacer viral en TikTok haciendo una canción de rock, no garpa; pero sí me di cuenta de que muchos hijos de padres “rengos” empezaron a seguirme, pibes más chicos que yo e incluso nenes y nenas, y eso me pone supercontenta.

–Es el público que vos también supiste ser, solo que ahora pasaste de ser esa nena que espiaba al papá o a la mamá desde el costado del escenario, a estar arriba y que ellos te aplaudan desde abajo.

–Sí, obvio, tuve una infancia muy rockera y cuando encaré lo que estoy haciendo ahora, no dudé en ir por un blues que tiene rock, soul y hasta algunos guiños country. Pero todo eso que yo escuché casi siempre fue música de afuera, y la verdad es que a mí me hubiera encantado poder ver a alguna mujer referente de esos estilos cuando yo era nena. Porque incluso pasé por muchas escuelas de canto, y todo el repertorio era muy pop; yo me enganchaba, pero no era lo que a mí me gustaba. Ahora es mi propio sueño hacer la música que a mí me gustaba escuchar, y me emociona que los más jóvenes se copen y vengan a verme.

–Tenés un público amplio, incluso Skay fue a verte.

–Menos mal que no me avisaron antes (se ríe). Me enteré cuando bajé del escenario de La Trastienda y me lo comentó Juan, mi manager. Para mí Skay realmente es un ídolo, crecí escuchando su música, y que se tome el tiempo de venir a ver qué hago fue un montón, porque no es que nos avisó ni nada. Y noto un poco eso, de gente que va a ver qué hago, qué propongo y se termina sorprendiendo.

Sí siento que siempre que hay una mujer en el escenario, se la mira con otros ojos, desde un lugar de “a ver qué puede hacer esa chica”, como si nos pusieran a prueba. Eso igual, por lo que me cuentan, sucedió siempre.

–Una de las que te lo cuenta seguramente es tu mamá, ¿no?

–Obvio, mi mamá es música de toda la vida, antes era bajista y después se hizo baterista. Y me cuenta que antes las mujeres se tenían que bancar que no las dejaran tocar, que las abuchearan si subían de invitadas o hasta las escupieran, cosas muy heavy.

Ella fue y es superinspiradora para mí, siempre tuvo un trío de mujeres que en su momento fue medio disruptivo. Y ella también me abrió el mundo al rock de mujeres, desde Celeste Carballo o Fabiana Cantilo hasta nuestra ídola que es Janis Joplin, tenemos la heladera ploteada con su cara (se ríe).

–Este primer disco se llama "La suerte de encontrarme", ¿qué Wayra encontraste en este último tiempo?

–Finalmente, una genuina. Para mí era importante encontrar mi espacio y mi estilo, sentir que había algo que sea exclusivamente para mí y que no tuviera que ver con mi familia. Este disco lo escribí en lo que sería el final de mi adolescencia, hace no mucho, y en ese entonces transitaba muchas inseguridades.

Y mucho de eso tenía que ver con las opiniones ajenas: van a decir que soy “la hija de”, van a comparar la música con la banda de mi viejo, voy a necesitar desligarme… Más allá de que evidentemente está en mi ADN y crecí con eso, siempre supe que quería ir por acá, solo tenía que darme la libertad de permitírmelo. Y a partir de ahí, de ese clic, esto me lo tomé en serio, empecé a disfrutarlo mucho más, a conectar y a desprenderme de todas esas limitaciones que yo misma me ponía.

–Al participar en el reality La Voz Argentina, ¿notaste cuánto condicionan las opiniones ajenas?

–Re, el formato funciona un poco así. Si te lo ponés a pensar, es una situación completamente hostil, tenés que cantar, esperar gustarle al jurado para que se den vuelta y te elijan; y si no les gustás, musiquita triste y a llorar a tu casa. Era una experiencia que yo quería vivir, porque me gustaba el programa y pensaba que era ir a cantar y chau.

Me pude sacar las ganas de hacerlo, que eso está bueno, pero en el momento sí, fue un bajón, me replanteé todo. Al tiempo, lo asimilé y lo pensé desde otro lado: ¿por qué tengo que esperar a que alguien se de vuelta por mí? Y si no soy la elegida, ¿qué hago? ¿Dejo todo? ¿Hace falta escuchar todas las opiniones que me están juzgando? Resignificar todo eso, increíblemente, me dio mucha seguridad.

–En el videoclip de “Girando”, agarrás el auto, salís a la ruta a disfrutar del rock, el viento y tus amigos, pero al final, quien te abre el portón para regresar a casa es Tete, tu viejo. Como mencionaste, la carga y el qué dirán siempre fue ajeno, pero en lo personal, ¿cuán importante fue su figura?

–Yo siento que es un muy buen consejero, porque él tiene una visión quizás un poco más relajada de todo esto. Como amante de la música, armó una banda con amigos y las vueltas de la vida hicieron que se pudiera dedicar a eso y fuera feliz cumpliendo un sueño impensado. En mi caso, tal vez, arranqué por el final: yo me quiero dedicar a esto, entonces tengo que hacer un disco, salir a mostrarme… Yo soy más estructurada, más exigente, capricorniana (se ríe).

Entonces él me baja a tierra, me ayuda a relajar, nada es tan determinante ni tan terrible. Cuando tenés 18 años, tenés que elegir una carrera, saber qué querés para tu futuro, entrar en el sistema, consolidar un vínculo. Y, en el fondo, muchos queremos irnos a la mierda, escapar por una ruta, romper con lo que nos incomoda. Este disco representó todo ese quilombito mío de querer huir sin saber a dónde.

–¿La Renga fue una escuela de vida?

–Sí, es mi escuela y mi familia; de sangre, por los lazos; y de corazón, por cómo lo vivimos. Ellos hacen todo con un amor, una dedicación… Posta que trabajan contentos, y eso que es una banda que se sostiene prácticamente sola hace muchísimos años.

En los recitales, yo lo veo a mi viejo que a las cinco de la tarde, cuando abren las puertas de los estadios, es el que va a recibir a los primeros que ingresan, les regala púas, se saca fotos con todos y el vínculo que tienen con la gente es inexplicable. Siempre que alguien les manda una bandera por cierta causa, la leen, se involucran, están. El rock es esencialmente contestatario, de defender ideales, y todo eso a mí me inspira.

–Y te invita también a salir a la ruta a girar con tu banda…

–¡Ni hablar! Conocí el país acompañando a La Renga y muchos fanáticos también y eso es hermoso. Ahora es mi turno, que es un poco lo que vamos a empezar a hacer, dentro de poco viajo a Santa Fe, después a Uruguay, y hay varias fechas en Buenos Aires. Me encanta que me inviten a festivales, conocer gente, acompañar a otros músicos que conocía de escucharlos, que están en mis playlist del día a día y que sé de memoria sus letras y ahora quieren que suba al escenario con ellos.

–Ni hace falta que te peguen la hoja con la letra en el suelo del escenario.

–¡Claro! Les digo “Tranqui, te juro que me la sé” (se ríe).

Fotos: Lucas Flaque

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